edición: 2346 , Viernes, 17 noviembre 2017
17/12/2010

Los antagonismos en la UE se desnudan

Carlos Schwartz
La fisura entre las naciones europeas en torno a los mecanismos para hacer frente a la crisis de la deuda pública quedó anoche claramente definida. El corte dibuja una frontera de intereses económicos con matiz de bloque que lleva implícita la tendencia a la disolución de los vínculos para crear dos agrupamientos diferenciados. Una reunión de jefes de Estado y de Gobierno de la UE aprobó las modificaciones de los tratados que gobiernan la relaciones entre los países miembros para posibilitar la constitución de un Mecanismo Europeo de Estabilización (MEE) que esté en funcionamiento en 2013. El cónclave de dos días iniciado ayer ha dado satisfacción al Gobierno de Alemania que buscaba eliminar el conflicto potencial con el tribunal constitucional de su país por la ausencia en los tratados europeos de amparo jurídico para la asistencia a los países en dificultad.

Hasta ahora esa posibilidad estaba excluida, pese a lo cual la UE debió intervenir para rescatar a Grecia primero y a Irlanda después. El acuerdo de anoche ha puesto en camino los pactos entre Alemania y Francia que desembocaron en un acuerdo preliminar el 28 de octubre. El principio de que los acreedores absorban parte de las pérdidas que puede generar un rescate, enunciado entonces, sigue en pie como eje del MEE. Pero lo que entonces no era visible, esto es la existencia de un bloque homogéneo de naciones de Europa del norte opuestas al incremento de recursos para el fondo de estabilidad financiera, a la emisión de un bono común europeo para recabar fondos o a la intervención masiva del Banco Central Europeo para defender a la deuda soberanas en apuros, quedó en evidencia ayer.

La constitución del mecanismo de estabilización debe ser refrendada a lo largo de 2012 por los estados miembros. Entretanto, Alemania, Finlandia, Holanda y Suecia han rechazado la posibilidad de incrementar los recursos del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera de 440.000 millones de euros que se creó para zanjar la crisis griega y han puesto el énfasis en la necesidad de establecer un sistema de penalización para el incumplimiento de los objetivos presupuestarios de los países miembros. Esto ha dejado alineados de un lado a las naciones con excedentes de balanzas comerciales y de pagos y del otro a los países importadores de capitales y deficitarios, entre ellos Grecia, España, Portugal, Irlanda, Bélgica, Italia como el pelotón más significativo.

Francia por su parte ha quedado como un aliado de circunstancia de Alemania. En cierta medida el brillo que Sarkozy pretendió para su país como fuerza estratégica junto a Alemania en la instrumentación de los cambios al principio de no asistencia a los países en apuros le ha dejado ahora en la tesitura de aparecer como paladín de los intereses de países que le son ajenos cultural y políticamente y firmes competidores económicos en la arena internacional. Es poco claro que el precio que paga Francia con esta dislocación respecto de su entorno más inmediato le brinde prestaciones útiles en política interna o externa. Entretanto su adosamiento a los intereses alemanes enmascaró la naturaleza de la entente del norte.

Alemania se sigue oponiendo a la emisión de un bono común europeo propuesto recientemente por Italia y Luxemburgo que dio pie a un intercambio de acusaciones entre el primer ministro de Luxemburgo Jean-Claude Juncker y la canciller de Alemania, Angela Merkel. Pero el pelotón de naciones del norte es quien se ha mostrado ahora como relevo de la oposición con el argumento de que un instrumento financiero común para la recaudación de recursos daría amparo a la falta de disciplina presupuestaria de las naciones deficitarias. Entretanto Merkel y Juncker enterraron el hacha de la guerra en público.

En este contexto, ayer el Banco Central Europeo (BCE), haciendo uso de las disposiciones reglamentarias del 8 de mayo del año 2000, incrementó su capital en 5.000 millones de euros hasta el máximo autorizado de 10.750 millones en lo que se ha interpretado como una presión sobre el cónclave de la UE, y al mismo tiempo como una señal de su voluntad de intervenir en los mercados en defensa de la deuda soberana de los países atacados por la especulación “hasta el límite de sus recursos disponibles”. De hecho Jean-Claude Trichet el presidente del BCE ponía en acto su voluntad de intervenir al mismo tiempo que dejaba claros los límites técnicos que tiene su disposición política.

De nada han servido las recomendaciones del director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) el francés Dominique Strauss-Kahn que se ha manifestado ayer “preocupado” y ha insistido en que Europa debe encontrar una solución “de conjunto” para el problema y abandonar esta aproximación parcial. Al menos hasta ahora la posición alemana se ha mostrado irreductible y ha contado hasta ahora con la bisagra francesa que ha servido para ocultar a la entente del norte y su papel de retaguardia de los intereses alemanes.

Esta situación preanuncia que las tensiones sobre el euro o los ataques a la deuda española no se van a evaporar. Ayer el Tesoro de España colocó 2.400 millones de euros en bonos a 10 y 15 años, cantidad por debajo de lo previsto, y debió aceptar rentabilidades crecientes. El día anterior Moody's había anunciado que ponía en observación la deuda pública española con la posibilidad de que en el plazo de tres meses pasara de Aa1 a Aa. El anuncio llevó a una reacción poco habitual: el Tesoro polemizó con la agencia de calificación en un comunicado en inglés sobre los criterios que han determinado la puesta en observación. Ambas piezas, la de Moody's de un lado, y la del Tesoro por el otro, merecerían un análisis aparte. Lo que es claro es que las necesidades de financiación de la banca española en 2011 y las del Tesoro en ese mismo año, en el contexto actual, anuncian tensiones que se reflejarán en el euro.

Mientras, la delimitación de las placas tectónicas en el seno de la Unión Europea ha dejado al descubierto la falla por la que se puede romper la plataforma y al mismo tiempo ha hecho una denuncia por omisión del papel de pantalla que ha jugado Francia en este capítulo y que le puede costar al gobierno de Sarkozy un aislamiento inoportuno.

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