edición: 2611 , Viernes, 7 diciembre 2018
13/11/2014
Crisis en Europa

Los internautas exigen a los responsables de la `segunda recesión´ que acometan las reformas necesarias

Se habla de un trato de favor hacia naciones como Francia y Alemania, paralelo a las duras exigencias a España o Portugal
ICNr

Los dolorosos ajustes que los países del sur de Europa han tenido que llevar a cabo a o largo de la crisis se convirtieron ayer en noticia, nuevamente a raíz de los artículos de opinión que se convierten en foro en el que hacer balance de la situación. La lectura es que Europa, en contra de lo que muchos políticos se niegan a aceptar, está en deuda con países como España o Portugal, obligados a implantar reformas crudas y de duras consecuencias para la generalidad de los ciudadanos, y todo ello atendiendo a una premisa que se ha demostrado equivocada: la necesidad de implantar la austeridad como regla para salir de la crisis. 

Los internautas miran directamente hacia Bruselas, a quien acusan de haber implantado esta máxima en el ideario de los Ejecutivos de los distintos países. Pero las culpas también tocan de cerca de los propios Gobiernos, que tenían la capacidad, según estiman los lectores, de poner freno a Europa y hacer las cosas a su manera, incluso aunque ello implicara una eventual salida de la Unión. El euroescepticismo sigue estando muy extendido entre los ciudadanos, más aún ahora, cuando muchos de los que confiaban ciegamente en el buen hacer de Bruselas se han topado con la realidad de que los recortes no han dado los frutos esperados. 

Y es que, aunque se hable de una recuperación teórica, la realidad es que los ciudadanos no notan mejoría alguna, tal vez porque, aunque la suma total de logros arroje resultados más alentadores, a los sectores más desfavorecidos no les ha tocado nada en el reparto, al menos de momento. En definitiva, los grandes indicadores por los que se mueven los ciudadanos `normales´ -desempleo, precios, facilidad de crédito, salarios…- siguen a años luz de los de la época de la bonanza económica, y no hay expectativas de una recuperación cercana. Una vez más, parece que la mejora se queda en las altas esferas, a saber, en las grandes empresas que siguen obteniendo beneficios, y en las entidades financieras, que han salido reforzadas de la coyuntura con un mínimo `tirón de orejas´ por parte del legislador y la Administración. 

En clave europea, los medios hablaron de cómo una `crisis incontrolada en la periferia´ hubiera supuesto una grave amenaza para la pervivencia del euro y un `autentico torpedo en la misma línea de flotación del proyecto europeo´. Hay que dar gracias, en definitiva, por la persistencia de países como España, que asumieron su papel `sin rechistar´ y a pesar de las consecuencias que, involuntariamente, han tenido que soportar los contribuyentes. 

Ahora el peligro que acecha es otro, aunque igualmente grave: los medios recogen la preocupación generalizada que existe ante el riesgo de una segunda recesión, y hablan de la resistencia puesta por países como Francia e Italia para poner en marcha las reformas necesarias para activar sus economías, que se convierten en amenazas para el conjunto de la Unión Europea y que ponen en peligro todos los logros que tan dolorosamente se han conseguido en la periferia. Así, `no es de recibo que, una vez más, los imprescindibles ajustes y los compromisos de estabilidad macroeconómica establecidos en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento pretendan ser ignorados por un país tan central al proyecto europeo como Francia´.

En otras palabras, resultaría totalmente injusto que las reglas del juego que se han aplicado a ciertos países no valieran para otros Estados miembros, echando por tierra el esfuerzo más o menos colectivo de los últimos años. Los lectores hicieron referencia expresa a cómo países como Alemania y Francia se han saltado `a la torera´ el Pacto de Estabilidad (déficit no superior al 3 por ciento) en varias ocasiones. 

Y en medio de esta coyuntura, el mensaje de Draghi es claro: su discurso en el Brokings Institute el pasado mes de agosto, traída a colación por la prensa, dejó claro que `sin reformas no habrá recuperación´, insistiendo en que los problemas a los que se enfrenta Europa no son tanto de facilidades de crédito como complicaciones estructurales. De ahí que se haga imprescindible `acometerlos de una vez por todas con decisión, o estaremos poniendo en juego el estado de prestaciones sociales del que hoy por hoy, a pesar de los recortes, seguimos disfrutando en Europa´. 

En este sentido, los internautas aseguraron que la quiebra de los países del sur hubiese quebrado al sector bancario y que `la economía y familias bancarizadas se habrían reseteado y podrían haber comenzado a recuperarse rápidamente´. Así, el esfuerzo dialéctico de los `defensores de la banca´ queda totalmente vacío de contenido si se atiende al resultado de las políticas que defienden. Los ciudadanos están convencidos de que cualquier receta que pasara por desproteger a la banca y utilizar esos recursos para ayudar al ciudadano hubiera sido infinitamente mejor para solucionar la coyuntura a quienes en teoría más deben importar al Gobierno: sus ciudadanos. 

De ahí que no pocos lectores hablaran incluso de la necesidad de crear `un nuevo esquema del dinero sin la presencia de los bancos privados´. Las referencias a un rediseño del capitalismo para ajustar sus grandes deficiencias –como las que han quedado de manifiesto a raíz de esta crisis- y evitar nuevos procesos como el actual se repitieron ayer en la red entre unos internautas cansados de ser siempre `los últimos´ en ser protegidos por los partidos políticos que, en teoría, les representan en el Parlamento.  Y es que, en definitiva, peligra el Estado del bienestar y la defensa de los valores en que en teoría se inspira el sistema democrático actual. Para los internautas, un Estado que funciona y que gira en torno a la banca `ha perdido el norte´ y merece ser `reseteado´. Las pruebas de que se ha llegado a este punto son palpables: un enorme auge de la pobreza, de la inseguridad laboral, un aumento exponencial de la desprotección al ciudadano endeudado, una Justicia que no funciona igual para todos… Los principios mínimos, en definitiva, necesitan volver a construirse sin mirar a Europa, a la banca o a las grandes multinacionales. 

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