edición: 2226 , Viernes, 26 mayo 2017
17/02/2017

Los datos del endeudamiento familiar en Estados Unidos indican la presencia de burbujas sectoriales

En 2016, el crédito tuvo el ritmo más fuerte de incremento en 10 años mientras se acelera la morosidad
Carlos Schwartz
La deuda de los hogares estadounidenses mostró su incremento más grande en una década el año pasado de acuerdo con los datos difundidos por la Reserva Federal. El impulso para este crecimiento provino de la deuda de tarjetas de crédito, así como los créditos para la adquisición de automóviles y para estudiantes. En el último trimestre del año se registró un aumento en la concesión de crédito hipotecario a niveles que no se veían desde antes de la crisis financiera en 2008. La deuda total de las familias creció en el último trimestre de 2016 en 226.000 millones de dólares quedando la deuda total a sólo 99.000 millones de dólares del máximo registrado en el tercer trimestre de 2008 con 12,7 billones de dólares. La cifra de 11,18 billones como deuda total al cierre del cuarto trimestre indica que la economía de Estados Unidos se acerca a los niveles de apalancamiento en las finanzas familiares similar al que existía justo antes de desatarse la crisis financiera internacional. Los analistas de la Reserva Federal de Nueva York, que elabora el informe sobre el endeudamiento de las familias, considera que este año se establecerá un nuevo récord en el endeudamiejto de las familias. “La deuda en manos de los americanos se acerca a su máximo anterior, sin embargo su composición es hoy muy distinta ya que el crecimiento de los balances no obedece al crédito hipotecario”, de acuerdo con el economista de la Reserva Federal Wilbert van der Klaauw.
Los datos de crédito difundidos por la Fed no están ajustados por la inflación, pero su peso sobre el producto interior bruto divergen respecto de los registrados en 2008. Al cierre el año pasado la deuda de las familias representaba el 67% del PIB nominal comparado con el 85% en 2008.

Si algo queda claro del informe de la Fed es que recién tras casi una década las familias se han desprendido de una parte considerable de la deuda que fue identificada como el motor de la crisis del 2008. Entre 2008 y 2013 las familias se deshicieron de 1,5 billones de dólares en deuda hipotecaria por la pérdida de la vivienda o por la vía de la amortización. Un reflejo de este cuadro es el hecho que la concesión de crédito hipotecario ha caído de un ritmo de entre 600.000 y 700.000 millones de dólares por trimestre en 2006 y 2007 a menos de 300.000 millones en 2013. Lo cual no quita que el crecimiento del crédito hipotecario prosiga.

En el cuarto trimestre de 2008 el saldo vivo de crédito hipotecario era de 9,3 billones de dólares mientras que en el cuarto trimestre de 2016 el saldo vivo era de 8,5 billones. Pero el dato relevante en todo caso es que el sector de los deudores denominado subprime, que están por debajo del índice 620 de acuerdo con los mecanismos de cálculo de la Fed y los que tienen mayor riesgo de no poder pagar sus deudas, han caído en picado como porciento del total de los deudores. En 2016 los créditos subprime eran un 80% inferiores a los concedidos en 2007. Pero esto no puede enmascarar el hecho que la concentración de subprime está en dos sectores: financiación para la compra de coches y créditos a los estudiantes para sus carreras universitarias. Esto implica una diferencia en valor en la medida que el precio de una carrera universitaria o un coche no son equiparables al de una vivienda.

Hace 10 años el crédito total a estudiantes era de 500.000 millones de dólares, mientras que en el cuarto trimestre del 2016 alcanzó a 1,3 billones de dólares. Es decir casi se triplicó. El crédito para la adquisición de coches cayó tras la crisis en 2008 pero comenzó a crecer nuevamente en 2010 y sobrepasó el saldo vivo de 1 billón de dólares por primera vez en la historia en 2015. Al cierre del año pasado el saldo vivo era de 1,2 billones.

Un dato significativo por tanto es la concentración de riesgo en dos sectores específicos del crédito. Mientras que la morosidad y los impagos en promedio distan mucho de los niveles previos a la crisis de 2008 el comportamiento no es uniforme como se ve. Los reguladores han manifestado su inquietud por el nivel de riesgo acumulado en la financiación para la compra de coches.

De acuerdo con la empresa TransUnion que elabora una estadística de impagados hay un millón de consumidores que tienen un retraso de pago en sus créditos para la compra de coches con una tasa de morosidad similar a la de 2009. Los créditos en mora en este sector se han incrementado un 13% hasta el 1,44% del total el año pasado. También subió de forma significativa la morosidad en las tarjetas de crédito que llega al 1,75% del total de la deuda.

El incremento de la morosidad ocurre a pesar de los bajos tipos de interés y las altas tasas de empleo en el país. Estos datos sugieren que el motivo central es que los bancos y financieras han ablandado las condiciones del crédito hasta niveles peligrosos. La carga promedio de la deuda de los estadounidenses para la adquisición de coches es de 18.400 dólares actualmente. Hasta que los datos no comenzaron a dar señales claras de calentamiento en el mercado de la financiación de coches no se registró por parte de los reguladores una política de claras advertencias.

Pero todo parece indicar que los prestamistas en este sector comienzan a reaccionar. Por ejemplo Santander Consumer USA (SCUSA), filial de Santander Holdings USA (SHUSA), que es uno de los principales prestamistas para el sector de la venta de coches a plazo redujo en el último trimestre de 2016 en un 25% su concesión de créditos. Esta reacción no es ajena desde luego a la presión del regulador sobre las cuentas de la entidad que ha tenido serios problemas con la Reserva Federal. En todo el sector de la venta de coches a plazo la concesión de créditos cayó un 3% en el último trimestre del año pasado, lo que indica una cierta sensibilidad al riesgo. Lo que ha caído es la concesión a la clientela subprime, mientras que los créditos a los denominados “prime plus” y “super prime” siguió creciendo. El año pasado fue un año récord en la venta de coches en Estados Unidos con 17,55 millones de unidades comparado con los 17,47 millones vendidos en 2015. Si el crédito se enfría la industria del automóvil se verá afectada, pero los bancos mejorarán sus riesgos.

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