edición: 3003 , Lunes, 6 julio 2020
06/04/2010

Los dilemas de EDF retrasan sus planes nucleares británicos y despejan el modelo de Iberdrola

No tiene clara la rentabilidad, gana tiempo ahora que el Gobierno niega las subvenciones y las subidas en la tarifa; el Congreso quiere garantías de que hará sus cuatro plantas
Tuvo que darle entrada a Centrica en el 20% de BE e intenta alentar el interés de Iberdrola por la venta de su red eléctrica inglesa
Javier Aldecoa

Jugó a doble o nada y puso sobre la mesa 15.700 millones de euros con tal de desembarcar primero en la resurrección nuclear británica y hacerse con las riendas y el 36% de Britsh Energy, aunque con ellas llegara también el compromiso de invertir la mayoría de los 20.000 millones de libras del plan de Downing Street para levantar cuatro nuevas centrales desde 2017. Pero desde su llegada a la presidencia de Electricité de France, Proglio tiene que plegar los órdagos que dejó echados Gadonneix, más aún ahora que la empresa de mayoría estatal gala empieza a ver que la ruleta del primer ministro Brown gira ya en contra de sus pretensiones: no habrá subvenciones a la generación nuclear como Sarkozy descontaba en tiempos de Blair y el suelo de los precios al CO2, si llega, lo hará después de que EDF tenga que empezar a reflejar este año sus compromisos de inversión para las centrales de Sizewell y Hinkley Point y responder a los requerimientos del Parlamento inglés. EDF e Iberdrola se miden las distancias nucleares, cada una desde una orilla: la gala desde las heridas de una deuda de 42.000 millones de euros. A pesar de la alianza a cuatro manos con Centrica y de que consumó con ella la venta de un 20% de British Energy, le falta ‘liquidez atómica’ para amortizar los costes crecientes de las ocho viejas centrales y compensar el precio desbordado de sus reactores EPR en Francia y Finlandia. Busca de nuevo en Iberdrola y sus socias la sintonía, al menos para la red de distribución local que acaba de volver a poner en venta. Pero Galán juega sin ‘faroles’: tienen 4.000 millones para invertir; la gala 5.000 millones de deuda de la que debe liberarse antes de que acabe 2010. El pulso atómico con EDF es un plus, Iberdrola se ha puesto cómoda en la electricidad y el viento de la Pérfida Abión, lo justo como para haber dejado pasar en su momento el ‘bocado’ de British Energy y ganar tiempo ahora con la luz verde al emplazamiento de Sellafield, con la estrategia  asimétrica de la de EDF y en alianza con GDF Suez y Scottish and Southern Energy (SSE).

Las ocho centrales nucleares -de las diez existentes- que la empresa paraestatal gala compró en 2008 por 12.500 millones de libras le empiezan a pesar ya en la herencia que Proglio recibió de Pierre Gadonneix. Para empezar, ha tenido que devolver de nuevo al escaparate de sus desinversiones la red eléctrica británica que el gigante francés desistió de vender en diciembre, a pesar de que su venta cuenta con la oposición abierta y pública de su presidente local, que no está dispuesto a entregar así como así la ‘gallina de los huevos de oro’ del 75% de los 1.200 millones de beneficios anuales de la filial británica, EDF Energy.

Puede más, otra vez, la urgencia de soltar entre 4.000 y 5.000 millones de euros del perímetro de su deuda. Y hacerlo, a ser posible -confiesan en Electricité de France- antes de que acabe el semestre, ahora que han tenido que asumir que ya no llegarán a tiempo para el plan original con el que asumieron el cambio de presidencia: consumar antes de este mes de abril la venta de EDF Energy que adquirió sumando inversiones entre 1999 y 2002 y que hoy surte a 20 millones de clientes y opera infraestructuras críticas que incluyen los aeropuertos de Heathrow y Gatwick y Londres y al este de Inglaterra, que representan el 40% del PIB. Sus urgencias han empezado a dejar a tiro de Scottish and Southern Energy -el segundo distribuidor del país- a la que había convertido en la mayor distribuidora del Reino Unido, con un 28% del sector: la filial inglesa de Iberdrola ya ha dejado sobre la mesa de su competidora gala una oferta -aún informal- para hacerse con la red y sumarla a sus tentáculos como operador, aunque amasa la calma de sus intereses en una lista con Hong Kong's Cheung Kong Infrastructure Holdings (CKI), un consorcio de Macquarie Group, Canada Pension Plan (CPP) y la Autoridad Inversora de Abu Dhabi (ADIA).

Ni el horizonte atómico es el mismo que Tony Blair le prometía a Sarkozy hace apenas dos años para reemplazar todo el parque nuclear del país, que aporta el 20% de la electricidad, con 16 Gw, ni EDF es la misma que Pierre Gadonneix juraba convertir en la “avanzadilla mundial de la nuclear para compensar las pérdidas de cuota de mercado en Francia" con la apertura a la competencia de la electricidad: hoy, aunque el Elíseo se consuele con una deuda global que “sólo” representa 2,5 veces sus capacidades anuales de reembolso, supera los 42.000 millones de euros, más del doble que hace apenas año y medio.

Ni el órdago de la venta de sitios nucleares ni el desafío político -amenazó con irse si no había primas a la nuclear por parte de  Brown- han sido efectivos; ni la deuda de EDF ni el reemplazo de su presidente le permiten esperar más. En la mesa de Henry Proglio barajan de nuevo ya sus aspiraciones europeas pero con las nuevas bitácoras de la Administración británica. La ecuación energética empieza a tener más incógnitas, ahora que hasta Keith Parker, el Director general de la Nuclear Industry Association (NIA), asume -en entrevista con Cinco Días- las líneas rojas de Gordon Brown: no habrá ayudas públicas para las nucleares británicas. Y el Ejecutivo de Downing Street anuncia haber desechado -al menos a corto plazo- el plan para financiar a través de garantías en un precio mínimo de 30 euros por toneladas para la quema de carbón y subidas en la tarifa de la luz de hasta 44 libras al mes -una media del 8,8%- la construcción de centrales nucleares durante los próximos 22 años que el gabinete de Gordon Brown encargó a finales de 2009.

COMIENZA LA CUENTA ATRÁS

Ni las exigencias manifiestas de EDF y E.On, ni las amenazas de la gala de congelar las inversiones nucleares en la Pérfida Albión a la luz del precio en descenso de la electricidad impulsan a Londres a dar marcha atrás en su repudio a las subvenciones nucleares. Lo empieza a acusar Electricité de France: cruza los dedos para que prospere su petición más allá del lobby nuclear de que Londres fije un precio mínimo regulado -o un mecanismo de fijación de precios que lo garantice- para los derechos de emisión de CO2, que permita a la energía nuclear competir con el carbón.  Pero, a la espera de señales de cambios en el mercado eléctrico y sus tarifas en los PGE británicos, EDF ya ha empezado a ejecutar su ‘plan B’: Reino Unido debe sustituir un tercio de su capacidad en una década: dos plantas cerrarán en ese periodo y también las costeras por problemas de antigüedad y presiones ambientales.

EDF quiere trasladar el mapa galo al otro lado del Canal de la Mancha y estirar la prórroga a la  vida útil de la decena de reactores del parque nuclear británico -ocho de ellos bajo su mano y la de Centrica, a través de BE- para que su declive y su cierre, previsto en la mayoría para antes de una década, no llegue sin haber podido operarlas y exprimir su rentabilidad antes de levantar las nuevas centrales. Reino Unido debe sustituir un tercio de su capacidad en una década: dos cerrarán en ese periodo y también las costeras por problemas de antigüedad y presiones ambientales. Lejos queda la euforia del Gobierno de Tony Blair en 2006, cuando prometía apoyar a la nuclear para hacer de la resurrección de la atómica británica un paradigma para el resto de los Veintisiete  y el ariete local para luchar contra el cambio climático y acabar con el problema energético del país. Dos años después, el Gobierno publicó su Libro Blanco, en el que empezaba a dejar entrever que los 20.000 millones de libras de inversión sólo para los cuatro primeros reactores tendrían que llevar apellidos privados. Hoy, a EDF sólo le queda esperar que prospere el plan de los Conservadores en las próximas elecciones generales e intentar hacer valer mientras tanto la promesa de la Oficina de Desarrollo Nuclear a las compañías de electricidad de que, si en la reunión de diciembre en Copenhague sobre el cambio climático no se llegaba a un acuerdo que incremente de modo significativo el precio del carbono, el Gobierno británico actuaría por su cuenta.

Los cronómetros de Brown empiezan a resonar en los oídos de Nicolas Sarkozy. Le ha encendido ya las luces rojas el Departamento de Energía y Cambio Climático del Parlamento británico: Londres vendió en enero de 2009 el 36% de British Energy, la propietaria del parque nuclear de Reino Unido y con él las riendas de la joya de su corona nuclear a EDF y ahora no tiene garantías de que vaya a construir las centrales previstas sin subsidios a la vista. El legislativo se las exige ya, a través del Comité de Cuentas Públicas. Londres quiere que las nuevas centrales estén operativas en 2017 para que el parque nuclear de Reino Unido siga aportando alrededor del 20% de la electricidad  y exige que los llamados al nuevo despegue atómico comiencen sus proyectos en un año. EDF está abocada a levantar cuatro nuevos reactores en Inglaterra con una capacidad total 6,4 GW y tendrá que retratar sus intenciones para al menos dos - Hinkley Point en Somerset y Sizewell en Suffolk- que el Gobierno esperaba tener en funcionamiento en 2017 en los terrenos de las plantas adquiridas. Ahora intentará que no sea durante este año, como tenía previsto Downing Street.

A EDF le duele el mix energético británico, no es Vincent de Rivaz, el consejero delegado de EDF Energy, el que denuncia una y otra vez ante el Ejecutivo que la nuclear es la energía baja en carbono “más barata y de largo recorrido, más que la eólica offshore”. Comenzará a construir una pequeña granja eólica en el noreste del país, pero no tiene sitio en el tren de la eólica marina que el Gobierno de Brown quiere impulsar hasta los 25.000 megawatios y en la que los de Sánchez Galán se han hecho sitio preferente. Se lo recordaba el salmantino a domicilio al primer ministro británico, Gordon Brown. Nada que no le haya explicado a EDF cada vez que le ‘hace ojitos’ con emplazamientos nucleares o desinversiones británicas a la mano.

Iberdrola se ha convertido en la mayor empresa de energías renovables de Reino Unido y la tercera distribuidora de electricidad a través de su filial ScottishPower. Prevé invertir 4.500 millones en Reino Unido entre 2010 y 2012, una cifra que representa el 25% de la inversión global del grupo, pero que apenas incorpora los nuevos proyectos de carbón limpio eólica marina y nucleares, pero que comenzará a cambiar su perfil de generación local. Los de Sánchez Galán esperan un subsidio de unos 40 millones de libras anuales para lanzar la construcción de una central de carbón limpio en las actuales instalaciones de Scottish Power en Longannet (Escocia). Si el análisis se completa con éxito, el Gobierno ayudará luego a su financiación con un compromiso para dar un incentivo por cada tonelada de CO2 que secuestre la instalación y para extender el modelo a otras plantas térmicas de la compañía en Reino Unido, donde suma 3.500 MW en instalaciones que queman carbón.

PROGLIO NO DIGIERE EL EMPACHO BRITÁNICO DE GADONNEIX

Desde su llegada a EDF en octubre de 2004, Pierre Gadoneix hizo de la conquista británica “costara lo que costara” la bandera de su chauvinismo. Pero la aventura de sus 2 reactores EPR en marcha en Francia y los 10 en proyecto, el viaje nuclear que se ha empeñado en encabezar en Gran Bretaña, la digestión de British Energy y de Constellation en EE UU le pesan aún a Electricité de France: es la eléctrica europea  a la que los analistas le recortaron más las previsiones en el último año, a pesar de que la compañía adquirió a finales de 2008 British Energy, con lo que se convirtió en el mayor generador de energía del Reino Unido y le situó en una posición privilegiada para llevar a cabo el proceso de renovación de las centrales nucleares del país. Ahora, Henry Proglio ha comenzado a escuchar a los analistas, que desde el primer momento  prevenían a su antecesor y advirtieron que podia acabar reeditando la ofensiva de su antecesor François Roussely en Latinoamérica y encallar -como él hizo en Brasil- en las barreras del techo de precios al consumo.

Inútil, muy arriesgada y, sobre todo, carísima -como la calificaron en su momento los seis sindicatos del Consejo- la voracidad de  EDF sobre BE ni siquiera era un plato imprescindible en la mesa de su buffet energético: la gala disponía ya de terrenos en Gran Bretaña que podían acoger los reactores y de galones suficientes como para que BE y Downing Street hubieran acudido a ella y a sus reactores para el despegue nuclear. Hasta ahora la consumación  de su matrimonio con BE no le ha traído más que líneas rojas y competidores. Las tierras del Thamesis se han convertido en decisivas para EDF y sus mercados, tanto como BE para los planes del Gobierno de Gordon Brown de relanzamiento de la producción nuclear. Pero EDF se lanzaba a la piscina de las nucleares británicas con el lastre de 15.750 millones al cuello, de amortizar los costes crecientes de las ocho viejas centrales de British Energy y de compensar el precio desbordado de sus reactores EPR. Ya pagó caras las urgencias de los sitios nucleares de Bradwell que compró a la Autoridad Nuclear NDA por más de 400 millones de libras. Ahora necesita desprenderse rápido y caro de sus emplazamientos de Heysham y Dungeness y se impacienta en el escaparate en el que hace casi seis meses se seca su red de distribución eléctrica británica.

A los de Proglio han empezado a adelantarlos por la derecha los planes más ‘modestos’ de las otras energéticas. RWE y E.ON y su alianza Horizon Nuclear Power se preparan para construir su primera planta atómica en Anglesey (Gales) en 2020 y una segunda en Gloucestershire, cinco años después como tarde, previa inversión de 15.000 millones de libras y sin retorno previsto al menos durante los diez primeros años de su funcionamiento. Desde el burladero de la calma, la coalición - Iberdrola (40%), Suez (40%) y Scottish & Southern (20%)- se puede permitir, se resguarda en la alianza con una opción de compra. Tienen a mano ya los derechos sobre el emplazamiento adquirido en noviembre y plazo hasta 2015 para completar el análisis y diseño de la futura central de Sellafield, un periodo suficiente para determinarse el reparto de funciones entre los socios del proyecto, negociar con los proveedores de la tecnología para la central y asegurar la viabilidad económica de una inversión vinculada a los precios de la electricidad a largo plazo, que en Reino Unido son muy variables en función del mercado.

EDF deja pasar el tiempo. Nada que no haya reproducido ya al otro lado del Océano, con su avanzadilla estadounidense. Su socia en la aventura nuclear, Constellation Energy Group, gasta 1 millón de dólares diarios sólo en el diseño de la planta de Lusby, Maryland y ha empezado a reconocer que necesita garantías de créditos gubernamentales del plan que Obama acaba de lanzar y que empezará a concretar a finales de abril, un suelo de precios para el CO2 y precios más altos del gas natural -que cayeron un 32% el año pasado- para decidirse a construir el nuevo reactor previsto en la planta de Calvert Cliffs,en Maryland, uno de los primeros en tres décadas en EEUU, que le costará a su joint venture con EDF entre 7.000 y 10.000 millones de dólares y que no le permitirá recuperar los costos a corto plazo mediante el cobro a los contribuyentes en la regulación de los servicios eléctricos de Constellation Baltimore Gas & Electric.

Menos aún ahora que se le multiplican los frentes: en Francia, con 55 reactores que suponen el 80% de la electricidad generada en el país, es justamente EDF -el operador de Penly y de Flamanville- la que ha abierto el debate para la construcción de un segundo reactor nuclear EPR, que haga sitio en su alianza al franco-belga GDF-Suez y Enel -las alianzas de Electricité allende los Pirineos mandan- y sirva de escaparate para exportar la tecnología del EPR, sobre todo en Estados Unidos, el Reino Unido, China, India y el arco de sus aliados del Golfo. Pero la autoridad de seguridad nuclear gala le acaba de poner cifras: debe enfrentar inversiones “masivas” para extender la vida de sus reactores más allá de los 40 años, puede costarle un extra de 3.000 millones de euros en cash flor cada año. Y los órganos de seguridad nuclear de Francia, Finlandia y Reino Unido denunciaron hace poco deficiencias en el EPR, el reactor que usarán las futuras centrales británicas. Y el antecedente finlandés, (donde la única central en construcción en Europa ha terminado con plazos y presupuesto triplicado y en manos de un árbitro internacional), han encendido las luces rojas al regulador inglés.

LA MESURA, OTRA VEZ,  POR ESTRATEGIA

Rindió ante Pierre Gadonneix las lanzas de los precios en la carrera por British Energy en 2008, pero Ignacio Sánchez Galán prometió no irse de los planes de Downing Street y el presidente de Iberdrola sigue dispuesto a demostrar que todos los atajos conducen a las nucleares británicas, sin pasar por el peaje de los 15.750 millones de euros que Electricité de France pagó en su momento por el acceso a BE y el 6% que vio esfumarse al revender el 20% en junio a Centrica, a cambio de un trueque en su filial belga. Iberdrola, en mayo, dejaba pasar la primera oportunidad para entrar en la carrera nuclear británica. El consorcio formado por la eléctrica española, el grupo francés Suez y la empresa escocesa Scottish & Southern Energy abandonó entonces la puja abierta por el Gobierno de Brown para ceder tres emplazamientos nucleares. La española no quería pagar más de 200 millones de libras por el terreno que más le interesaba (en Essex, al Este de Inglaterra), pero no renunció e octubre al sitio en el proceso por el que Reino Unido quiere renovar todo su parque nuclear. Aspira a la construcción de una central nuclear de 3.600 Mw, con la inversión a seis manos de e invertir 4.000 millones de libras.

Lo ha empezado a materializar junto con SSE y GDF en Sellafield, la plaza histórica de una de las primeras centrales nucleares del mundo, que empezó a generar electricidad en 1956. El ‘peaje’ de 70 millones de libras -un tercio de lo que la gala pretendía por su puja- les ha dado acceso a los ganadores en la puja de noviembre a uno de los mejores emplazamientos, hoy dedicado a almacenar residuos nucleares, que ya dispone de de la infraestructura necesaria para un nuevo reactor, podrá contratar personal especializado en la zona, y no afrontará una gran oposición social a su proyecto, ya que gran parte del empleo depende de la actividad nuclear.

Para Iberdrola, la llave al paquete de inversión nuclear diseñado por el Gobierno británico será sólo el principio de una partida que la española espera concluir en los muros de una nueva planta atómica. Una carrera en la que ya hace meses que EDF y el consorcio alemán formado por RWE y E.ON tienen sitio. Iberdrola con GDF-Suez y SSE se colocan ya en la salida para compartir los sitios nucleares de la Autoridad Atómica y las concesiones a las que está obligada British Energy -si le hicieran falta a medio plazo- y estarán a mano si EDF tiene problemas o da marcha atrás. Las prisas de GDF-Suez por estrenarse al otro lado del Canal de la Mancha (ahora que Sarkozy y EDF le han hecho sitio en un EPR galo), las urgencias de EDF y los recelos de Centrica a su desembarco en BE le despejan a Sánchez Galán las dimensiones de su alianza tripartita nuclear a la mesa de Gordon Brown. Iberdrola se guarda el ‘Plan C’: más allá de Sellafield, aún podría pujar por otras localizaciones que prevén poner en venta la NDA, EDF y RWE, aunque sea una opción menos interesante.

En 2011 incluso podrían aparecer otras oportunidades de compra de terrenos, a precios mucho más cercanos al de salida, con menos competencia -no se espera que EDF y RWE-E.ON compitan muy duro por más terrenos- quizá con la sueca Vattenfall como principal enemigo. El coste de esa estrategia para Iberdrola es que su parque nuclear funcionará más tarde que el de sus rivales, que contarán antes con la electricidad de los nuevos reactores para complementar su oferta. Pero en los diez años que cuesta construir una central atómica, Iberdrola espera enjugar parte de esa desventaja: hoy el coste supera los 3.000 millones de euros por cada reactor. La española, a la luz de la flexibilidad de la gestión de sus inversiones durante 2009, sólo tendrá que ajustar las inversiones al cash flow generado. Tiene en marcha un plan de reestructuración de deuda, para el que se seguirá recurriendo al mercado y para 2010 se realizarán emisiones en torno a 3.000 millones de euros, en función de la reducción de la deuda bancaria. EDF tiende, entre tanto, la mano atómica a los socios ibéricos: ya ha dejado claro que le gustaría reeditar en España una resurrección nuclear como la que cocina con Enel, pero no será por ahora. No, al menos, hasta que la alianza se pueda digerir a domicilio, en el mercado español.

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