edición: 2385 , Martes, 16 enero 2018
29/10/2009
La banca lanza una señal de alarma frente a la ola reguladora

Los gobiernos se disponen a concertar normas estrictas para el sector bancario

Algunos bancos -de inversión- vuelven a las andadas: titulizan pólizas de vida
Juan José González

La misma duda de Hamlet es la que parece tener atrapados a nuestros gobernantes a propósito de la conveniencia o no de poner en marcha esas reformas normativas que en abstracto se pregonan al aire a modo de globos sonda. Regular o no regular, esa es la cuestión. Y como en todo, hay partidarios y detractores, aunque en esta ocasión parecen abundar estos últimos por encontrarse más cerca de la cautela y de la prudencia. Se trata de poner remedio a los males, a las causas y a sus efectos, todo al mismo tiempo y de golpe, de la crisis financiera. El debate se presenta interesante: FMI, BCE y otros organismos internacionales, llevan presionando desde hace muchos meses para que las veinte, o veinticinco, potencias económicas impulsen desde el G-20 una nueva ola de reformas financieras, orientadas a corregir excesos y a prevenir y evitar que se vuelva a repetir otra crisis con ‘riesgo sistémico’ como la vivida recientemente.

Ayer, el consejero delegado de Santander, Alfredo Sáenz, advertía sobre lo que se considera un debate abierto que cobrará fuerza en los próximos meses: el riesgo sistémico en el sector financiero. Si se esta de acuerdo en que las causas de la crisis financiera ha sido la falta de regulación de los nuevos instrumentos y la larga etapa –años y años- de desregulación de los mercados, lo lógico es pensar que la solución a todos los males que aquejan a las finanzas, a sus instituciones y al sistema mismo, pasa por regular y regular. Pero cómo, cuándo y cuánto, es otra cuestión que Hamlet podría resolver.

Decía Sáenz que de todas las noticias que llegan últimamente al mercado referidas a las entidades financieras, destaca un ‘head line’ común, algo que ya se puede decir que se ha consolidado como tendencia; mayores requerimientos de capital. Y por ahí vendrán los tiros en los próximos meses por exigir más capital a las entidades, en particular a aquellas de las que se dice que son capaces de generar ‘riesgo sistémico’. Aunque Sáenz advierte de que ojo con este concepto pues “el mayor tamaño no equivale a riesgo sistémico”. Y no le falta razón al banquero del Santander, sino “recordar que para riesgo sistémico el del Norther Rock” una pequeña entidad que quién lo diría, pero la armó casi más que Lehman Brothers.

La imparable ola de reguladora que viene, contempla un sinfín de áreas: desde esos mayores requerimientos de capital –algo que se da por seguro- incluso para aquellas entidades que no se lleguen a tipificar como potenciales creadores de riesgos sistémicos, hasta la puesta en marcha de un sistema de provisiones contracíclicas para todos los mercados, pasando por un aumento de las condiciones –restricciones- para sacar activos del balance y como no, limitar hasta donde se pueda y más las retribuciones de los ejecutivos del sector financiero, aspecto este que, según confirmó ayer Sáenz el Banco de España ya ha enviado una carta a, se supone, toda la banca española, el Santander entre ellos. Como se verá, una amplia gama, pero muy concreta de propuestas  regulatorias entre las que no falta la puesta en marcha de nuevas instituciones de control, agencias de protección de inversores, organismos de intervención mundial e incluso, agencias oficiales, o públicas, de calificación de riesgos.

Pero del dicho al hecho hay un trecho y este puede ser muy largo. Es fácil proponer nuevas reglas y lanzar ideas para un mundo mejor, en el que las entidades financieras vivan y convivan en paz y armonía, pero no es resulta tan sencillo que ideas y propuestas progresen. Los gobiernos tienden a proteger a los suyos; un banco acaba siendo un súbdito cuando tiene problemas, para bien o para mal. Y los acuerdos que se forjan en los hornos de las grandes conferencias, además de imperfectos siempre acaban llegando tarde, no son inmediatos. Así que la guerra por poner en marcha una nueva, o cualquiera, regulación financiera, será larga y muy disputada. Larga porque los frentes abiertos en una crisis global son múltiples, larga porque los gobiernos deben someter a sus parlamentos –frente político- cualquier nueva normativa y reformas de las leyes, los gobiernos tienen su oposición y en cada Estado actúan los lobbies financieros (y bancarios) que también tendrán algo que decir.

Y por otra parte, regular en plena crisis no parece lo más adecuado ni conveniente, Sáenz dice “mejor esperar a que escampe, no la vayamos a liar más”, y no le falta razón, aunque siempre hay que pensar que de esta situación hay muchos que sacan rédito. Los supervisores identifican diariamente nuevas prácticas, creaciones e innovaciones de nuevos instrumentos. La contabilidad ha vuelto –si es que se ha ido alguna vez- de nuevo y es para quedarse por un tiempo, se advierte en el mercado, asegura el supervisor español, nuevas acumulaciones de riesgos en derivados. O como constata un experto del sector, ya no se tituliza sobre hipotecas, ahora la moda la titulización de pólizas de vida. Por innovar que no quede.

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