edición: 2346 , Viernes, 17 noviembre 2017
13/06/2017
banca 
El banco asturiano, protegido por la CNMV

Liberbank, experiencia piloto para distribuir los costes también entre los depositantes

Un Gobierno -escarmentado- entiende ahora que la responsabilidad en una liquidación podría ser compartida por el sector privado, esto es, por depositantes y comprador
Juan José González
La resolución de la crisis del Popular, inicialmente aceptada como mal menor, como aplicación de la normativa de la Unión y, probablemente, como `favor de intercambio político´ cuyo pago se espera (y se verá) en los próximos meses, ha levantado una espesa polvareda de opiniones divididas que garantizan un escenario polémico duradero. Opiniones encontradas cuyo origen parte de la misma mesa del Consejo de Ministros, si bien, se impone la sensación de que la decisión del mecanismo de resolución bancaria europea ha resultado radical, escasamente reflexivo. Sensaciones que alimentan la idea de falta de reacción de un Ejecutivo español paralizado por la sorpresa y contundencia de la decisión de Bruselas. Ahora el Gobierno español entiende que la solución aplicada en el caso Popular, si bien evita costes al Estado y al sistema financiero, no evita los daños colaterales tan venenosos a la postre (caso Bankia) para los accionistas y los bonistas. El Gobierno parece sugerir que los daños no sean asumidos únicamente por los accionistas "de riesgo", sino también y en parte por el sector privado, tanto compradores (Santander en el caso del Popular) como depositantes. Y Liberbank podría ser la experiencia piloto.
Es lo que parece desprenderse de la caída y venta, ambas fulminantes, del Popular, esto es, un evento con solución radical que apenas dos días después muestra evidentes signos de una resaca conflictiva y tóxica. Y en tiempo de resaca se estima que el camino de los perjudicados, accionistas y bonistas (todos ellos en su condición de inversores a riesgo) se enfrentan ahora a un largo camino de litigios y reclamaciones. Aunque es bien sabido que se abre una fase de valoración de los daños y perjuicios a los afectados por la resolución del banco afectado, también es tiempo aprovechado por las autoridades económicas españolas para poner en tela de juicio algunos detalles que no comparten con las autoridades de Bruselas.

Y en este sentido la reacción inmediata del Ejecutivo español para señalar, en tono de advertencia, que no todas las intervenciones de la autoridad bancaria deben hacerse de la forma y en el mismo sentido, muestra la preocupación oficial por el estado de salud de otras entidades del sistema bancario español. En este sentido debe interpretarse el desasosiego de los inversores y depositantes de Liberbank así como la intranquilidad por la deriva de esta entidad a la que el mercado ha castigado en las últimas sesiones bursátiles con pérdidas de valor cuando menos angustiosas.

Llama la atención, sin embargo, que las autoridades locales se hayan `remangado´ en esta ocasión para acudir en apoyo de Liberbank en un razonable afán de evitar lo inevitable, esto es, el contagio de la desconfianza, la fuga de depositantes que, como se pudo comprobar en el caso del Popular, acaba socavando primero la liquidez y el efectivo para pasar acto seguido a la irremediable situación de insolvencia, principio del fin de una entidad financiera. Y en prudente auxilio asiste el Gobierno movilizando a la CNMV, organismo que ayer decidía la suspensión temporal -por un mes- de las posiciones bajistas (cortas) como salvavidas para evitar la sangría de la cotización de Liberbank.

Una terapia de suspensión a la que siempre se ha resistido el supervisor pero que viene a expresar la idea de medida de último recurso, casi como una cuestión de orden público en la que todas las instituciones, en esta caso, la CNMV y el ministerio de Economía, están obligadas a actuar, dado el riesgo de retirada de fondos y huida de la clientela privada y pública; en otras palabras, en caso de necesidad. Así es la situación en la que se encontraba hasta la sesión de ayer una entidad como Liberbank que hasta la semana pasada acumulaba una pérdida de valor del 40% en su capitalización.

Pero no se trata de una medida aislada la que ahora aplica el supervisor de los mercados, sino que la entidad financiera está sometida a partir de la misma fecha a un seguimiento y control de la liquidez, devoluciones, circulante, caja, ingresos, liquidación de préstamos y fechas de devengo de intereses y cupones de deuda todos ellos en régimen de vigilancia intensiva. Una situación que bien podría asimilarse a la que se produce en una entidad "bajo control, previo a una posible intervención".

En cualquier caso, no cabe duda que la medida aplicada por la CNMV es un reconocimiento explícito del preocupante estado que registran las cuentas de Liberbank (ver trimestrales) un deterioro provocado en primera instancia por decisiones del actual consejo de administración de la entidad, aunque sin duda, agravado por la caída (contagio) del Popular. Recordar que en este suceso han destacado, tanto el Banco de España por su ausencia, como la CNMV con su "laissez faire, laissez passer", licencia de la que no se espera réplica en una próxima crisis bancaria. Aunque Liberbank, con la cotización ya bajo protección cautelar, puede ser el conejillo de indias en un `experimento´ para ampliar la contribución de los privados -acreedores y depositantes- al mantenimiento de la estabilidad del banco.

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