edición: 2308 , Jueves, 21 septiembre 2017
21/10/2014
Hacer frente a la recaída

Los Gobiernos europeos apuntan al BEI como último recurso

Es la hora del cambio, inversión con dinero público nuevo, sin aumentar déficit ni deuda
Juan José González

No va a ser fácil que las autoridades españolas pasen más allá de tomar nota y un ya veremos. Las reclamaciones que con tanta insistencia realiza el Fondo Monetario Internacional en los últimos tiempos a España, llevan camino de la nevera, lugar en el que también permanecen las mismas sugerencias  a Italia y Francia. Porque destaca el organismo la "tremenda efectividad" de las reformas laborales y de la recapitalización de la banca, dando a entender que una reforma fiscal que favoreciera la contratación de jóvenes, tendría la misma o mayor eficacia. Sin embargo, ni es tan fácil como sugiere el Fondo como tampoco vaya a ser posible que las autoridades españolas asientan y reformen sin más. Desde el verano pasado, el Ejecutivo español funciona en clave preelectoral, luego parece improbable que se vayan a producir en los próximos meses movimientos económicos que añadan más problemas de los existentes a un Gobierno muy necesitado de gestos y medidas para atraer votos.

 Y mucho menos con una amenaza cierta de recesión a la vuelta de la esquina. Por todo, no debe extrañar que el Gobierno dude ante la posibilidad de evitarla, aunque para ello sea necesario el arranque de la inversión pública.

La duda deberá ser resuelta en breve, mejor antes de final de año porque el tiempo corre en contra del Ejecutivo. Varios socios de la Unión se están planteando la posibilidad de responder de forma individual a los nuevos riesgos; la deflación y la tercera versión de la recesión. Las políticas de austeridad aplicadas como solución global para salir del atolladero, parecen estar agotadas; en su agotamiento se muestran insuficientes para resolver los problemas crónicos de la economía. El Gobierno español parece observar los movimientos de sus socios en la Unión, pero se desconoce hasta dónde sería capaz de seguirles en sus pasos.

Déficit, deuda y desempleo, las tres `des´, que no dejan dormir a las autoridades, llevan camino de una nueva reflexión. Las condiciones extraordinarias de financiación que ofrece actualmente el mercado y el BCE, son una tentación para los Gobiernos y un motivo para alimentar las dudas. Condiciones que se presentan como la mejor ocasión para cambiar de política económica, abandonando o graduando la intensidad de la austeridad, practicada en los últimos ejercicios y optando por asumir mayores riesgos, por la inversión pública. Y la oportunidad no es otra sino esas condiciones financieras extraordinarias de las que se sabe no son eternas en el tiempo, no durarán toda la vida. Por tanto, habrá que pensar en que puede ser el momento de hacer algo diferente para obtener también un resultado mejor.

Coinciden las dudas de las autoridades en un ambiente decaído, con Francia e Italia situadas en posiciones tácticas, mostrando la falta de entusiasmo y en actitud claramente de brazos caídos ante las reformas: se puede decir que hoy por hoy no están dispuestos a llevar a cabo más reformas estructurales como las demandadas por la Comisión Europea, el FMI y la OCDE. Las fuerzas políticas dominantes en los países con desequilibrios laborales y financieros, se resisten a poner en marcha nuevas reformas. Por motivaciones similares aunque en algún caso singular, los Gobiernos acaban apelando a necesidades de política interna para justificar su actitud y, caso del español, frenar las reformas del mercado laboral.

Aprovechar las excepcionales condiciones de liquidez que  favorece la política monetaria del BCE, debería estar ahora en el centro del debate público, puesto que la abundancia monetaria con tipos excepcionalmente bajos, aunque de largo plazo como ha asegurado el banco central, no será eterno, incluso, cabe la posibilidad de que el plazo de tipos bajos no sea tan prolongado como han calculado algunos Gobiernos. Y pensando en un nuevo escenario en el que la inversión pública tuviera un papel relevante en la economía para evitar la desaceleración, el Banco Europeo de Inversiones debería ser la institución motor de la nueva etapa, aunque también para ello debería contar con mayores aportaciones de todos los socios.

La cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la eurozona, que se producirá el próximo viernes, será la ocasión de oro para plantear la forma de impulsar la inversión pública y privada. De la reunión deberán salir algo más que intenciones y recomendaciones; deben salir acuerdos y planes para que a través del BEI se inyecten en el mercado recursos financieros para proyectos de fuerte repercusión sobre la economía y a su vez sobre el empleo. Y aunque parece haber coincidencia en el objetivo final, no sucede lo mismo en las cifras que se barajan, pues 300.000 millones de euros será difícil hacer frente a la tercera recesión. Están obligados a tomar más riesgos, eso sí, sin aumentar el déficit ni la deuda, sólo con dinero público nuevo del BEI.

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