edición: 3024 , Miércoles, 5 agosto 2020
24/07/2014

Los datos de junio indican una nueva caída del ahorro de las familias y las empresas por el consumo

Carlos Schwartz

El anuncio por el Banco de España de los resultados del segundo trimestre de este año con un incremento del producto interior bruto (PIB) del 0,5% respecto del primero (0,4%) ponen de relieve que el motor de este crecimiento sigue siendo la demanda interna, es decir el consumo de las familias y las empresas.

Mientras que en el primer trimestre del año el crecimiento estuvo sostenido por el traslado del gasto del Estado del último trimestre de 2013 al primero de 2014, ahora lo que está soportando el crecimiento es “la intensidad del avance del consumo que excede a la de las propias rentas, quizá porque la reducción de la incertidumbre ha permitido la materialización de numerosas decisiones de adquisición de bienes duraderos que habían sido pospuestas en años anteriores, lo que se está manifestando en un rápido descenso de la tasa de ahorro”, según el Banco de España en su informe trimestral de la economía española.

Que el motor de este gasto que se come el ahorro interno necesario para que las familias y las empresas reduzcan su deuda sean decisiones de adquisición pospuestas, es discutible. Pero si el banco emisor interpreta que esto se debe a una reducción de la incertidumbre, entonces da por supuesto que el discurso del Gobierno sobre la recuperación económica ha calado en la población. Y si esto es así, se trata de una responsabilidad política más ya que el crecimiento registrado es de un lado insostenible y del otro socava la posibilidad de una recuperación futura. El gasto de las familias ha crecido entre abril y junio un 0,4% -igual que el trimestre anterior- mientras que las rentas del trabajo han caído un 1,1% en el segundo trimestre comparado con el 0,7% en el primero. Los ingresos se encogen, pero el gasto crece.

La tasa negativa del ahorro aumenta. Estos datos han llevado al BdE a modificar sus previsiones sobre la contribución de la demanda nacional al crecimiento del PIB y ahora la estima en el 1,2% mientras que en marzo la estimaba en el 0,3% y en 2013 fue del -2,7%.

En cuanto a las exportaciones el BdE señala que en el segundo trimestre de este año han crecido el 1,7% comparado con una moderación de las importaciones que han crecido el 1,3%, lo que arrojaría una contribución del sector exterior al PIB del 0,2%. Sin embargo habría que verificar si este incremento es en volumen o en precios y si se ha registrado un superávit en el segundo trimestre o sólo se ha reducido la brecha. No está demás al respecto reproducir lo que acaba de publicar el blog del Fondo Monetario Internacional (FMI): “Muchas economías deudoras han visto caer sus costes laborales, mejorando la competitividad y alimentando sus cuentas corrientes.
Hemos analizado en detalle las recientes mejoras de la competitividad en las economías deudoras del área del euro y hemos encontrado que en su mayoría son resultado de una caída de los costes laborales unitarios. Pero en los casos de Grecia e Irlanda esta declinación ha sido resultado de una mezcla equilibrada de la caída de los costes y de la reducción del empleo, mientras que en el caso de España se ha debido solo a una caída del empleo. Esto suscita la cuestión de la duración de la mejora en sus cuentas corrientes: ¿Cuándo la demanda se recupere en esos países, reaparecerán los déficit por cuenta corriente?”.

El FMI suele llegar tarde y en general no descubre la pólvora. En realidad una lectura afinada del informe anual sobre España (Artículo IV) del FMI deja en claro que los riesgos que perduran son demasiados como para ser optimistas, aunque hayan titulado el informe de manera exitista para echar un capote al Gobierno. Como señala el economista Edward Hugh, residente en Barcelona, la forma en la que el FMI presentó el informe genera un riesgo de credibilidad institucional “en caso de que la economía sucumba una vez más y caiga nuevamente por tercera vez”.

“Sin duda los riesgos de una recaída detallados en el informe del FMI brindan muchos argumentos a favor de que eso ocurra”, añade. El FMI alaba la mejoría en la cuenta corriente de España, pero hace caso omiso del hecho que en los primeros cinco meses de este año, y de un tirón, ha reaparecido el déficit por cuenta corriente. En realidad durante ocho meses de 2013 se registró un superávit, sobre un total de al menos 150 meses si se mira hacia atrás... Ha sido el propio FMI el que ha expresado de forma reiterada el temor de que con una incipiente recuperación la cuenta corriente entraría de nuevo en déficit. Algo que está ocurriendo y a expensas de una recuperación desencaminada, puesto que no lo es. Se trata del efecto de un gasto que no tiene un fundamento económico genuino, con lo cual se puede decir que se trata de un gasto políticamente inducido.

El FMI alabó la mejoría de la balanza por cuenta corriente de España señalando que hay solo un antecedente, el de Corea entre 1997 y 1998. Una comparación forzada donde las haya por la diferencia en la situación económica internacional entre el panorama de entonces y el actual. “El ajuste de la cuenta corriente de España es particularmente notable porque se logró sin una depreciación nominal (devaluación de la moneda). El ajuste de Corea fue facilitado por una gran depreciación nominal del tipo de cambio, una opción que no estaba disponible para España.

Mientras que el tipo de cambio efectivo real de España (REER, por sus siglas en inglés) se depreció bastante medido por los costes laborales unitarios, en mayor medida reflejó la destrucción de empleo. El tipo de cambio real (medido por los precios industriales el CPI-REER) no se depreció mucho”. Esto quiere decir que en realidad la devaluación interna no ha tenido tanto efecto sobre los precios y que la pérdida de competitividad española no fue tan pronunciada como afirmaron los analistas internacionales. En todo caso la reducción de los costes laborales ha ampliado los márgenes de las empresas.

Si se compara la retracción del PIB, 7%, con la caída del empleo, 20%, se comprende que la caída de los precios unitarios obedece a este movimiento, que son también el eje de la recuperación de la balanza por cuenta corriente, resultado de la caída de las importaciones. Por el contrario sobre este modelo cualquier incremento de la demanda interior nos enfrenta a la reaparición del déficit y a la caída del ahorro interno porque las importaciones lo vuelven a generar.

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