edición: 2806 , Miércoles, 18 septiembre 2019
18/05/2017
Mensaje a los inversores

Los candidatos socialistas ya avisan: reforma fiscal, banca pública y atar en corto al capital

Regreso a los orígenes: abogan por un aparato del Estado más fuerte, con más recursos y... claro, con mayor presión fiscal
Juan José González
Los tres candidatos a pilotar el socialismo español de los próximos años, presentan esta semana sus ideas y planes económicos. No se puede decir que entren en el fondo de ninguno de los asuntos que plantean; tan sólo dejan constancia de la existencia en sus programas respectivos de algunas soluciones. En líneas generales, las propuestas certifican la lucha contra la disciplina general de la austeridad y se aboga por políticas (sin citarlas) de gastos, gasto público por supuesto. No se habla de déficit, sino de la necesidad de aumentar los gravámenes sobre las rentas del capital, de grandes patrimonios y fortunas. Mayor presión fiscal, recuperar algunos impuestos suprimidos por anteriores gobiernos. En alguno de estos programas se alude a la "necesidad de atar corto al capitalismo financiero" al entender que "se nos ha ido de las manos". El socialismo del futuro, apuntan en las tres candidaturas, es europeísta pero con matices, salvedades y excepciones. Los modelos económicos (así llaman al escaso grupo de cinco ideas que proponen) de los candidatos consiguen al final no entrar en los grandes temas económicos, tan sólo se ofrecen trazos e indicios de preocupaciones. Queda claro el interés general por reforzar el aparato del Estado, aunque para ello las arcas, la caja, debe estar casi llena. Y eso se hace con más impuestos.
Los observadores políticos confirman que no se sienten sorprendidos tras conocer las "ideas fuerza" que ofrecen estos días los mentores económicos de los tres candidatos a la secretaría general del Partido Socialista español. Y aseguran que no hay nada que les haya pillado desprevenidos porque el debate de mayor intensidad entre los tres se desarrolló, y continúa en ese terreno, en la vertiente política de todos los asuntos y donde el económico ha sido el que menor interés ha suscitado. Es evidente que el económico no es el tema estrella para ninguno de los tres aspirantes (a pesar de que uno de ellos luce un doctorado en economía, en diplomacia económica).

Es probable que, en consideración a que las suyas, las soluciones, no fueran las que pudieran resultar más innovadoras o `rompedoras´, inconvenientes o políticamente incorrectas, no se hayan prodigado en sus propuestas. En todo caso, los tres candidatos parecen haber dedicado el menor tiempo disponible a plasmar en sus documentos la forma y el fondo en cómo acometerían los principales problemas económicos del país. Es difícil entender que un equipo formado por siete economistas y un `gurú´ no han podido -o querido- ofrecer un conjunto de ideas económicas en un momento en el que seguramente serían bien acogidas. En este sentido, los equipos de los tres candidatos, dirigidos por sus respectivos `gurús´ o mentores, parecen haber renunciado a la contribución de ideas.

Despachado con ligereza y alegría los asuntos económicos, los candidatos parecen haber sido tajantes en sus consignas: pocas ideas, breves y reservar las mejores -las estrellas- para "otras guerras más importantes" y no para estas "escaramuzas cuerpo a cuerpo" según expresión literal de uno de los candidatos. Porque los candidatos aseguran que lo ofrecido al público en las últimas horas no son programas electorales, como así se les demanda, sino que se trata tan sólo de mostrar documentos donde se contienen las ideas básicas de lo que puede llegar a ser un programa económico. Con todo, regresan a las propuestas socialistas veteranas y desgastadas ideas del pasado tales como el regreso a la banca pública para impulsar inversiones en sectores de tecnología o agencias para animar los alquileres públicos low cost.

Con más fuerza que nunca encuentran un lugar en los programas de los candidatos proyectos de grandes inversiones, públicas por supuesto, del tipo `Juncker´. Grandes inversiones públicas que, como subraya y matiza un aspirante, "no computarían en el protocolo del déficit", se entiende que para no contrariar a Bruselas. Sí parece compartido el deseo de contar con el sector privado para las grandes obras de infraestructura, a lo que se llama "colaboración mixta".

Y así, ya puestos en las soluciones de financiación, los planes de los candidatos pasan por el lugar común: reforma del gasto público que pasaría, a su vez, por la gran reforma fiscal con un claro objetivo: elevar los ingresos. Aquí las soluciones parecen estar muy claras proponiendo un aumento de la fiscalidad de la riqueza, gravar los capitales especulativos, recuperar la tributación de las herencias y "atar corto al capitalismo: se nos ha ido un poco de las manos", insiste el mentor de una candidatura. Aunque por el momento se trata de planes sobre el papel, ya se escuchan algunas reacciones empresariales, inquietas al advertir que los nuevos aires intervencionistas de los candidatos (unos más que otros) pueden abrir un nuevo tiempo de confrontación.

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