edición: 2578 , Viernes, 19 octubre 2018
18/11/2008
También “atacan” en Uruguay, Chile, México y Colombia
Sucursal de Banco Real

Los bancos brasileños plantan cara al Santander y le desplazan al cuarto puesto

Ana Zarzuela

Ahora disimula sus aspiraciones, pero lo de Botín no sólo era la caza mayor de beneficios: su deseo confeso de convertirse en el primer banco privado de Brasil ya no tiene quien lo sueñe. No es UBS el único que advierte de que el peso de Latinoamérica, la exposición a la crisis en México y Brasil y su empeño en bailar la samba por todo lo alto con el Banco Real le arrumban el cetro al Santander. Como mucho, cuando acabe el terremoto financiero, su corona será de mérito, la del cuarto banco brasileño. La fusión anticipada de Itaú y Unibanco le quita la posibilidad de liderazgo y aviva la concentración regional. Santander la encara en solitario y sin posibilidades para nuevas adquisiciones, ahora que el Banco do Brasil se resiste a perder los galones y que Bradesco ha abierto el baile.

Le duró sólo un fin de semana el reinado carioca. Emilio Botín hincha el recurso brasileño ahora que el baile se le complica en una región-refugio de la que depende ya un tercio de sus ingresos y en la que opera un volumen de negocio superior a los 300.000 millones de dólares. Para el Santander, a la vista de la exposición del mercado mexicano a la crisis estadounidense, de la tocata y fuga en Venezuela y de la desaceleración chilena, la suerte al sur del Río Grande se viste de futuro brasileño. Todo a una carta, la de Lula da Silva, de la que dependerá el 40% en los ingresos regionales del banco cántabro en 2009. Botín es de los que jura -parafraseando a Luzón- que quien no está en Brasil no está en América. Pero si los analistas le amargaron el anuncio de sus planes brasileños, la fusión de Itau y Unibanco, amén de engendrar el banco líder de todo el continente (activos resultantes por 261.400 millones de dólares y un 19% del volumen de crédito) anima el baile de la concentración financiera y amenaza con destronar las expectativas del Grupo Santander en Uruguay, Chile, México y Colombia.

Botín se ha regodeado, en vivo y en directo, de una samba en la que invertirá 1.200 millones de dólares en sus operaciones en dos años y abrirá 400 nuevas sucursales, pero que espera que le aporte 2.800 millones de dólares en  2009, y 3.600 millones en el 2010, hasta aumentar los ingresos y el volumen de negocio en un 15% con la integración del Real y Santander Bradespa. Los beneficios y las sinergias tienen aún oxígeno. La competencia, los planes de expansión y la hegemonía son otra cosa. Botín aspiraba por fin a rentabilizar la costosa compra de Banespa en 2000 y a hacer de la fusión con el Banco Real su bautismo como tercera entidad financiera en sucursales y créditos, segunda en depósitos y cuarta en ingresos de Brasil. Pero el nuevo Itaú y el tsunami en el tejido financiero de todo el cono sur dan al traste con el paseíllo del cántabro.

El Santander ya no es el único llamado a pescar en unas aguas brasileñas en plena efervescencia bancaria,  ni siquiera el buque más grande en un mar al que ha echado sus mejores naves. Además, la integración del Real es un ejercicio de microcirugía financiera que exige integrar 4.000 oficinas y miles de empleados.  En esta fusión Botín no cerrará oficinas. La carga de las oficinas quedará en sus manos. Y con ella la mayor exposición a los vaivenes del mercado local que otros competidores evitan ya.  Como advierten los analistas, la dimensión de los riesgos del nuevo coloso estará a la altura de sus expectativas. Un bocado que ha llevado ya a Fitch a colocar el rating a largo plazo del Santander en AA, bajo “vigilancia negativa”.

LA CARRERA DE LA CONCENTRACIÓN

Itau Unibanco Holding tendrá músculo, activos, la liquidez prestada por Lula da Silva y el beneplácito del Palacio de Planalto para que los bancos salgan de compras, aunque sea con ayudas públicas y los más 45.700 millones de dólares de los depósitos de reserva liberados para financiar compras de carteras de créditos. La veda se abre ante todos. Sobre todo en tierras cariocas. Itaú y Unibanco amasan su batalla, expanden sus predios por toda la región.

Santander Brasil, gracias a la emisión de acciones que efectuó este año para asumir el ABN Real en el país, consiguió escalar cuatro posiciones, desde la decimonovena a finales de 2007 hasta la decimoquinta hoy (18.119 millones de dólares) y logró superar al Banco de Brasil. Sus laureles son efímeros. Los bancos brasileños vienen perdiendo posiciones en la lista de las mayores instituciones financieras de toda América por volumen de mercado y ninguno de los grandes quiere ceder más sitio.  Menos aún ahora que Itaú y Unibanco  han dado por inaugurada la reordenación del sector y adelantan por la derecha tanto al Banco de Brasil como al Bradesco, que era el líder entre los privados. A Santander le quedarán piezas menores en el mercado brasileño, alrededor de 150 entidades pequeñas que buscan sitio en el nuevo puzzle financiero. Lo que no hay -a la vista de su ampliación de capital- es la oportunidad. Hasta en Boadilla lo reconocen: la ampliación de capital estaba pensada para reforzar el ratio de core capital desde el 6,3% hasta aproximadamente el 7% y no para hacer adquisiciones. Ni siquiera en el ‘bazar’ recién inaugurado de Brasil.

El banco privado más grande del territorio carioca, el BBD, promete comenzar en pocas semanas las compras de bancos menores. Su presidente, Márcio Cipriano, ondea en la mano sus resultados y más de 2.500 millones de dólares para comprar carteras de crédito de otras entidades financieras del país.  Con la digestión esta semana del Banco del Estado de Piauí (BEP), el estatal Banco do Brasil, el mayor banco de América Latina por activos, revalida sus aspiraciones de seguir creciendo a golpe de adquisiciones. No está por la labor de decirle adiós al podium de la banca carioca. Cocina ya en público la adquisicióin de instituciones como las públicas Nossa Caixa, que pertenece al Gobierno regional de Sao Paulo, el  Banco de Brasilia, y el privado Banco Votorantim, aunque tenga que pagar 3.000 millones de dólares, dos veces más del valor por activos de la entidad. Todo por un bocado que elevaría sus activos desde los  192.475 millones de dólares hasta los 219.354,5 millones de dólares. Un diámetro escaso para alcanzar a los 259.090,9 millones de dólares del fusionado Itaú Unibanco Holding, pero más que suficiente para doblarle el brazo a las pretensiones de Botín en el suelo carioca.

JAQUE EN EL AJEDREZ REGIONAL

Itaú Unibanco no está pensando en abrir oficinas en Brasil, todo lo contrario. No es sólo el escenario brasileño el que es capaz de aguarle. Itaú fusionada promete salir de compras en Mercosur, extender sus tentáculos en las tres economías más prometedoras y menos castigadas hasta ahora de la región: Colombia, Chile y Uruguay. Y dejar a Santander condenada a abrazarse a la mayor exposición carioca y azteca. Ya  tiene sucursales en Argentina (Itaú Buen Ayre), Chile y Uruguay -donde hace dos años compró los activos del BankBoston- y operaciones o representaciones en Europa, EE UU, el Caribe y varios países asiáticos. Será compra o alianza, pero la terna de los tres grandes de Brasil no oculta ya que su mirada está puesta en el Banco de Chile, controlado por el grupo Luksic, el segundo del país. Ahora que invierte 5.000 millones de euros para hacerse más fuerte en EE UU y el Reino Unido, Banco Santander digiere los nutrientes de ABN que otros vomitan. Su integración en Uruguay, recién comenzada, estaba llamada a bautizar la mayor entidad financiera privada, con el 20% del negocio bancario, sólo superada en activos por el Banco República. Itaú, Bradesco y Banco do Brasil prometen arañarle también ese reinado, del que procede un 4% de los beneficios del grupo español.

Itau pasea ya la sombra de sus dimensiones por el mercado azteca. Hace saber que desembarcará en un sector en el que la suma de los 10 grupos financieros más grandes de México no alcanza a pisarle los talones en activos al gigante brasileño.  Un mercado en el que las estrecheces llegan de la mano de la deseceleración, la subida de la inflación, el desempleo, las rebajas en el envío de remesas -un 13% en lo que va de año-, el riesgo crediticio, la morosidad -del 3,1% a finales del trimestre- y el descenso del consumo, que las predicciones del propio Bancomer han rebajado del 4,1% al 3,2%. Las utilidades netas de los bancos en el primer semestre sumaron 30,161 millones de pesos, un 5.6% menos que en 2007. Un laberinto en el que, por primera vez el Banco Central saca la bandera roja en las orilla de un sistema dominado por Citigroup, BBVA, Santander y el británico HSBC. Bancomer -hoy líder del mercado nacional, incluso por encima de Banamex -ha trepado al liderazgo aupado por el 33% de las tarjetas de crédito y una de cada tres hipotecas nuevas de bancos. Y pone ya a remojo las barbas de sus carteras cediticias y las tarjetas de sus clientes.

RIESGO BRASILEÑO

No es sólo es Emilio Botín -que mantiene buena relación con Lula da Silva desde antes de su llegada al Palacio de Planalto- sino Citic quien se las juraba felices para los resultados del Banco en tierras brasileñas: con Bradesco (fuerte en  los segmentos de altas rentas y banca corporativa) en una mano y Banco Real (centrado en retail y pymes) en la otra, el banco español aspiraba a ser el ‘mejor de la clase’ financiera más fuerte de la región, a pesar de que la volatilidad del Bovespa y los efectos de la inflación, el control de tipos de interés y la ralentización del crédito erosionan los planes bancarios en la región.

Hasta hace pocos días, tanto el presidente Luiz Inacio Lula da Silva como el ministro Mantega insistían en que Brasil no sería alcanzado por la crisis. Pero los bancos pequeños y medianos y los regionales acusan ya el golpe. La morosidad, la inflación, la ralentización del consumo, fuerte volatilidad financiera y desestabilización del sistema bancario de varios países, restricciones al crédito, reducción de flujos de capitales, ´correcciones bajistas´ en los precios de las materias primas y mayor aversión al riesgo con impactos sobre los mercados cambiarios demarcan los riesgos de un sistema financiero en el que algunos grandes- como Unibanco y Bradesco -el mayor banco privado de Brasil y Latinoamérica– ya han comenzado a dar síntomas de una debilidad que, según los analistas locales, es sistémica y contagiosa. Hasta ahora, en tierras cariocas, el músculo de Banco Santander es tal que le permitirá comprar créditos por valor de 1.000 millones de dólares a otros bancos con problemas de liquidez, aprovechando el paraguas del Banco Central. Pero la tendencia puede verse reducida. Ha comenzado, ya de hecho, a hacerlo en las cuentas de Emilio Botín. 

Aunque Alfredo Sáenz descarta que la coyuntura económica de Latinoamérica vaya a causar inestabilidad a las entidades bancarias presentes en la región, desde el 20 de mayo, cuando Bovespa alcanzó un pico histórico de 73.516 puntos, el Santander Brasil perdió  el 41% de su valor. Y mientras la red Santander en España tiene una tasa de morosidad del 1,92%, en Brasil está ya en el 3,21%. El que es hoy el tercer mayor grupo bancario de Brasil también aumentó su volumen de negocios, pero también su exposición a los vaivenes de las finanzas cariocas, con incremento del 31,6% en los depósitos y del 25,5% en la cartera de crédito. En toda la región, los analistas de UBS prevén un crecimiento más bajo del préstamo y un incremento del costo del crédito. Además, habrá que prestar especial atención a la moneda, cuya estabilización es necesaria para evaluar plenamente el impacto de este negocio en el grupo.

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