edición: 2365 , Viernes, 15 diciembre 2017
26/01/2010
El cambio de normas bancarias en EE UU salpicará a Europa

Limitar el tamaño a golpe de impuestos o ‘cortar’ el balance

Juan José González

Puede que la propuesta de la Casa Blanca para poner límites a las actividades de las entidades financieras no sea el centro de debate que afecte al sector financiero español, aunque no hay que perder de vista que las dos primeras marcas bancarias españolas están fuertemente internacionalizadas –Santander y BBVA-. Incluso es posible que una de esas prohibiciones que acaba de lanzar el presidente Obama al sector financiero –se entiende que norteamericano- tampoco sea trasladable a la naturaleza y organización de la banca española. Sin embargo, no hay ninguna entidad financiera, y especialmente las que tienen presencia en el mercado norteamericano, que no esté segura de que la nueva regulación, principios y criterios por los que se van a guiar las normas bancarias a partir del próximo año, son los marcados por el presidente norteamericano.

A modo de encíclica urbi et orbi, la propuesta del mandatario pretende limitar las actividades por cuenta propia de los bancos, es decir, y según palabras textuales “los bancos no podrán ser propietarios, inversores o patrocinadores de un hedge fund, ni private equity ni especular con títulos para su propio beneficio. La afirmación –prohibición- resulta ser, en una primera lectura, extremadamente dura, aunque es comprensible si se tiene en cuenta que el fin, evitar situaciones dramáticas de quiebra bancaria y por tanto de poner en peligro el ‘sistema’, justifica los medios.

El contribuyente en general sigue atento a la evolución de los mercados, y aunque no crean muchos en la selección natural de las empresas y bancos, sí pueden comprobar que en los últimos tiempos el mercado ha sido implacable con las empresas, sector donde se han producido cierres y quiebras en cantidad y a diario. Las nuevas medidas destinadas a ‘reconducir’ o ‘reformar’ el sistema financiero internacional, son como un viaje con varias paradas, una de ellas fija; el tamaño de las entidades financieras como prevención contra posibles recaídas institucionales debe ser limitado de inmediato y de la forma que sea. La amenaza pende ahora, como una espada, sobre las cabezas de varias entidades financieras mundiales que operan en especialmente en el Mercado norteamericano. Bancos cuyo tamaño de activos pueden llegar a provocar, caso de entrar en pérdidas, una amenaza ‘sistémica’.

Nadie, ni contribuyentes ni gobernates, quieren revivir la tragedia del Lehman Brothers, es lógico, el problema entonces fue la desaparición de una entidad financiera, pero ahora sería algo más; si entonces no se produjo una caida en cadena del resto de entidades financieras, es asunto al que muchos califican de milagroso, pero ahora sería imposible evitar esa caída en una veintena de grandes bancos, suficiente para superar con creces el 29 y el 07 juntos. Y este es el miedo que atemoriza a diario a autoridades y banqueros. No se incluye aquí el grupo de los ahorradores particulares, menos formados e informados y que serían las víctimas –como siempre- de una nueva catástrofe.

Por todo ello, es por lo que los Gobiernos estudian estos días el fondo de las medidas del presidente Obama, y la forma, porque es seguro que, en todo caso, los legisladores de Europa, se verán obligados a aplicar los mismos criterios que los norteamericanos. Las dos ideas que marcan la actividad del Ejecutivo norteamericano en este asunto, son, por un lado la separación de las actividades de hedge funds de aquellas más tradicionales de especulación, una separación que a juicio de numerosos especialistas ha sido, es y sera imposible de llevar a la práctica, aunque hoy por hoy figuren en un papel –que, como siempre, todo lo aguanta-.

La segunda idea es más accessible desde el punto de vista jurídico, pero al igual que la anterior, difícil de asumir por las entidades financieras; la limitación del tamaño de las entidades financieras. La crisis viene acuñando una serie de nuevos asertos que con el transcurso de los meses se consolidan con la misma fuerza que la jurisprudencia. Uno de ellos es precisamente el relative al atamaño; después de Lehman, los bancos deben tener un tamaño por activos que les permita quebrar, de lo contrario, el sistema vuelte a tener un peligro de explosión latente que la nueva normativa de la Casa Blanca intenta imponer. Para limitar el tamaño se barajan multiples ideas y formulas, muchas de ellas de imposible realización, que llevarían a numerosos conglomerados financieros a cambiar las finanzas por la navegación u otra actividad lúdica.

Y a grandes problemas grandes soluciones. Paul Volcker, presidente del Consejo Asesor para la Recuperación Económica puesto en marcha por Obama para sacar a EE UU del atolladero económico y personaje ascendente en los últimos días, parece ser partidario de limitar el tamaño de los bancos de golpe, mediante la aplicación de un impuesto progresivo, que grave de forma ascendente el tamaño de los activos; cuantos más activos, más impuestos, una especie de pulso hasta que uno de los dos pierda. Otra forma de afrontar el problema del tamaño de la banca es cortar por lo sano, lo que equivale a poner un límite en el balance. De lo que se trata, definitivamente, es que si un banco va mal o muy mal, quiebre un sábado y desaparezca el domingo, para que el lunes ya no exista el problema, y tan solo sean los contribuyentes, cuentacorrentistas o ahorradores quienes hayan perdido el dinero y punto. Así se quiere que sean las nuevas crisis financieras y no como la de Lehman. Se quieren evitar grandes problemas.

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