edición: 2514 , Viernes, 20 julio 2018
05/11/2009
Nouriel Roubini y Mervyn King ven nuevas burbujas

Limitar el número de clientes en bancos para evitar catástrofes

Los problemas financieros no se resolverán sólo con nuevas normas
Ambos economistas coinciden en una misma solución y que consiste en evitar la dependencia de grupos numerosos de clientes bancarios de un número bajo de entidades
Juan José González

De nuevo de moda –si es que ha dejado de serlo- los pronósticos acerca de una nueva burbuja. En esta ocasión no es de materias primas ni de deuda pública, sino de activos, de todo tipo y con un común denominador, el riesgo. El vaticinio de Nouriel Roubini, economista que compensa su en ocasiones exceso de visión futura con un elevado porcentaje de acierto. No es el único personaje que ha utilizado el término –burbuja- en los últimos días para describir situaciones embarazosas que parecen estar a la vuelta de la esquina, al acecho. Otro economista y ex profesor de Harvard y el MIT ha dicho, escrito y descrito que los servicios especulativos desarrollados por los bancos en los últimos meses, es decir, tras la caída de Lehman Brothers, puede desembocar en otro gran fiasco si los Gobiernos no dejan de apoyar de forma indiscriminada a todas las entidades financieras. El economista en cuestión es Mervyn King que entra diariamente a las 8:30 de la mañana en su despacho de Gobernador del Banco de Inglaterra.

Así que, atendiendo al rol de ambos personajes habría que sospechar que alguno de los dos, o ambos, pueden tener razón. Según este último, las últimas medidas aprobadas con el consenso de jefes de Estado y de Gobierno de las veinte primeras potencias, el G-20, no van a servir para resolver los problemas actuales de la crisis. Dice King que es porque se basan, en su mayoría, en supuestos que ya han demostrado estar equivocados y que por tanto resulta ilusorio pensar en que por el simple hecho de fabricarles una nueva regulación se va a conseguir que no se vuelvan a repetir en el futuro nuevas crisis bancarias. El Gobernador King ayuda, precisamente, a que cunda el optimismo y se siente más próximo a las hipótesis que pronostican una nueva crisis, como esta última y peores, en los próximos años.

El Gobernador del Banco de Inglaterra viene desarrollando en los últimos meses un periplo por varias ciudades en distintos países de Europa continental, y el tema preferido y del cual se sirve para explicar la crisis es la caída de Lehman Brothers. De esta entidad, King asegura que la opción más perjudicial para la entidad, para los ciudadanos y para el sistema fue, precisamente, abandonarla a su suerte, dejarla caer, quebrar, y que lo más razonable hubiera sido trocearla y salvar lo salvable. La solución de King no es idea suya –afirma él mismo- sino que ya salió en algún debate hace bastantes años, y que consistía básicamente, en que ninguna entidad podría dedicarse a los dos tipos de banca al mismo tiempo; un banco captando depósitos y al mismo tiempo construyendo –y comercializando- productos altamente especulativos, de alto riesgo, es una bomba en potencia. De hecho la legislación prohibía la simultaneidad de ambos tipos de actividad bancaria hasta hace unos ocho o nueve años.

Roubini piensa en la misma dirección que King –en este asunto, pues ambos distan ideológicamente un buen trecho- y demuestra que a lo largo de la historia las entidades financieras y las más grandes compañías, se han demostrado letales en la explosión de las crisis económicas. Piensa Roubini que siempre se romperán menos platos si las vajillas tienen menos piezas, o sea que, bancos de menor tamaño siempre causarán menores daños al público, sencillamente por su tamaño. Sin embargo, y estos últimos días ha sido recordado por más un alto ejecutivo bancario, no se borra de la memoria la crisis del pequeño Northern Rock, esa entidad cuyo tamaño, similar al de una de nuestras cajas medianas, fue capaz de poner en jaque a todo el sistema financiero de Oriente y de Occidente.

Y los dos economistas coinciden en una misma solución –o al menos muy parecida- y que consiste en evitar la dependencia de grupos numerosos de ciudadanos o clientes bancarios de un número bajo de entidades. Es decir, volver a tamaños de entidades financieras menores, y por otra parte, aquellas que orienten su actividad hacia productos de alto riesgo no puedan contar con un elevado número de clientes.

En ese camino de evaluación de la capacidad de riesgos potenciales, el Gobernador del Banco de España vino a aportar ayer tarde su particular grano de arena al referirse a los peligros para la banca española por la elevada exposición del sector inmobiliario, asegurando Ordóñez que el sistema financiero español puede hacer frente a una pérdida de la cartera inmobiliaria del 40% dedicando los márgenes de explotación de 2009, 2010 y 2011. Es decir, no se prevé por esta vía burbuja alguna en nuestro entorno más próximo, algo que en sí mismo puede ser considerado como un brote verde.

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