edición: 3095 , Miércoles, 25 noviembre 2020
15/12/2011
Compraron la acción en 2008 a 4,77 euros y ahora vale cero

Los 53.800 ‘cuotapartícipes’ de CAM demandan compensaciones del FGD

El Fondo de Garantía de Depósitos amplió capital en 2.800 millones de euros
Juan José González

Triste, dramático y desgraciado epílogo el que están escribiendo las cajas de ahorros en la fase de liquidación final. La última –mejor, la penúltima- se encuentra estos días en transición hacia el cementerio, donde se procederá al desguace completo y a fondo de una entidad con historia, con tan buena historia como mal final. La Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM), entidad alicantina a la que los nuevos tiempos convirtió en Banco CAM, ha pasado a pertenecer con valor cero, aunque legalmente el registro mercantil recoja como pago real 1 euro, al Banco Sabadell. Dejando al margen precios, motivos, cantidades y demás cifras de identidad de la caja alicantina, del peso y tamaño del nuevo grupo, el absorbente y el perímetro de la operación –rumores de interesados con BBVA y Santander sobrevolando la pieza a modo de rapiña- hasta llegar a la pantomima o puja final, el aspecto que demanda mayor atención, una vez concluida la puja es, sin duda, los accionistas, los titulares de las cuotas participativas, los ahorradores particulares, en su mayoría del ámbito local más cercano a la sede de la entidad.

Suele ocurrir que la cuerda, como cualquier objeto, acaba por romperse por el punto más débil, la parte más frágil, la zona más indefensa. En la actividad mercantil son características que reúne el pequeño accionista, el pequeño ahorrador individual, numerosos pensionistas, titulares de cuentas y libretas de ahorros a los que un buen día, y para cumplir objetivos, el director de la oficina les ‘colocó’ unos cientos de cuotas, de acciones de “la caja de toda la vida”.

La cuerda se rompió hace tiempo, pero se acaba de confirmar ahora, con motivo de su venta al Sabadell. El supervisor del mercado, la Comisión Nacional del Mercado de Valores, en tanto que cotizada, mantuvo un low profile, un mutismo absoluto, evitó respuestas de accionistas minoritarios, de ahorradores particulares que no encontraban explicaciones en sus oficinas, porque “es un asunto que se lleva en Madrid”.

El otro supervisor, el de mayor peso, el Banco de España, en tanto entidad bancaria, se mantuvo al margen, tan sólo le interesaban las grandes cifras y los gestores, no la ‘masa social’, los accionistas propietarios de las cuotas participativas. Los ahorradores acaban de conocer el resultado de su inversión: en palabras del supervisor del mercado, “los titulares de cuotas participativas de la entidad, tienen muchas probabilidades de perder todo su dinero, debido a que la participación de la caja alicantina en Banco CAM se ha valorado a cero.

El supervisor –los dos supervisores- parecen quedar tan cubiertos como la entidad emisora del folleto depositado en la CNMV, folleto que claramente hacía referencia a una contingencia a la que nunca se presta la menor atención: Según el folleto de emisión, “se prevé que como consecuencia de la compensación de pérdidas, los ‘cuotapartícipes’ pueden llegar a perder todos sus recursos". Y en esta ocasión se ha cumplido.

Los últimos datos conocidos en relación con los inversores de la CAM, cifran en 53.792 los tenedores de cuotas participativas de la alicantina, la mayoría de ellos propietarios de títulos de la caja –banco- desde el primer momento en que se estrenaron en el Mercado Continuo, allá por el mes de julio de 2008, en una puesta de largo bursátil que nunca olvidarán: aquel día de verano compraron a 4,772 euros cada cuota o acción. Ahora, con el invierno a la vuelta de la esquina, la CNMV acaba de suspender su cotización en un precio de 1,34 euros por título, llegan a alcanzar en su efímera trayectoria bursátil los 0,88 euros de mínimo y los 7 euros de máximo anual.

El fiasco de la caja pionera en salir al mercado acaba de confirmarse asestando en los ahorros de los pequeños inversores el mayor de los castigos: destruir el dinero que le habían confiado, los recursos que la CAM les había solicitado para financiarse, para obtener beneficios, para el dividendo y para la Obra Social.

La práctica mercantil es, al final, la encargada de dictar sentencia y esta dice: “Se procederá a una reducción de capital de Banco CAM a cero, para ajustar el valor de la participación accionarial de CAM al valor real de las acciones de Banco CAM, y, simultáneamente, proceder a una ampliación de capital por valor de 2.800 millones de euros que han sido suscritos en su integridad por el Fondo de Garantía de Depósitos.

¿No será posible encontrar una base, también mercantil, para que de dicha ampliación el FGD pueda reparar, al menos, una parte del fiasco que representan los pequeños inversores?

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