edición: 2789 , Lunes, 26 agosto 2019
03/02/2009
Observatorio de Coyuntura

Los BRIC también sufren, unos más que otros

Servicio de Estudios de 'la Caixa'.- Desde que en 2001 Jim O’Neil, economista de Goldman Sachs, acuñó el acrónimo BRIC para designar al grupo de países emergentes constituido por Brasil, Rusia, India y China, la manera de ver la economía global y sus interrelaciones ha cambiado sustancialmente. Lo que no parece haber cambiado es el papel clave que juegan estos países en el crecimiento mundial.
Sus elevadas tasas de crecimiento en los últimos años y el hecho de que concentren el 42% de la población mundial son los dos rasgos principales que definen a los BRIC como grupo. En concreto, su crecimiento anual promedio ha rozado el 8% en el periodo 2000-2007. Además, han contribuido alrededor del 36% en el crecimiento global, y se prevé que la contribución de China por sí sola en 2009 ya roce el 40%. Por último, los BRIC en su conjunto han acumulado gran cantidad de reservas, unos 2,8 billones de dólares, lo que supone cerca del 40% de las reservas mundiales.

La vitalidad de estos emergentes motivó a principios del nuevo milenio la aparición de teorías que pronosticaban un proceso de desacoplamiento entre el ciclo de los BRIC y el de las economías avanzadas. Ha llovido mucho desde entonces y en los últimos meses ha quedado patente que los emergentes también sufrirán las consecuencias de la crisis financiera internacional. Eso sí, no todos por igual. China continuará siendo, entre los BRIC, la economía de mayor crecimiento, con tasas de 7%-8%; el crecimiento de India se podría mantener por encima del 5%; la desaceleración en Brasil será más notable y el crecimiento caerá hasta valores cercanos al 2%; Rusia, en cambio, es probable que experimente un crecimiento negativo.

En China, el potencial de crecimiento de la demanda doméstica es la principal fortaleza en un momento de debilidad de la demanda externa. El consumo privado aún representa una parte pequeña del PIB (menos del 50%) y el gobierno chino está tomando un conjunto de medidas, tanto fiscales como de carácter más estructural, para impulsarlo. La posición de partida del saldo fiscal de China, en superávit en 2007, ha permitido proponer un paquete de estímulo fiscal equivalente al 5% del PIB. El aumento del gasto en educación, salud y pensiones debería contribuir a reducir la altísima tasa de ahorro, en buena medida preventivo, de los hogares chinos. La disminución del precio del petróleo también ofrecerá un respiro a la economía china, importadora neta de crudo. De momento, la caída de la inflación, resultado en parte del menor precio del combustible, ha permitido al banco central disminuir agresivamente los tipos de interés y el coeficiente de caja de los bancos, lo que contribuirá al crecimiento del año próximo.

Sin embargo, la desaceleración de las exportaciones chinas ante la caída de la demanda mundial, especialmente en Norteamérica y Europa occidental –zonas que concentran el 40% del total de sus exportaciones– comporta un riesgo a la baja. En noviembre, las exportaciones cayeron respecto al año anterior por primera vez en más de siete años (2,2%). No obstante, como una buena parte de los insumos (o inputs) utilizados en el sector exportador son importados, en otras palabras, el valor añadido de las exportaciones chinas no es muy elevado, el impacto negativo de una caída de las exportaciones sobre el crecimiento del PIB (que mide el valor añadido domésticamente), aunque no se puede menospreciar, no es tan alto como se podría temer.

La economía india es menos dependiente que la china del comercio exterior (el peso de las exportaciones sobre el PIB es mucho más bajo) y, por ello, no sufrirá tanto por el impacto de la desaceleración global sobre el comercio. Por otra parte, la disminución del precio del petróleo supone un importante respiro para el consumidor, las empresas y, también, el gobierno, que subsidiaba parte del precio de los combustibles. La crisis financiera internacional se dejará notar por la disminución del influjo de inversiones, que aportaba una cantidad considerable de liquidez al sistema financiero y alimentaba el crecimiento del crédito, pero la caída de la inflación, al igual que en China, ha otorgado un precioso margen de actuación al banco central para reducir el tipo de interés y el coeficiente de caja. La disminución del subsidio al combustible y el esfuerzo de consolidación fiscal de los últimos años también han creado un espacio para la expansión fiscal que las autoridades ya han aprovechado para anunciar un plan de estímulo equivalente a más del 1% del PIB.

Brasil y, especialmente, Rusia, importantes exportadores de materias primas, sufrirán tanto la caída de la demanda mundial como la brusca bajada en los precios de las materias primas. En el caso de Rusia, la caída del precio del petróleo tiene un impacto muy significativo sobre los ingresos fiscales, lo que reduce su margen para llevar a cabo una política fiscal expansiva. En ambos países, el deterioro de la posición externa ha provocado la depreciación de las monedas locales, lo que tiende a empujar la inflación al alza y limita el margen de maniobra de la política monetaria. De hecho, el banco central ruso se ha visto obligado a aumentar los tipos de interés en diciembre (100 puntos básicos) para apuntalar el rublo y frenar la salida de capitales, mientras que Brasil no ha variado los tipos de interés. La salida de capitales en Rusia, además de resultar en una importante pérdida de reservas internacionales, reducirá la liquidez en el sistema financiero y endurecerá considerablemente las condiciones de acceso al crédito. En Brasil, la mayor solidez de la situación fiscal y la credibilidad del banco central hacen la situación algo más manejable.

En definitiva, los BRIC también sufrirán con la crisis global, aunque no por igual. Mientras los gigantes de Asia agradecerán el desplome del precio del petróleo y el impulso de las políticas económicas, Brasil y Rusia pagarán su mayor dependencia de las exportaciones de materias primas. Para todos, los riesgos a corto plazo están sesgados a la baja. A medio plazo, sin embargo, los BRIC cuentan con un amplio recorrido al alza y, a buen seguro, volverán a asombrarnos con sus tasas de crecimiento.

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