edición: 2808 , Viernes, 20 septiembre 2019
27/05/2013
La norma comienza su trámite parlamentario

Los internautas critican una Ley de Apoyo al Emprendedor que llega `tarde y mal´

Se reclaman medidas pendientes, como cuotas a la Seguridad Social mucho más reducidas para autónomos o incentivos fiscales claros y generalizados
La falta de claridad y de diálogo con representantes de pymes y autonomos, junto con la fecha en que llega la norma, son algunas de sus grandes taras
ICNr

La necesidad de proteger a los negocios que siguen en pie tras lo que va de crisis, unida a la de animar a los ciudadanos a lanzarse a la aventura emprendedora para alimentar el maltrecho tejido empresarial, son la razón de ser de la esperada Ley de apoyo al Emprendedor y su Internacionalización. Sin embargo, los internautas tienen muy claro que, por muy loable que sea el objetivo pretendido, la norma llega muy tarde y mal. Hay muchas propuestas que vienen repitiéndose desde hace meses, si no años, desde los representantes de grupos como pymes o profeisonales autónomos, que no se han visto atendidas con el texto que –ahora- inicia su tramitación parlamentaria. Todas ellas con un foco en común: reducir la carga económica que supone sacar adelante un negocio, ahora y en cualquier fase del ciclo económico. 

La norma –Rajoy prometió aprobarla durante su primer año de legislatura- verá la luz previsiblemente durante el segundo trimestre de este año y dará lugar a novedades tan vitales para los pequeños empresarios como el nuevo criterio de IVA de caja, que permitirá desembolsar el Impuesto a la Administración sólo cuando se cobren las facturas y se disponga del capital necesario. Se evitará con ello la situación nada infrecuente de tener que acudir a préstamos para hacer frente al adelanto del pago de este impuesto mientras el cliente moroso paga. Un cliente que, en muchos casos, puede ser la propia Administración. Además, también en material fiscal, se reducen la cotizaciones a la Seguridad Social para quienes ejerzan simultáneamente actividades por cuenta propia y por cuenta ajena, y se introducen cambios en IRPF y el Sociedades, entre otras cosas.

En cuanto a las formas societarias, se crean figuras tan importantes como la del emprendedor de responsabilidad limitada o la de la sociedad limitada de responsabilidad sucesiva. La primera servirá para que las personas físicas puedan evitar que la responsabilidad derivada de sus deudas afecte a determinados bienes considerados esenciales, como la vivienda o el coche. La segunda no tendrá capital mínimo y se regirá por la misma normativa que la Sociedad de Responsabilidad Limitada (SRL) excepto en lo referente a algunas obligaciones específicas, todo ello hasta alcanzar el capital de 3.000 euros (el mínimo para formar una clásica Sociedad de Respnsabilidad Limitada). 

A esa protección extra para el empresario en caso de insolvencia se le une una de las grandes asignaturas pendientes en material concursal de los últimos años: el llamado concurso para personas físicas y pymes. Se trata de una vía extrajudicial, dirigida por un mediador mercantil, que acorta plazos y limita costes. Entre otras cosas, permitirá fijar quitas de hasta el 25 por ciento y plazos de demora de hasta tres años. Para evitar llegar a la liquidación –en este caso, por vía judicial y como última salida ante la falta de acuerdo o su incumplimiento-, el anteproyecto es muy flexible tanto en los términos de la negociación como en las mayorías exigibles para alcanzar un acuerdo. 

Se suman medidas para favorecer la entrada de capital extranjero y de empresas procedentes de fuera del territorio nacional, y herramientas de apoyo a la expansión de los negocios nacionales en el exterior, entre otras. También se eliminan cargas para incentivar la emisión de valores en el Mercado Alternativo de Renta fija y el acceso a cédulas y bonos de internacionalización -cuyo marco regulatorio se perfecciona y aclara-. Estos instrumentos resultan de especial importancia teniendo en cuenta que las empresas españolas han dependido hasta en un 80 por ciento de la financiación de origen bancario, una fuente que se encuentra prácticamente vetada en la actualidad.

UNA NORMA QUE LLEGA TARDE Y MAL

En este contexto, aunque el objetivo de la norna es indudablemente positivo, su regulación dista mucho de ser todo lo completa o todo lo profunda que demandan los ciudadanos. Del lado de los autónomos, por ejemplo, los internautas recordaron que muchos de ellos llevan años reclamando pagar una cuota mensual pequeña (50 euros, 100 como mucho), o bien una cuota proporcional a sus ingresos, porque `con 257 euros, y con lo que se cobra, la cosa está complicada´. El argumento es sencillo: `Mejor un autónomo con una pequeña cotización que un parado sin aporte alguno´. Y aunque este criterio tiene todo el sentido del mundo para quienes lo defienden –que son muchos-, parece que `el Gobierno y los grandes empresarios han dicho que no´. 

Al contrario, y en contra también de lo que en teoría pretende el Gobierno, impera otro espíritu: `Trabajador, mejor un mal trabajo mal pagado que nada´, y `emprendedor, mejor unos parchecitos que nada´. Pero, para los lectores, por ese camino no se alimenta la creación  de empresas: la desconfianza hacia el Gobierno y hacia las instituciones que tradicionalmente castigan al nuevo empresario es demasiado fuerte como para que compense el riesgo, hasta el punto de que las Administraciones se han convertido en desincentivador a la actividad empresarial, cuando el sentimiento debería ser justo el opuesto. Pocos creen que la nueva Ley vaya a cambiar esta mentalidad. 

En este punto, una de la claves más repetidas sobre por qué el Gobierno no sabe lo que hace en material de emprendimiento se encuentra precisamente en la falta de cultura empresarial por parte de los encargados de su diseño, así como en la falta de diálogo con quienes se verán, en última instancia, beneficiados o perjudicados por ella. Tanto representantes de pymes como representantes de profesionales autonomos se sienten decepcionados, en mayor o menor grado, con el contenido de las medidas. Lo mismo se aplica al momento de su aprobación, especialmente en lo que respecta a recetas tan simples y tan fáciles de aprobar como el IVA de caja. Éste llega `justo cuando ya no se factura porque no hay actividad: sólo quedan en el mercado los piratas y la pymes que aún están funcionando o a medio funcionar, que se están cerrando poco a poco porque no pueden con las cargas fiscales´. 

Además, el Gobierno olvida un aspecto primordial: `¿De dónde van a salir los futuros clientes o consumidores de esos posibles negocios, si nadie tiene un euro para gastar o consumir?´ La lógica aplastante de que `las empresas sin clientes acaban cerrando´ fue uno de los argumentos utilizados por la opinión pública para reclamar cambios fiscales no sólo del lado del empresario, que también, sino del lado de los ciudadanos en general, que cargan a sus espaldas un esfuerzo fiscal récord en la Eurozona. Sólo su capacidad de gasto se ve incrementada mediante un menor grado de impuestos –actualmente el 40 por ciento de la renta acaba en manos de Hacienda-  habrá una posibilidad real de que el consume crezca y, por ende, el número y la calidad de los negocios. O en otras palabras, por mucho incentive fiscal que se cree –como ya se argumentó con la reforma laboral-, sin consumo no habrá reactivación del tejido empresarial. 

No ayuda el enredo de normas existentes para `ayudar´ a los profesionales. Los internautas denunciaron `perderse´ literalmente en los trámites, exigencies en material de tributos y necesidades burocráticas imprescindibles para empezar a operar, dispersas en infinidad de normas –más aún teniendo en cuenta las autonómicas y locales- poco claras a ojos del emprendedor. En definitiva, la forma en que el legislador se dirige al emprendedor es poco clara –si no sencillamente oscura- y supone una cortapisa más que hace que los ciudadanos se lo piensen dos veces antes de crear un negocio. `Me parece bien, cuantas más leyes, mejor para el emprededor. ¿Cuántas leyes tenemos ya, doscientas mil, trescientas mil?´ ironozó un lector. 

En definitiva, la clave, la `verdadera clave´, está en reducir las cotizaciones para poder emprender, y no a través de pequeños incentivos sujetos a una compleja casuística, sino mediante rebajas generalizadas, claras y sencillas. La idea es `no estar soltando dinero desde el primet minute, a través de cuotas, impuestos, etc.´ Para los lectores, leyes como estas, a manos del Gobierno, son `como ir de pesca: tiras el anzuelo para engachar la mayor gente posible, y una vez que los enganchas, les das la estocada mediante nuevos impuestos, papeleos, más trabas… En fin, el juego sucio de siempre´, aseguró un internauta. 

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