edición: 2721 , Martes, 21 mayo 2019
15/02/2011
Rato decide anular el “premio” a 10 altos ejecutivos apoyado por Aguirre y sus políticos en la caja

Los bonus de Caja Madrid, un conflicto oportunista cargado de populismo

La legalidad de la decisión pende de un hilo porque la trasposición de la Directiva invocada no llegará antes del vencimiento del plan
CatalunyaCaixa paga el pato por pagar un bonus a ¡5.000 empleados! que en realidad es fomentar la retribución variable
Esperanza Aguirre y Rodrigo Rato en un reciente encuentro financiero organizado por Caja Madrid
Alfonso Pajuelo

Y Rato mandó a parar. A última hora y por sorpresa, Rodrigo Rato cambió su posición y zanjó el debate en el consejo de Caja Madrid proponiendo que el plan de fidelización para 10 ejecutivos de Caja Madrid, calculado para el periodo 1997/2010 (2007/2010 según, ahora, la entidad), fuese anulado, asumiendo así las tesis expresadas desde la Comunidad de Madrid con Esperanza Aguirre en cabeza de la manifestación, el mismo grupo que en su momento lo aprobó sin el más mínimo gesto en contra, casi con entusiasmo, pese a que en aquellos momentos las divergencias entre Aguirre y Blesa eran más que evidentes, lo que se interpretó como un pacto para facilitar la salida de Blesa. El caso es que la anulación del plan ha sido bien recibida por todos menos por los afectados, naturalmente, que advierten de que reclamarán ante los tribunales. Sin embargo, con ser una decisión grata a la opinión pública y lógica en el contexto, ni la cuantía del plan (25 millones de euros) ni el número de ejecutivos beneficiados (10) pueden calificarse de escandalosos sin más. El conflicto ha servido para, en cierta medida, desviar la atención sobre los graves problemas de la entidad, su fusión en el Banco Financiero y de Ahorros y los difíciles retos inmediatos y, especialmente, la masiva presencia de representantes políticos -esto sí es un escándalo- en los órganos de decisión. Una politización que se ha puesto de manifiesto en la propia decisión de anular los bonus, que tendrá beneficios políticos para Aguirre y granjeará simpatías hacia Rato.

Curiosamente, la postura de CCOO ha sido la más coherente y clarificadora al poner de manifiesto que el plan lo era de incentivos para “fidelizar” a los directivos “si permanecían en la entidad”. Y para el cálculo se establecía un largo periodo computable: 1997/2010. En definitiva, los excesos eran un tanto relativos aunque su justificación no era del todo convincente si nos situamos en 2006, año en que se aprobó el plan.

Resulta casi ingrato defender la situación establecida, o cuanto menos situarla en sus justos términos porque los bonus son objeto de polémica en España y en todos los países desarrollados, especialmente cuando hay situaciones de crisis. Pero no es menos cierto que el bonus del que hablamos no tiene las características de otros que han llamado a escándalo ni por su cuantía ni por su fundamentación. La parte del consejo de Caja Madrid -Ayuntamiento de Madrid y sindicatos- que defendía que el pago del bonus debería retrasarse mientras estuvieran vigentes las ayudas del Frob, tuvo que declinar y sumarse a la propuesta de anulación conscientes del peligro que representaba ante la opinión pública mantener su postura por la dificultades para explicarla con el ambiente tan caldeado y la inmediata utilización política que indudablemente se iba a hacer de la decisión. Y así ha sido.

Está claro que ni Blesa ni sus nueve ejecutivos -dos de ellos todavía presentes en la caja- se han ganado bonificación alguna visto lo visto en Caja Madrid, incluida la manipulación de las cifras reales que ahora conocemos en parte, sólo en parte, todavía, y que han dejado a la entidad en una compleja situación. La fusión fría pactada con otras cuatro cajas estuvo bien planteada porque era interregional y por lo tanto tenía coherencia económica frente a los dislates financieros cometidos en Galicia y Cataluña. Pero ha resultado que al final había las mismas resistencias de fondo a perder el control político de las entidades y eso ha metido a Banco Financiero y de Ahorros en el mismo saco. Y así ha sido hasta el punto de convertirlo en el paradigma de la politización de las cajas al tener un consejo en el que hay un hasta un 90% de representantes en función de su militancia política y en representación de tal.

A nadie le interesa que fracase el proyecto del BFA. Ni al Gobierno, ni al PP, ni al propio sistema financiero. Pero eso no significa que desde el Ejecutivo se haya bajado la guardia ante el exceso de politización y por ello han forzado los límites para mantener al BFA controlado y sacarlo de las garras políticas. Establecidos esos límites, tanto el Gobierno como el Banco de España parecen dispuestos a apoyar a Rato y el proyecto siempre y cuando se puedan deshacer del yugo político. Sin embargo, la presente polémica sobre el bonus ha vuelto a poner sobre el tapete la politización. El desarrollo de los hechos ha dejado claro que se ha tomado una decisión política que todos vamos a recibir bien pero que no puede ocultar una notable dosis de arbitrariedad. Invocar una Directiva comunitaria todavía no traspuesta y que no lo será hasta después del vencimiento del plan de incentivos (31 de marzo), para sostener la anulación no parece la mejor solución. Contar con la lentitud de la Justicia en España para dilatar en el tiempo la solución del conflicto tampoco parece muy correcto. Dependiendo de que los demandantes vayan por la vía civil o la social, no habrá decisión definitiva hasta dentro de cinco o diez años.

Eso es un juego político en aras de una pretendida gestión económica, un problema engordado para evitar otros problemas más serios y trascendentes para el futuro del proyecto. Un proyecto comprometido porque la transformación en banco requiere la apelación al mercado en la búsqueda de capital privado, de inversores que no pueden por menos que mostrar recelos hacia una entidad que no tiene las cuentas lo claras que debiera y con una situación interna pendiente de estabilizar. BFA tendrá que competir con otras cajas que buscan lo mismo, capital privado, de aquí a septiembre y ya sabemos que no hay para todos. Ni siquiera está claro que haya para uno. Y es por eso que lo del bonus es poco importante por muy popular que sea.

CATALUNYACAIXA

La primera consecuencia de este montaje político la va a tener que pagar CatalunyaCaixa, un proyecto injustificable, forzado desde la política y también con un futuro incierto. Resulta que en la nueva entidad hay un plan de incentivos que afecta a 5.000 empleados, incluida la dirección. El plan tiene todas las cautelas pertinentes, hasta el punto que durante un semestre no se pagó, y los privilegios de la dirección son un tanto exiguos. Son 300.000 euros a repartir. Puede que sean muchos para una entidad en dificultades y puede que la dirección no se lo haya ganado, pero es un plan de incentivos que en realidad lo que hace es aumentar la retribución variable, algo consistente con lo que se está debatiendo para la generalidad. No es para tanto pero la politización en Madrid pasa factura y la primera la va a tener que pagar CatalunyaCaixa.

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