edición: 3023 , Lunes, 3 agosto 2020
04/10/2016
banca 
Amortizan deudas

Los hogares españoles renuncian al crédito y sanean sus cuentas

Buen arranque para salir de la crisis, con la economía familiar mejor preparada para invertir, tan sólo a la espera de que se despeje el escenario político
Juan José González
El estado de ánimo de las familias españolas se parece cada vez más al de los inversores, incluso podría equipararse. El registro del saldo vivo de crédito a las familias se reduce y marca un mínimo de diez años, lo que significa que las familias mantienen su decisión de soltar lastre, asegurar la situación financiera de sus cuentas e insistir en el desendeudamiento. Los datos del Banco de España constatan que en el mes de agosto esa tendencia de caída del endeudamiento no sólo se mantiene si no que se acelera y es mayor aún que la registrada desde el mes de mayo de 2006. Cae también el crédito hipotecario (en agosto nuevo mínimo desde 2008) y se resiente el crédito al consumo, que certifica su segundo mes consecutivo a la baja. La situación ofrece la paradoja de que lo que es bueno para las familias -menos deudas- no lo es tanto para la economía, si bien unas y otra viven una situación similar como víctimas de la incertidumbre política nacional y de la inquietud financiera mundial.
En cualquier caso, la lectura de esa caída del endeudamiento de las familias españolas, no parece ser una mala noticia o, si se mantiene, una praxis, habida cuenta del escenario presente, en el que no abundan, precisamente, los signos económicos (sociales y políticos) generadores de confianza ni tampoco elementos que sirvan para despejar las incertidumbres. Y esta situación se puede aplicar tanto a los inversores privados como a los hogares y familias. El desendeudamiento familiar forma parte del más general y voluminoso del sector privado, con una particularidad, como es la de producirse en un escenario con tipos de interés históricamente más bajos e incluso negativos. Por tanto, se puede afirmar que ante una reactivación de la economía, en un escenario de mayor confianza, cabe pensar que las familias se apuntarían a la tendencia alcista en condiciones más saneadas, tal y como muestran los niveles actuales de endeudamiento privado.

No es, sin embargo, el único dato curioso que se desprende de la nueva estadística del Banco de España, pues en el caso del crédito hipotecario éste se mantiene a la baja completando nada menos que 64 meses de caída desde abril de 2011 (con un mínimo en 2006 con 549.555 millones de euros). La caída del crédito hipotecario se produce, curiosamente, en un momento clave para el sector bancario, en plena `venta´ u oferta de hipotecas con el Euribor en negativo y en competencia directa con el crédito al consumo.

Son cifras que muestran el comportamiento de las familias y, en concreto, su actitud ante la situación económica española. En un primer momento, o fase, de la crisis que comenzó en 2008, los hogares extremaron las cautelas cortando fuentes de gastos. Pero a medida que avanzaba la crisis, han profundizado en la misma tendencia, amortizando deuda y cerrando la puerta a nuevas aventuras de financiación, en definitiva, renunciando al crédito hipotecario y al consumo. De esta forma se llega a una situación en la que, como la actual, impera la incertidumbre motivada por el parón de las decisiones de un Gobierno en funciones.

La parálisis de la vida política de los últimos meses ha impactado de lleno en la actividad económica, y al mismo tiempo se ha dejado sentir en el comportamiento de los consumidores, de los hogares españoles, que han frenado, de la misma forma, decisiones de inversión y, por tanto, de demanda de financiación, decantándose más hacia la amortización de las deudas pendientes. La paradoja es llamativa por cuanto revela que el mejor estado de las finanzas familiares, reducción de deudas en los últimos meses y, en especial en fechas recientes, tienen lugar en medio del descontento general del sector financiero por la política monetaria del Banco Central Europeo así como por el impasse de la vida política española y su contagio a la economía.

La actitud de los hogares españoles ante este escenario de incertidumbre política puede resultar, además, doblemente positivo si se tiene en cuenta que el tradicional endeudamiento de las familias españolas estaba situado por encima de la media del registrado por los hogares del resto de Europa, una posición que parece haberse modificado con la nueva actitud de los consumidores reduciendo las deudas y vendiendo activos. De ahí que ahora, si las autoridades políticas lo permiten desatascando la situación y regresando al trabajo político, el consumidor o los hogares españoles se encuentren mejor posicionados para un arranque de la economía. Al menos, no se habrá perdido todo el tiempo.

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