edición: 2363 , Miércoles, 13 diciembre 2017
19/09/2016

Los bonos recuperan los niveles de 2007 mientras sus emisores aprovechan los bajos tipos de interés

Las cifras cercanas a los máximos de hace nueve años son resultado de las políticas monetarias
Carlos Schwartz
 La emisión global de bonos ha alcanzado los 4,88 billones de dólares desde enero de este año rozando los volúmenes de emisión registrados en los primeros nueve meses de 2007, en los que se registraron títulos por
4,9 billones de dólares. Esa cifra máxima se registró en vísperas de la crisis de las hipotecas subprime y su repercusión sobre las entidades financieras a escala internacional. La recuperación de los niveles anteriores a que la crisis se desatara de forma abierta esta vez no es sólo fruto de la actividad privada. Las instituciones como los tesoros públicos, las agencias estatales en países avanzados y emergentes, y las corporaciones han acudido de forma masiva a los mercados para obtener financiación a costes jamás registrados de forma persistente en los mercados de emisión. Las ventas de bonos fueron impulsadas por las políticas de estímulo de los bancos centrales que intentan alentar la actividad económica inyectando liquidez de forma directa o mediante la adquisición de instrumentos financieros de bancos y corporaciones.
La venta de deuda privada en lo que va de año supera a los 6,6 billones de deuda vendida en el mismo periodo en 2006. Mientras, una parte considerable de los fondos de inversión están apalancando sus adquisiciones con el resultado de que por cada 1000 dólares en bonos que adquieren 300 son propios y 700 son deuda de acuerdo con analistas del sector. “El apalancamiento es muy significativo”, señala un operador del mercado. Las excepcionales condiciones del mercado han empujado a los tesoreros de las corporaciones a elevar el nivel de endeudamiento aun en condiciones de niveles de ventas y beneficios inciertos.

La respuesta de los inversores faltos de alternativas para rentabilizar sus excedentes ha llevado a un entrada de 227.000 millones de dólares de nuevo capital a los fondos de inversión este año. La abundancia de dinero se ha reflejado en una demanda creciente que a su turno ha llevado a que las corporaciones comiencen a colocar deuda a tipos de interés negativo. A comienzos de este mes las empresas Henkel y Sanofi vendieron los primeros bonos denominados en euros a tipos de interés negativos. Este mes en el mercado de renta fija hay en torno a 12 billones de dólares en deuda a tipos de interés negativos.

Pese a cierto grado de turbulencia en los mercados en semanas recientes por la incertidumbre en torno a la política futura de la Reserva Federal y el Banco de Japón, las adquisiciones de bonos han seguido con su marcha ascendente. Pero la actividad en los mercados no está exenta de riesgos. El rápido aumento del rendimiento de los bonos del tesoro estadounidenses, británicos y alemanes en septiembre ha supuesto una devaluación de las emisiones más demandadas durante el mes de agosto. Es decir, que una parte de las adquisiciones hechas por los fondos el mes pasado suponen pérdidas para los inversores en la medida que sus precios han bajado ahora.

Los nuevos bonos a 40 años emitidos por Microsoft en agosto han caído un 7% desde comienzos de mes. La deuda de Apple con vencimiento en 2046 ha caído un 6% en septiembre. Las caídas significativas se han registrado en la deuda de muy largo plazo emitida con un diferencial muy bajo respecto de la deuda pública.
Entretanto los analistas también se muestra preocupados por la acumulación de tesorería por parte de las empresas en un entorno económico que no acaba de ser lo suficientemente claro como para las grandes apuestas. “Esto indica no solo que los inversores se apalancan, sino que las propias empresas están dependiendo para sus operaciones de niveles de deuda excesivos”, señala un analista de los mercados de crédito europeos.

El Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés) ha señalado en diversas oportunidades las distorsiones que la política de los bancos centrales está ocasionando al precio de los activos en los mercados financieros. En la presentación de su último informe trimestral el economista jefe del BIS, Claudio Borio, señaló que “Es crecientemente evidente que los bancos centrales se han sobrecargado durante un periodo excesivamente prolongado. Una política más equilibrada es esencial para llevar a la economía mundial a una expansión más robusta, sostenible y equilibrada”, añadió. Borio destacó la reciente volatilidad de los mercados, resultado de los temores de los inversores a una repentino cambio en la política monetaria de algunos bancos centrales.

El economista señaló que se mantiene una pregunta crucial en el aire: si el precio de los activos en los mercados es el correcto. La pregunta es “si los precios del mercado reflejan totalmente los riesgos que se ciernen”, afirmó añadiendo que: “las dudas sobre la valoración parecen haber reaparecido en días recientes”. Los precios de los bonos cayeron y sus rendimientos aumentaron este mes tras la reunión mensual del Banco Central Europeo (BCE) tras la cual no quedó establecido de forma clara que el BCE continuaría con su política de compra de activos y mientras se mantienen los temores sobre la posibilidad de que el Banco de Japón reduzca su política de estímulo económico. Los inversores han mostrado su temor a que los bancos centrales no sigan por la senda de la expansión de sus balances en el futuro próximo y se retiraron transitoriamente de algunos mercados rompiendo con la calma estival.

También en Estados Unidos se registró este mes mayor volatilidad tanto en los mercados de acciones como en los de renta fija. Estos incidentes han puesto de relieve el excesivo nivel de dependencia de los mercados respecto de las políticas monetarias de los bancos centrales. Las observaciones de Borio no son nuevas. El BIS ha señalado reiteradamente que las políticas monetarias expansionistas estaban alterando los precios de los activos financieros sin necesariamente relanzar la actividad económica. Al mismo tiempo los bajos tipos de interés y bajo rendimiento de los bonos dañan las cuentas de resultados de los bancos, lo que constituye otro elemento de preocupación de acuerdo con el BIS.

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