edición: 2361 , Lunes, 11 diciembre 2017
26/09/2017

Los grandes empresarios alemanes advierten de que el nacionalismo puede socavar su comercio exterior

Rompiendo con una tradición de mesura y silencio la entrada al parlamento de AfD provoca reacciones
Carlos Schwartz
Tras el resultado electoral de este fin de semana en Alemania que ha dado el triunfo a la canciller Angela Merkel de la CDU pero que ha dejado en tercer lugar con más del 13% del voto al partido de extrema derecha Alternativa por Alemania (AfD por sus siglas en alemán) algunos grandes empresarios del país han roto una tradición de mesura y silencio ante los acontecimientos del país advirtiendo que la presencia de la tercera fuerza en el parlamento con más de  90 escaños puede afectar a la vida económica del país. Merkel, en declaraciones al comienzo de la semana admitió haber polarizado al país por su política de inmigración y refugiados que ha permitido la entrada al país de un millón de desplazados en dos años. Pero el problema clave es que el partido socialdemócrata (SPD) ha anunciado que no formará una coalición con la CDU lo que deja a la canciller en la tarea de lograr un acuerdo con dos partidos casi antagónicos, los liberales demócratas (FPD) y los verdes.
En estas condiciones y bajo la presión de un grupo parlamentario nacionalista que se ha nutrido de la orientación política de la coalición hasta el domingo en el Gobierno, puede llevar a un gabinete de coalición a una política de defensa de los intereses nacionales, proteccionismo y menor integración europea pese a todas las promesas hechas por la canciller en las semanas previas a las elecciones. Es ante esta posibilidad que han reaccionado algunos de los grandes empresarios del país.

Las asociaciones patronales coincidieron en señalar que Merkel debe formar una coalición que se centre en mejorar las condiciones para hacer negocios dentro de Alemania, incluida una reforma fiscal y las ayudas necesarias para que el país recupere terreno en la transformación digital de la industria y el comercio. Pero también manifestaron de forma abierta su preocupación porque las presiones de AfD sobre el ejecutivo lleven a la adopción de medidas nacionalistas y proteccionistas.

El consejero delegado de Volkswagen Matthias Muller afirmó en una declaración que la irrupción de AfD va a “poner a prueba nuestra democracia” y dijo estar conmocionado por la capacidad del partido de ultraderecha para ganar votos. “En el mundo globalizado de los negocios una política que intenta mejorar las posiciones de un país sobre la base de empobrecer a los demás así como el proteccionismo son un callejón sin salida... es una política que acaba en la pérdida de puestos de trabajo”, afirmó el ejecutivo.

En parte, el mundo empresarial se muestra alarmado porque el resultado electoral de los dos grandes partidos, el conservador y el socialista, es el peor para ambas formaciones en los últimos 49 años. La presencia en el parlamento de un grupo de ultraderecha es un serio llamado de atención para una nación que pretendió conquistar el mundo bajo el mando del canciller Adolf Hitler quien empezó una carrera política caricaturizada por los grandes partidos pero que acabó en el parlamento con un sólido grupo y fue encumbrado canciller en 1933.

El ministro de Asuntos Exteriores de Alemania, Sigmar Gabriel, afirmó que “Por primera vez desde el final de la segunda guerra mundial tendremos verdaderos nazis sentados en el parlamento”. La mayoría de los analistas no ha ido tan lejos como Gabriel, pero la realidad es que el centro político del país se ha encogido, no solo por la derecha, también por la izquierda con el 9% del voto que ha obtenido el partido considerado de extrema izquierda Die Linke. Es decir que Alemania ha dejado de ser el país que escapó hasta ahora al auge de las nuevas formaciones políticas calificadas de populistas.

En el caso de Daimler no fue su consejero delegado, Dieter Zetsche, quien hizo la declaración sino su portavoz quien recordó que la empresa está comprometida “con un orden constitucional liberal democrático”. “Para nosotros eso quiere decir respetar los derechos humanos y básicos, defendiendo los principios democráticos así como el imperio de la ley sosteniendo una economía social de mercado y una Europa unificada”.

El presidente de la Federación de la Industria Alemana (BDI, por sus siglas en alemán) Dieter Kempf afirmó que el partido AfD se oponía a todas las cosas que hacen de Alemania un país con una economía fuerte y que el país debía defender su apertura y mantener su fuerza. También se sumó a las manifestaciones de repudio a la política de AfD la principal asociación del sector de las empresas de ingeniería VDMA que rechazó el nacionalismo anti europeo del partido de derechas y afirmó en un comunicado que “los mercados libres y las sociedades abiertas crean prosperidad y trabajo. Nadie ha avanzado nunca aislándose dentro de su país”.

Un motivo de preocupación es la evolución de AfD desde una organización de derechas que agrupaba a los intelectuales conservadores bautizada como el “partido de los profesores” que reaccionaban con malestar frente a la participación alemana en el saneamiento de las economías europeas hasta el partido que es hoy en día. Algunos observadores señalan que esta evolución es en parte resultado de la ola de refugiados, en su mayoría musulmanes, acogidos por Alemania como resultado de la política de fronteras abiertas de Merkel en los últimos dos años.

Pero la filtración de correspondencia interna del partido AfD ha permitido tener un pantallazo de los criterios internos. Un correo electrónico de la dirigente Alice Weidel calificó al Gobierno alemán de “marioneta de las potencias vencedoras de la segunda guerra” mientras que el otro máximo dirigente Alexander Gauland afirmó que los alemanes tienen el derecho de estar orgullosos de sus soldados en las dos guerras mundiales. En este clima un grupo parlamentario encabezado por Gauland y Weidel va a someter a mucha presión a una coalición de gobierno encabezada por Merkel. Hasta ahora en Alemania no se había producido el fenómeno de descomposición de los partidos del centro y de la aparición de fuerzas marginales populistas o de extrema izquierda. AfD todavía es solo la tercera fuerza política del país. Pero su aparición “normaliza” la vida política germana respecto de otros países como Reino Unido o Francia en los que las fuerzas populistas se exhiben desde hace tiempo.

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