edición: 2851 , Jueves, 21 noviembre 2019
20/11/2014

Los coletazos de la crisis modifican la estructura de capital de las empresas españolas más expuestas

Fondos de inversión, magnates internacionales y competidores quieren hacer presa en el derrumbe
Carlos Schwartz

Mientras a última hora los agentes colocadores de la ampliación de capital de Fomento de Construcciones y Contratas (FCC) mantenían su pulso con los accionistas relevantes de la sociedad, los representantes de Soros Fund y la familia Koplowitz, lo que quedaba claro era que encontrar una tabla de salvación tenía un precio alto. Pero sin ella la tripulación se hubiera ahogado. La decadencia continuada de esta empresa no es sólo obra de la mala gestión y los fraudes como el sufrido en Austria por su participada Alpine. Tiene además que ver, y no poco, con la profunda crisis internacional y por la que atraviesa España y los sectores en los que opera: construcción, servicios y cementeras. En todos ellos el impacto ha sido colosal. Pero, desde luego no es la única. Sacyr es otro ejemplo de las consecuencias de una coincidencia entre la mala gestión, las aventuras financieras, y el derrumbe de su mercado que han determinado relevos en la cúpula en medio de la crisis.

Pese a ello no parece razonable suponer que el consejo de la empresa ignorara las circunstancias que rodearon la adjudicación del concurso para las obras de ampliación del canal de Panamá y que condujeron a que se les adjudicara el contrato a un precio sensiblemente inferior al que la propia Autoridad del Canal había estimado. Sacyr, por tanto, no ha salido aun de la sombra de la incertidumbre.

Esta evolución de las empresas del sector más golpeado por la crisis junto con la banca, en buena medida por su actividad temeraria desde el punto de vista del riesgo, no excluye a la gran constructora y empresa de obras públicas y servicios Actividades de Construcción y Servicios (ACS) cuyo núcleo duro accionarial ha quedado reducido a la mínima expresión. ACS deberá el año que viene sentarse frente a sus bancos acreedores para renegociar una vez más su deuda, una circunstancia que supone de forma inevitable una tensión extrema. La marcha de la sociedad no es la que se podría haber esperado, en particular porque la filial australiana en la que se ha visto obligado a concentrarse Marcelino Fernández Verdes, el delfín del presidente de ACS, Florentino Pérez, ha quedado muy por debajo de las expectativas a la hora de la adquisición de su sociedad dominante Hochtief. Sin contar con los problemas con el regulador y la policía australianos por las comisiones ilegales pagadas por la empresa. Es cierto que la filial australiana, Leighton, está geográficamente en las antípodas y las noticias desde allí tardan lo suyo en llegar. Pero en el fondo, el principal motivo para la estructura de la deuda y la fuga de accionistas de referencia en ACS no es fruto de la actividad habitual de la empresa, sino del asalto frustrado a la eléctrica Iberdrola que ha supuesto una colosal sangría para ACS.

El otrora accionista de referencia de la constructora, Corporación Financiera Alba a través de Alba Participaciones, que llegó a tener un 22% del capital de la sociedad, redujo su presencia a un 11% en julio pasado. Es el resultado de sucesivos enfrentamientos en los que finalmente el vehículo de inversión propiedad de Banca March virtualmente se impuso a Florentino Pérez para abandonar la aventura de Iberdrola que hizo perder mucho dinero a los amigos del presidente. La verdad es que a ningún inversor internacional le interesa ACS por su mercado español, exangüe a expensas de las migajas que el Ministerio de Fomento le pueda echar al sector en 2015.

La ministra Ana Pastor ya le ha hecho saber a las constructoras que habrá más alegría el año que viene. Pero son muchos a comer y todos tienen hambre. Lo que atrae a los fondos de inversión son Hochtief y Leighton. Por ello estudian los movimientos de Fernández Verdes a quien le ha tocado la labor de reestructurar a ambas a la medida del concepto de gestión tan caro a la cultura de ACS. Drástica reducción de costes de personal, venta acelerada de activos que permitan hacer caja y drenaje de recursos hacia las cuentas de la dominante. El problema que se les presenta a los que estudian el modelo es que es tal el bloqueo de capital en las filiales, que no hay margen para atacarlas. Lo cual lleva el problema del control a Madrid. O se ataca a la dominante o no hay nada que hacer. En eso están. La pérdida de fuerza del núcleo duro facilita ese objetivo. Veremos movimientos.

Otra empresa del sector que ha avanzado con bastante más cautela, OHL, necesita no obstante un reducción de su carga de deuda. Esto ha llevado a un plan de desinversiones desde la holding Grupo Villar Mir que no ha hecho más que empezar. El paso más reciente ha sido la venta de una participación en la próspera filial mexicana. Pero hay más decisiones muy significativas en cocción y, salvo que no haya posibilidad de obtener los precios a los que el grupo aspira, se hará caja. Aunque una parte de ella seguramente irá destinada a nuevas inversiones, por ejemplo en el sector eléctrico. Mientras, el gran problema de las empresas de este sector que se ha diversificado e internacionalizado es que algunas de las regiones emergentes en las que han hecho su expansión, se la bonanza que siguió a la inyección de dinero por parte de la Reserva Federal en el sistema estadounidense se ha debilitado de forma significativa. Este deterioro se ha visto acelerado por la menor demanda internacional de materias primas y la caída de sus precios internacionales que en la mayoría de esos países son su puntal económico. Esta circunstancia ha hecho que la internacionalización acometida comience a presentar serias grietas y amenace a los ingresos futuros de estas empresas.

La banca no es ajena a este proceso en sus zonas de expansión. Con el añadido de que este sector ha tenido que hacer frente a la creciente exigencia en materia de capital que han determinado los reguladores para reforzar el sistema financiero internacional. Pero salvo llamativas excepciones la banca extranjera tampoco muestra apetito por el mercado español. Saben que ha sido esquilmado y huele a tierra arrasada, que es altamente competitivo, y está necesitado de una consolidación aun mayor, y no parecen dispuestos a participar en esa batalla. La rara avis de momento es Banesco a quien, según las fuentes de medios financieros, le está costando pagar los plazos de la adquisición de NovaGalicia Banco.

Lo que los inversores extranjeros están mirando son los activos de la banca española en el exterior. Como el caso del 17% de Caixabank en Bank of East Asia que despierta el apetito de más de un fondo de inversión.

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