edición: 2349 , Miércoles, 22 noviembre 2017
23/10/2017
banca 
Concentración bancaria sí, pero depende

Los Estados se resisten a perder la `propiedad´ nacional de sus bancos

El intervencionismo estatal es reactivo en el sector financiero y, en cambio, permisivo en el industrial
Juan José González
El mercado europeo parece ser el escenario elegido por la coyuntura económica y política como el escenario donde tendrán lugar las mayores concentraciones empresariales, tanto industriales como de servicios financieros o bancarios. Algunas ya han comenzado a salir a la palestra, caso de la fusión de Siemens y Alstom y la más próxima por actualidad y lugar como es la pretendida española Abertis por la pretendiente italiana Atlantia y el cruce de ACS con sus propias pretensiones. Otras grandes compañías industriales y de servicios telemáticos se están moviendo en la sombra, con discreción en busca de una fusión trasnacional. En el sector financiero, la banca analiza, sondea y calcula, pero sobre todo reflexiona en sus consejos de administración. Sin embargo, un atento observador permanece inquieto; el Gobierno no quiere perderse ningún movimiento empresarial que implique la pérdida de `control´ nacional, y vela para evitar la pérdida de la `propiedad´, de la nacionalidad o sede de las grandes empresas. Los Estados se resisten a aceptar idea de las autoridades europeas partidarias de las grandes fusiones trasnacionales. Resistencia que puede retrasar, entre otros, el proyecto de Unión Bancaria.
Los Gobiernos maniobran en actitud de resistencia para evitar la pérdida de control de sus empresas estratégicas. Energía, defensa, telecomunicaciones, defensa, infraestructuras, transporte, incluso el sector financiero, la banca, se convierten en sectores donde sus empresas son susceptibles de alguna singularidad que justifica un interés nacional, estratégico. Y así, algunas operaciones empresariales en marcha acaban siendo objetivo de intereses nacionales, en cuestiones de Estado.

Es cierto que no todos los Gobiernos europeos han reaccionado como protectores -intervencionismo- de sus empresas -industrias o bancos- de igual forma. Pero en todo caso, compras, fusiones o alianzas trasnacionales en el sector energético, petroleras, gasistas, eléctricas, etc. como también en el sector financiero, bancos, siempre han encontrado obstáculos, inconvenientes, incompatibilidades y, finalmente, prohibiciones. Las actitudes proteccionistas se han convertido a la postre en elementos de resistencia y freno de concentraciones empresariales. Actitud que no evita la existencia de algunas contradicciones.

Es el caso de las fusiones empresariales entre Siemens y Alstom, una alemana y otra francesa que, de forma individual, `se escapan´ del control de estatal, en esta ocasión, el francés, Paris, gana más negocio, los accionistas franceses también en tanto es el germano, el Estado o la nacionalidad `perdedora´-se entiende que- en beneficio de otro. Pero en la práctica, sucede lo contrario: la alemana tendrá más poder en el futuro grupo aunque no tendrá el control, que, a cambio, dirigirá un francés y cotizará en Francia.

Este tipo de fusiones empresariales y sus resultados, parece que están siendo admitidos por los Estados a regañadientes, con obstáculos y requerimientos que tienden a poner a prueba la solidez y el aguante de los interesados, pero que acaban en buen puerto. Otro asunto son los movimientos en el sector bancario, nada que ver porque aquí los obstáculos son muy altos y suelen colocarse uno tras otro. Las autoridades `locales´, los Gobiernos, no quieren perder el control, la propiedad nacional entendida como una cuestión de Estado, con sede en suelo patrio y con primer ejecutivo y gran número de vocales nativos.

Es un serio inconveniente que no permite avanzar en el proceloso camino de las grandes fusiones bancarias trasnacionales. Los Estados tienden que no se pueden quedar sin, al menos, un gran banco nacional, como si fuera a quedarse sin el aval o sin la caja necesarios en caso de alarma o necesidad nacional. Son sensaciones que, en la práctica, están retrasando la puesta en marcha del ambicioso proyecto de Unión Bancaria Europea que tanto aseguran anhelar las autoridades europeas. Estados que por un lado desean un sector bancario europeo fuerte para competir con americanos y asiáticos pero que por otro sienten el miedo a la pérdida de la autonomía financiera. Así será imposible que Europa cuente con grandes conglomerados bancarios ni Unión Bancaria, pero en cambio sí con grupos industriales de peso. Lo cual no se entiende muy bien.

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