edición: 2493 , Jueves, 21 junio 2018
16/09/2009
Vienen sólo a ver

Los fondos soberanos en Madrid -de nuevo- de compras

En esta ocasión, la entrada de dinero sería más un alivio que un problema
Juan José González

En plena crisis. Los fondos soberanos contraatacan. La semana pasada aterrizaban en Madrid representantes del fondo soberano de Kuwait para mantener reuniones de trabajo con intermediarios financieros de la capital. De la mano de una sociedad de valores es previsible que permanezcan en la ciudad durante los próximos días. En principio, nada hace sospechar que deban activarse las alarmas oficiales, aquellas que hace más de un año llevaron a Pedro Solbes a poner problemas para que uno de estos fondos –entonces era de Singapur- presentase una oferta de adquisición por una de las energéticas españolas, Unión-Fenosa. Pero en esta ocasión, el escenario es diferente al de hace 14 meses. Los fondos soberanos se caracterizan por anunciar que han adquirido una posición minoritaria en una compañía, generalmente, de gran influencia en el sistema productivo de un país, y rara vez, anuncian que vienen a adquirir, a preguntar o negociar. Parece ser que en esta ocasión vienen sólo a ver.

Interesados en nuevas tecnologías, alimentación y cualquier actividad que empiece por ‘bio’, los objetivos cotizan en el Ibex. Pero para alguna de ellas es necesario un ‘permiso’ administrativo, el mismo que en su día negó Solbes. Eran otros tiempos, las cuentas públicas no hacían aguas, ni sangre. Ahora se necesitan recursos, sino hasta el extremo de permitir vengan de donde vengan, sí se ven con mejores ojos, porque al final todo es negociable. Si un fondo soberano aterriza en Madrid para invertir 12.500 millones de dólares, por ejemplo, al igual que saudíes y chinos hicieron en Citigroup, podría parecer ‘un feo’ al capital de un pueblo que, como Arabia Saudí, siempre se ha considerado como un pueblo amigo –hermano para nuestro monarca- y, por tanto, no están los tiempos para perder amistades.

La capacidad inversora de los fondos soberanos, con patrimonios de tamaño sideral, resulta un insulto para economías del tamaño de la española: un fondo puede adquirir dos o tres PIB de países de la UE, excluidos los del Este. Vienen, de nuevo, a invertir en empresas, en las que pretenden, dice su ‘argumentario’ ideológico de negocios, con vocación de muy largo plazo, y para nada de control. Algo que en principio no debe asustar, porque no deja de ser una declaración de ‘paz duradera’. Pero ¿qué sucede mientras tanto? es decir, en el transcurso de ese largo plazo. La pregunta se la hicieron hace dos años muchos jefes de Estado y de Gobierno, como el presidente Sarkozy o la canciller Merkel, quienes optaron por las barreras –barricadas- legales para impedir que los fondos en cuestión se hicieran con el control de químicas, energéticas, alimentarias, automóviles, tecnológicas… etc.

Las barreras se transformaron en normas que consagraban el derecho a veto sobre cualquier compra alemana o francesa por parte de un inversor estatal extranjero, y se ampliaba el veto incluso a la adquisición por parte de empresas extranjeras con participaciones en compañías nacionales. Y ahí se acabó el asunto. En EE UU no legislaron al efecto pero adoptaron la fórmula del ‘fuera de juego’, por la que a la intención de compra de un banco o empresa norteamericana le oponían una oferta de otra compañía también norteamericana, caso de la hipotecaria Countrywide, en serios apuros financieros, y a la que Bank of America acudió a su auxilio.

En general, a todos los gobiernos les preocupa lo mismo, esto es, la capacidad de control e influencia política y económica que adquieran en función de su posición societaria y empresarial o, dicho de otra forma, cuanto mayor sea el control de estos fondos en compañías locales, mayor será la preocupación de los gobiernos. Estos a su vez, han venido presionando a la Comisión Europea para que se recojan algunos criterios de salvaguarda sobre los intereses empresariales de los miembros, pero la Comisión intuye un ánimo proteccionista en las demandas gubernamentales, así que no será fácil que estas peticiones acaben por recogerse en una directiva.

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