Los arcanos de la banca alemana
edición: 2535 , Lunes, 20 agosto 2018
28/07/2010

Los arcanos de la banca alemana

Carlos Schwartz
Horror. Un díscolo no ha querido firmar el acuerdo de 27 bancos centrales miembros del Comité de Basilea de Regulación Bancaria. Es decir, hubo un país que dijo que no acepta los términos del acuerdo que es el fundamento del denominado Basilea III. Y todo parece indicar que ese díscolo es Alemania. Dos en un burro... ¿O es que no lo vemos? La semana pasada la banca alemana se descolgó del ejercicio de transparencia de las pruebas de esfuerzo de la banca europea negando la información sobre las carteras de deuda pública de sus bancos. El lunes, tras perder sus acciones un 3,5% en la bolsa, Deustche Bank anunció que daría ayer rendida cuenta de su cartera de deuda pública para atajar el castigo. Una conclusión rápida. El problema central no es la banca de la periferia, como la española.

El problema central es la banca alemana, el sistema financiero de un país que se supone que es el eje de la recuperación económica de Europa.

Otra falacia. El crecimiento del producto interior bruto de Alemania este año, estimado en un 2% por la Confederación de la Industria de Alemania no va a traccionar de la economía del resto de Europa. La industria germana -Siemens anunciará este jueves resultados “maravillosos” para el segundo trimestre- ha logrado un flujo sostenido de ventas en los países emergentes a expensas de la inversión en bienes de capital y de consumo de alta gama en un sector del mundo que no es el nuestro. En España, el consumo de bienes duraderos tales como electrodomésticos ha caído un 40% como consecuencia del estallido de la burbuja inmobiliaria. No hace falta equipar más pisos. El impulso a la venta de coches está ya agotado. Y esta vez Alemania no parece dispuesta a volcar sus excedentes en financiar a los vecinos. Entre otras cosas habría que ver si con los saneamientos que deberá hacer podría mantener el ritmo del pasado.

Muy por el contrario, es el resto de Europa el lastre de Alemania, en particular de su sistema financiero. Sus excedentes financieros, los de Alemania, fueron invertidos entre otras cosas en financiar la burbuja inmobiliaria española mediante la compra de títulos y cédulas hipotecarias, por ejemplo de las cajas de ahorro hoy tan famosas en el mundo entero. Por cierto, estos días tenían un road-show en Londres para anunciar cuan buena era la nueva ley de órganos rectores y la brillante oportunidad de poner dinero en la hucha hispana. También financiaron la economía de Grecia aunque ahora pongan el grito en el cielo por la falta de disciplina helena. Cosas de la vida.

Pero bueno es recordar que la gran banca comercial germana es propiedad de las grandes aseguradoras y de algunos de los grandes complejos industriales, y no a la inversa. Y que la banca estatal y cooperativa, 75% del sistema, no tiene por objetivo central maximizar el beneficio sino asistir a la producción de bienes y servicios. Con lo cual, también debemos pensar que dentro de Alemania la debilidad de unos es en parte la bonanza de otros. Y que al final del camino la comparación del balance de los grandes bancos germanos con el producto interior bruto del país no sale tan mal parado como el balance de los grandes bancos sistémicos de otros países con el producto interior bruto de los mismos.

Digamos, por ejemplo, el balance de Banco Santander con el PIB español. Si el balance del Santander llegara a temblar, seguramente se desplazaría hasta el eje de la tierra. No en vano los sabios que diseñaron la reforma financiera estadounidense pergeñaron la idea del “testamento vital” de la banca. Es decir, un desguace oportuno que actuaría de cortafuegos en caso de crisis en alguno de los sectores de los grandes conglomerados. El troceo en unidades más manejables con un plan de liquidación de las mismas con el menor sufrimiento posible. Una hipótesis de momento no comprobable porque habría que ver cómo se hace eso en medio de un pánico financiero. La idea puede que sea adoptada por Basilea III.

Ciertamente, las bases sentadas para el nuevo Basilea reducen los activos que pueden ser computados como nivel uno del capital de los bancos (el denominado tier 1), que es el colchón de capital en que se deben contabilizar las pérdidas. En el otoño, el Comité deberá fijar la ratio de este capital “nivel uno” respecto de los activos ponderados por el riesgo. Al reducir lo que se puede computar como capital básico (tier 1) si la ratio es alta la cantidad de activos ponderados por el riesgo que se podrán encajar bajará. Cuán drástico será el ejercicio está por verse.

Otra de las relaciones que se ha debatido queda de momento postergada. Pena. Era interesante. Se trata de lograr una simetría en los balances. Dado que cada vez más se cuadran activos de largo plazo con depósitos a corto o con dinero tomado a plazos decrecientes, los bancos centrales han pensado en limitar el proceso aplicando una relación que haga de valla.

Finalmente, la idea de que se debe aplicar una ratio del 3% de los activos sin ponderar sobre el tier 1 o capital básico contra el que se anotan las pérdidas para evitar el traslado fuera de balance de activos de riesgo, ha sido postergado hasta 2017. La idea era evitar el traslado a entidades o vehículos específicos operaciones apalancadas y de alto riesgo para disimular la dimensión real de los balances bancarios. Vaya, una forma de evitar que los bancos presten hasta 60 veces su capital, como se ha dado el caso, sin que las autoridades monetarias se enteren. ¿O era que miraban hacia otro lado?

Mientras este es el cabildeo en torno a las entidades financieras a escala internacional, en los Estados Unidos el comité que investiga la crisis financiera detonada en 2008, la US Financial Crisis Inquiry Comission, ha amenazado al otrora banco de negocios Goldman Sachs con llevar auditores contables externos para exhumar el negocio de derivados desarrollado por la entidad durante el siglo XXI. El banco ha afirmado ante la comisión que no tiene forma de desglosar su beneficio para atribuir al negocio de derivados la parte que le toca en los ingresos de la entidad. Ingresos, o desde luego pérdidas. En definitiva el peso que ese negocio ha tenido en el los resultados del banco. Lo cual podría dar una idea en general de la dimensión del negocio de derivados en la banca contemporánea.

El telón de fondo de estos tiras y aflojas sigue siendo la situación real de la economía. Ben Bernanke, que es precisamente el jefe de los reguladores bancarios estadounidenses, padece sus cautelas y viene a decir de manera indirecta que no se fía un pelo de la recuperación. Dios dirá.

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