edición: 2494 , Viernes, 22 junio 2018
31/05/2017
banca 
Fuera de la ley hasta 2018

Los intermediarios no financieros, aliados para canalizar crédito pero fuera de control

Las autoridades bancarias desconocen el riesgo de los nuevos competidores -las fintech- y les preocupa la falta de supervisión
Juan José González
Hace tiempo que la actividad financiera soportada por nuevas compañías no bancarias sino sencillamente propietarias de innovaciones tecnológicas aplicadas a la banca y a las finanzas -las fintech- preocupa a las autoridades supervisoras y reguladoras en el Banco Central Europeo. Preocupa también su intermediación a las grandes entidades por cuanto su actividad es competencia directa y resta negocio y clientela. Aunque en general la actividad de las fintech supone un nuevo riesgo en marcha, otro más, funcionando en el sistema financiero y en la economía en sentido amplio. El tamaño de los nuevos intermediarios no bancarios es cada vez mayor, más potente y con mayores recursos, luego crece la competencia, se van más clientes y los riesgos son también mayores. Y parece que siguen, se podría decir, en cierto sentido, al margen de la ley, de la misma ley y leyes que los reguladores y supervisores aplican a las entidades típicamente bancarias. La creciente preocupación de las autoridades por fijar algunos límites (marco prudencial) a las entidades intermediadoras no bancarias alimenta una vieja sospecha al respecto: el BCE podría haber llegado tarde en algún caso de riesgo tras haber sobrepasado la zona de peligro.
En principio, las autoridades financieras no adoptaron una postura crítica respecto a la tímida intermediación que realizaban las hoy denominadas `fintech´. Esto fue así hasta que el BCE identificó un fraude en una de ellas y, posteriormente, estructuras piramidales en otras. Considerados como sucesos puntuales, los intermediarios no bancarios continuaron a lo suyo, crecimientos individuales sin grandes problemas, beneficios y nueva clientela. Hasta que uno de los gigantes de la tecnología y la innovación digital como Google en 2016 tuvo que suspender varios servicios por problemas financieros.

Fue el caso más reciente que se recuerde el que puso en guardia a los supervisores, pues, como en su día no dudó en reconocer Mario Draghi, los problemas de uno de los grandes tecnológicos y operador en servicios financieros, dejó en jaque al banco central, que no detectó ningún nivel de riesgo y que, incluso tras el susto, confesó desconocer el origen de los problemas del gigante tecnológico. Draghi, en su reciente gira en visita a los supervisores locales europeos, se mostrado inquieto porque está comprobando que las entidades no bancarias y con tecnologías innovadoras son cada vez mayores en el ámbito geográfico (la Red es global) y sus mayores son también sus riesgos en la medida en que cada vez con mayor frecuencia intermedian operaciones de fuerte volumen y cada vez más son demandados sus servicios por parte de las pequeñas empresas, autónomos y hogares, en particular, en la operativa de pagos y al alza la de crédito.

Es como para estar preocupado, habida cuenta de la dificultad que entraña la ausencia de control sobre estas compañías (grandes y pequeñas) al no contar con un marco regulatorio específico para las fintech así como tampoco cuenta el propio supervisor con las herramientas más adecuadas para supervisar y gestionar los riesgos. Y los riesgos descontrolados de las fintech afectarían a la estabilidad del sistema financiero y de la economía en su sentido más amplio. De ahí la necesidad declarada del supervisor en adaptar la normativa actual vigente para las entidades bancarias a las fintech, una labor que puede mantener ocupado al BCE en los próximos meses si, como se prevé, la adaptación del marco regulatorio a las empresas no financieras deberá entrar en vigor en el primer trimestre del próximo año.

Y como no hay mal que por bien no venga también en el sector financiero, la proliferación de sociedades fintech y las tecnologías blockchain, están llamadas a jugar en el corto plazo un papel como intermediarios ágiles en la canalización del crédito a las empresas y hogares y, por tanto, como transmisores de las condiciones de financiación del BCE. Otro asunto son los costes para el cliente final, otro la rentabilidad para el intermediario y otro, finalmente, la seguridad del supervisor para controlar el riesgo. Para lo cual se hace imprescindible que las fintech se encuentren adaptadas al marco regulatorio de las entidades financieras.

Si bien el banquero de banqueros Draghi advierte de los peligros de las nuevas tecnologías aplicadas al sector financiero, y preocupado que está ante esta nueva clase de empresas cuya actividad es el negocio de la intermediación de crédito a las familias y a las empresas, no termina de señalar a qué peligros concretos se refiere. En caso de conocerlos debería ponerles nombres y apellidos pues, en tanto que riesgos financieros, seguramente serán conocidos por el BCE.

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