edición: 2974 , Martes, 26 mayo 2020
21/12/2011
Los viejos fantasmas de la banca privada planean de nuevo

Los bancos reclaman ahora que el Estado sólo ponga los medios para que estos solucionen sus propios problemas

La ``libertad´´ de Rajoy inquieta a no pocos banqueros
Alfonso Pajuelo

Hay prisa y no es para menos. Tanto por la incertidumbre que crean los problemas pendientes de solución como por la oportunidad que representa para un Gobierno tan fuerte como el de Rajoy hacer de bombero y pasar la factura que desee por ello, incluidos mecanismos de control que van más allá de la mera regulación. Se sabe que hay al menos tres entidades pendientes de “salvación”, pero con la valoración de activos a precio real y las correspondientes necesidades de capitalización para hacer frente a la minusvaloración, pueden aparecer más entidades inviables. A estas alturas sabemos que las distintas alternativas del ‘banco malo’ quizá no sean la mejor solución y quien más quien menos mira hacia FROB como primer estadio de intervención para, inmediatamente, vender la entidad afectada. A la banca no le gusta la solución del ‘banco malo’ por varias razones pero lo que más les inquieta no está en la lista de peligros conocidos y sí en los temores históricos de la banca privada: la intervención del Estado en el capital.

Que Emilio Botín fuera el primero en oponerse de forma contundente al ‘banco malo’ no es casualidad porque es a él y a sus intereses siempre les ha puesto nerviosos la presencia del Estado. Y esa presencia podría sustanciarse de una u otra forma con el ‘banco malo’. La AEB recogió la antorcha y ayer mismo el presidente de Banco Popular, Ángel Ron, decía ante sus accionistas que "es necesario que se pongan a la venta cuanto antes todas las entidades financieras que tengan problemas de viabilidad y sean incapaces de generar resultados con los que retribuir de forma adecuada el capital que se ha invertido en ellas”.

Ron se alineaba con la patronal bancaria y aparecían en el fondo de su discurso los temores mencionados y se postulaba en todo caso favorable a que en caso de haber ‘banco malo’ este fuera un mero puente de transición: "el banco malo es un mecanismo de ayuda y por eso debe estar sometido a condiciones estrictas, por lo que tendrá que emplearse como una herramienta que facilite la venta de las entidades no viables”.

España ha hecho la parte quizá más fácil de la reordenación bancaria y ahora queda la más compleja en la que la reducción de capacidad viene acompañada de un redimensionamiento complejo que presenta no pocos retos, entre ellos el de gestión, y no todos los bancos están preparados para ello. Habrá por tanto una primera selección para, después, que lo resultante sea capaz de enfrentar la adaptación, por que es previsible una especie de selección natural.

Regresando a las manifestación de Ron, el último en hablar al respecto, ponía sobre la mesa esa necesidad de reducir la capacidad excedentaria sobre la base  que tomamos por cierta de que de que con entidades más rentables, fiables y sólidas será más fácil que el crédito fluya a la economía, tal y como dijo Mariano Rajoy en su discurso de investidura.

Si  no estuviéramos en un momento económico tan delicado y con los fondos públicos tan escasos, posiblemente no estaríamos debatiendo sobre el asunto porque esa capacidad hubiera permitido soluciones rápidas que evitaran reacciones “coordinadas” de los bancos privados y dando por supuesto que la primera fase de la restructuración bancaria, que afectaba a las cajas, los banco se frotaban la manos ante la oportunidad de quitarse de en medio a unos competidores sumamente incómodos, además de canibalizar sus recursos.

Pero lo cierto es que el Gobierno anda escaso de fondos y varios bancos han visto la oportunidad de evitar peligros ofreciendo la alternativa de que ‘cada palo aguante su vela’ y el que la tenga que arriar que se ponga en venta. Y en el apoyo a esa venta es donde quizá tenga que intervenir el Gobierno utilizando el Frob. Vaya por delante que en lo que se refiere a los activos inmobiliarios, los malos, meterlos en un mismo capacho no es mala solución pero ese capacho debe tener capacidad de gestión, la que necesitan esos activos. Porque para poder llegar a rentabilidad una parte sustancial de esos activos hace falta gestión. Pongamos como ejemplo una promoción en fase de construcción; necesita que alguien se ocupe de gestionar el negocio para que en algún momento pueda llegar a buen fin. Si no se pudiera gestionar, habría que tirarlo a la basura directamente y ese dispendio no es admisible.

España necesita de forma perentoria que el crédito vuelva a fluir pero para ello es necesario despejar todas las incertidumbres y reducir –o aplazar la reducción de forma ordenada y satisfactoria- el endeudamiento de los bancos. Lo uno no se puede hacer sin lo otro y hay que sentar la bases ya.

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