edición: 2763 , Jueves, 18 julio 2019
30/09/2011

Los bancos acreedores de Grecia se oponen a una quita superior a la ofrecida en julio

Carlos Schwartz
Dos temas centrales han diluido ayer la eficacia del voto mayoritario en el parlamento alemán a favor del paquete de 440.000 millones de euros del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEE): de un lado la enconada resistencia de los bancos acreedores de Grecia a sufrir un recorte mayor del 21% propuesto en sus posiciones acreedoras en bonos de deuda soberana en julio pasado, y la lucha en las sombras sobre los mecanismos de apalancamiento del FEEF para llevar el volumen de ayuda efectiva a una cifra de entre 2 y 4 billones de euros.

Este último escenario, alentado por el secretario del Tesoro estadounidense, Tim Geithner, es abiertamente resistido por el norte de Europa. Es decir por las naciones con excedente de balanza de pagos. Las dos operaciones se ciernen como las mandíbulas de un alicate sobre Grecia. Existe una fuerte corriente de opinión dentro de los partidos más conservadores del norte europeo que presionan para una reestructuración de la deuda de Grecia con una quita del 50%. Las secuelas de ese plan, un golpe feroz para los balances bancarios de entidades expuestas sobre todo en Francia y Alemania, se resolvería por la vía de una recapitalización asistida por el FEEF. El apalancamiento del Fondo Europeo quedaría en manos del Banco Central Europeo con garantía de su propia cartera de deuda pública. En las últimas dos semanas el plan de reestructuración de la deuda de Grecia en manos de acreedores privados presentado por el lobby de la gran banca internacional Institute for International Finance (IIF) ha sido objeto de arduas negociaciones en París y Frankfurt donde los jefes de fila de esta negociación tienen sus sedes. El mensaje enviado de forma reiterada por algunos interlocutores políticos es que con una cotización de 40 céntimos por euro de nominal la quita ofrecida por el IIF “es ridícula”. El mensaje es que políticamente no es digerible aceptar una quita del 21% cuando el mercado ha hecho una quita del 60%.

La banca desde luego se ha cerrado en banda contra esta presión y afirma que no aceptará ir más allá de las cifras propuestas en su plan voluntario fechado el 21 de julio y anunciado como una gran conquista del Consejo Europeo de cara a la banca privada acreedora de Grecia. El presidente de Gobierno señaló en rueda de prensa ese mismo día que “lo más importante es que ese plan es voluntario”. Las circunstancias han querido que el retraso en encontrar una solución al callejón de salida estrecha de la crisis griega hayan hecho ridícula la oferta. Máxime cuando los activos que van a respaldar los nuevos vencimientos extendidos son bonos que se emitirán en Londres sobre la base de una legislación que no admite el impago, el default, y que de hecho en caso de impago supondría el derecho al congelamiento de activos de los países deudores por parte de los acreedores. El aval solicitado por la banca internacional acreedora de Grecia son bonos triple AAA emitidos en el Reino Unido con garantía del estado y cláusula de renuncia al impago.

Los avalistas de Grecia frente a la banca, la UE, son conscientes de que para la banca internacional el respaldo de activos de esta naturaleza mejora la calidad de riesgo de forma radical lo que debería verse compensado por un recorte significativo. Este pulso se ha convertido en las últimas semanas en uno más de los problemas que rodean a la negociación de una salida para la crisis griega que se desarrolla totalmente al margen de las idas y vueltas de los inspectores de la troika -UE,BCE,FMI- que una vez más van a aterrizar en Atenas estos días en medio de una ciudad sumida en el caos social. Una quita significativa deberá tener como contrapartida líneas específicas de refuerzo del capital para los bancos afectados en la zona del euro. Para los de fuera, que se arreglen con sus gobiernos. Está claro que Geithner ha tratado de evitar el palo a los suyos mediante el plan de apalancamiento al que han sido sensibles algunos gobiernos de la zona del euro. Pero, el plan tiene también sus problemas. Uno de ellos es que de los 440.000 millones que se deberían aprobar a lo largo de octubre para poner en marcha los planes de ayuda a Grecia al menos 200.000 millones están ya comprometidos para Irlanda, Portugal y Grecia. Lo que deja de munición para la artillería de la UE unos 240.000 millones lo que hace que las posibilidades de apalancamiento sean bastante menores que las sugeridas. Por otra parte, el BCE con un capital desembolsado de 5.190 millones de euros tiene una cartera de deuda pública en su activo del orden de los 140.000 millones de euros. Es decir ha apalancado su capital sólo para el programa de compra de deuda en el mercado 27 veces.

Si se hace esta cuenta extensiva al resto de la cartera del activo del BCE nos encontraríamos con la sorpresa de que el banco está tan apalancado como los bancos de negocios en el 2008, unas 60 veces su capital. Una crisis de deuda con una secuela de crisis bancaria no dejaría indemne al capital del banco emisor. En realidad arrasaría su capital y lo que encuentre a su paso. Esta es parte de la contienda entre Jean Claude Trichet y la Comisión Europea y el motivo fundamental por el cual el presidente del BCE -por poco tiempo ya- ha sido gran impulsor de un fondo que releve al BCE en la compra de deuda soberana en apuros y de la necesidad de que se trate de un fondo con fuerte capitalización. Pero el efecto inicial del FEEF, el impacto psicológico sobre la base de su cuantía, y la esperanza de que actuara como elemento disuasorio a la especulación y diera la imagen externa de colchón ante la crisis de deuda ya se ha disipado sin alcanzar su pretendido efecto.

Es cierto que el BCE es un banco emisor, y al fin de cuentas poner límites a su capacidad de acción midiéndola por sus recursos propios es relativo. Pero en el actual concierto europeo es dudoso que alguien de el paso de incrementar el balance emitiendo toda la moneda que haga falta. De hecho sería como devaluar el marco alemán. Habría que pasar por encima de todo le espectro político germano.

Pretender por otra parte que el BCE se apalanque con el respaldo de su cartera de deuda soberana compuesta por 140.000 millones en bonos de países con problemas, para recapitalizar a la banca de esos propios países es poco más o menos como si un banco vendiera credit default swaps para cubrir el riesgo de sus propios créditos. Esta cuenta de verdad que no cuadra en ningún sentido. Entretanto los analistas de los departamentos de mercados de capital de grandes bancos internacionales comienzan a considerar que el programa de ayudas a Grecia no es suficiente porque con lo recursos que se pretende reunir no se reducirá significativamente el coeficiente de deuda pública sobre Producto Interior Bruto que está en el 170% y creciendo a causa de la caída dramática de recaudación fiscal resultado de los planes de consolidación fiscal. Europa no logra romper en nudo gordiano. En periodos recesivos el crecimiento del balance de los bancos centrales y de la deuda soberana es simétrico al decrecimiento de los balances y la deuda del sector privado. Los procesos de consolidación fiscal ponen fin a esa simetría y anuncian una inminente cadena de quiebras en las economías nacionales. Será cuestión de esperar para ver cuál es el eslabón más débil de la cadena.

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