edición: 2783 , Viernes, 16 agosto 2019
22/02/2016
Expectación económica

Los empresarios se posicionan por el temor a la reversión de las reformas estructurales

Moody’s sitúa en cuarentena las reformas aprobadas y duda de su continuidad en el futuro Gobierno
Juan José González
Las calificadoras de riesgo irrumpen en el tiempo de espera de la formación de Gobierno tras las elecciones generales. No es la primera vez -ni la segunda- que una agencia de rating aparece de forma oportuna -y seguramente interesada- en un momento clave en la escena política. De esta práctica nada casual y muy comercial, se tienen numerosos antecedentes. El viernes pasado, Moody's dio a conocer que mantenía la nota de la deuda soberana española en Baa2, al tiempo que rebajaba su perspectiva de positiva a estable. No es un detalle menor -tampoco un aviso de gravedad- pero constituye un síntoma, un indicio que se manifiesta, precisamente, en el escenario político de las conversaciones y movimientos previos a un posible acuerdo para la formación de un Gobierno. Las dudas de la agencia sobre las reformas en España seguramente coincidirán con las opiniones empresariales que se conocerán mañana.
Más importante que el aviso son, sin embargo, son las dudas de la agencia sobre la continuidad de las reformas pendientes, incluso, con independencia del color del futuro Ejecutivo. Hace la agencia especial hincapié en que ve improbable que se adopten nuevas reformas estructurales en los tres o cuatro próximos años, lo que equivale a decir que sus analistas se temen un freno reformista inmediato en las reformas económicas, sociales y laborales en el corto y medio plazo, y sin descartar tampoco el largo plazo. La opinión de la agencia sigue estando alineada con la política económica propiciada por Bruselas y adoptada por el Ejecutivo español en los últimos años, con gran protagonismo de las políticas reformistas. Estas mismas son ahora el principal blanco de los ataques de las formaciones que pueden llegar a corto plazo a encabezar el próximo Ejecutivo.

Del frenazo en las reformas que prevé la calificadora, dependen las previsiones de crecimiento futuro de la economía, avance del PIB en el que la agencia no confía demasiado pues cree que se debe más a una cuestión cíclica que estructural, como se empeña en `vender´ el Gobierno en funciones. Por eso, las dudas sobre el origen del avance económico, unido a la desconfianza en que un nuevo Ejecutivo logre controlar las finanzas regionales en el objetivo de `obedecer y cumplir´ con el gasto fiscal, lleva a conclusiones nada halagüeñas sobre el futuro de la deuda soberana. Una situación especialmente negativa si se tiene en cuenta que las prisas y la urgencia en la acción de Gobierno han desaparecido como prioridades de una agenda política más centrada y exigida por los movimientos para formar Gobierno.

Por si no fuera suficiente, los analistas de Moodys desconfían no sólo de la voluntad del próximo Gobierno -probablemente de centro izquierda- en la adopción de nuevas reformas estructurales, sino también en revertir algunas de las ya en marcha y que, como la laboral, están en lugar preferente de los programas electorales de las nuevas formaciones. Todo parece aliarse para presionar sobre la deuda pública y, por extensión, también sobre la reforma de las pensiones, estas cada vez más necesitadas de los menguantes fondos de reserva de la Seguridad Social. 

Por otra parte, el tiempo `extra´ o añadido con el que ha contado el Ejecutivo en funciones puede haberse desaprovechado -como así parece- si el próximo Gobierno central no emplea los mecanismos legislativos de los que dispone para conseguir `disciplinar´ a los Gobiernos regionales en el cumplimiento de sus compromisos fiscales. En este sentido, los aspirantes a formar Gobierno no deben dejar pasar la oportunidad de aprovechar la inercia -cada día menor- positiva de la actividad económica, teniendo en cuenta que esta última ha gozado en los últimos tiempos de las tensiones de los mercados, una ventaja que toca parece tocar en breve a su fin.

Es probable que las opiniones de la calificadora que acaba de rebajar la perspectiva de la deuda soberana española, no encuentren respuesta de ninguna de las formaciones políticas, lo que no debe restar importancia a la nota asignada ni a sus opiniones, pues se trata de la agencia habitualmente más exigente, concluyente y contundente con las opiniones respecto a España.

Por cierto, mañana martes, se podrá escuchar una voz con mucho más peso e influencia que la tres calificadoras juntas; la de los empresarios, a la que seguramente sí darán respuesta las principales formaciones políticas, no sólo en el interés de todos, sino porque ¿a quién, si no es a los empresarios, piensan acudir los hoy aspirantes a gobernar el país para mantener y crear empleo? Al final todo cuenta.

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