edición: 2785 , Martes, 20 agosto 2019
01/12/2014

Los inversores castigan a las empresas del sector de la energía tras la decisión de la OPEP

Los analistas esperan precios de crudo y gas bajos en el futuro y una caída de inversiones en el sector

Repsol fue una de las petroleras menos castigadas en Europa al cierre de la pasada semana tras anunciar la OPEP que mantenía sus niveles de producción. Las acciones de la española cayeron sólo un 0,66% el viernes entre otras cosas porque los fondos de inversión presentes en su free float toman en cuenta el margen por refino en los ingresos de la empresa y la posibilidad de un mayor consumo de carburantes con la caída de los precios. Peor le fue a las grandes globales en el mercado de Nueva York, como Exxon Mobil que cayó un 4,2%, British Petroleum un 5,5% y Shell un 7%. Las cosas fueron aun más desfavorables para las independientes. Incluso las grandes, que explotan el crudo y el gas no convencional estadounidense como Continental Resources que opera en Bakken Shale de Dakota del Norte. Sus acciones cayeron un 20% hasta los 40,98 dólares. Mientras, el crudo West Texas Intermediate (WTI) bajaba un 10% hasta los 66,15 dólares el barril y el Brent para entrega en enero se mantiene levemente por encima de los 70 dólares el barril tras caer el 6,7% el jueves y perder 2,43 dólares por barril el viernes.

Los analistas esperan que la tendencia de los precios a la baja se mantenga en el medio plazo por factores estructurales y coyunturales.

“Cuando avance el invierno los stocks serán menores y los excedentes presionarán menos sobre los precios además de que las caídas recientes van a desincentivar la producción a los niveles actuales”, de acuerdo con un trader de crudo que opera en España. Sin embargo, advierte, los precios se mantendrán por debajo de los 80 dólares. La reticencia de los exportadores de petróleo a reducir producción para subir los precios dañará a los productores de crudo no convencional en Estados Unidos y es inevitable que obligue a muchos de ellos a retirarse del mercado o a consolidarse. Sin embargo hay un factor estructural que empuja a la baja los precios de la energía en general, no sólo gas y petróleo, sino la generación eléctrica en casi todas sus fuentes. Los avances tecnológicos de un lado permiten producir más energía a menor coste. Por el otro aumentan sensiblemente la eficiencia energética lo que se refleja en un menor consumo. Esto afecta a la cotización de las acciones de las empresas en todo el sector de la energía. Esto ha llevado a las eléctricas europeas a tomar posiciones a marchas forzadas en el sector renovable de generación más barata, principalmente la eólica y a deshacer posiciones en los territorios de más incertidumbre reguladora como es el caso de España.

Esta tendencia a la caída de los precios de la energía se suma a una coyuntura de menor consumo global por la crisis económica internacional y la debilidad ahora de la demanda asiática, en particular la china. Entre 1986 y 1995 el precio del barril de crudo se pagaba por debajo de los 20 dólares. Saltó por encima de ese umbral en abril de 1996. Con oscilaciones por debajo de ese valor no volvió a retomar la escalada hasta 2001 y no se disparó hasta 2005. Recién en 2007 los precios alcanzaron los niveles que se registraron la semana pasada que están un 42% por debajo de los precios en junio pasado.

El problema del empuje de los precios registrados entre 2008 y hasta junio pasado, es que ha desatado inversiones cuyo punto de equilibrio supone los 80 dólares el barril, como el caso de BP quien confirmó la semana pasada que sus cálculos de rentabilidad asumían un precio del barril de Brent de 80 dólares para proyectos cuyos plazos de realización son de entre 10 y 20 años. Ni que hablar de las consecuencias para los presupuestos y las balanzas fiscales de Bolivia, Venezuela, Brasil y Ecuador. Pero la cadena de consecuencias no se para ahí, ya que los menores ingresos de los países emergentes exportadores de materias primas afectará seriamente a sus monedas frente al euro y al dólar encareciendo las importaciones y afectando a sus políticas de redistribución.

Rusia había planificado su presupuesto estatal para 2015 para un barril de petróleo a 100 dólares, ahora lo ha corregido para 80 dólares “en el mejor de los casos” recortando presupuesto. Pero la caída de precios supone recorte generalizado de inversiones en el sector petrolero. El problema central para la industria petrolera son los contratos cerrados para proyectos a largo plazo con un precio de equilibrio que ya es agua pasada. Esto ha determinado una revisión de escenario y ha llevado a Shell a la decisión de considerar que un proyecto que no tenga su punto de equilibrio a 70 dólares el barril no se puede asumir. Pero deja en el territorio de la duda la rentabilidad global de las grandes empresas del sector en el corto plazo por la reducción de cash flow disponible para financiar los proyectos en curso.

“Este nivel de precios puede incluso cuestionar los proyectos para la explotación de petróleo por fracking en Europa”, de acuerdo con una fuente del sector de la industria auxiliar. Mientras que este es de momento un desarrollo potencial la extracción de crudo de las arenas bituminosas en Canadá ya ha sido puesta contra las cuerdas. El tratamiento de esas arenas en los proyectos denominados in situ es costoso y el punto de equilibrio de algunas minas de arenas está en los 80 dólares el barril lo cual hará inevitable el cierre de operaciones en su mayoría destinadas a exportar petróleo a Estados Unidos. Las fuentes del sector dan por descontado que el escenario va a paralizar muchas inversiones previstas en arenas bituminosas.

Otro objetivo de inversión petrolera, el desarrollo de las reservas árticas, va a quedar marginado por sus muy altos costes. Las sanciones contra Rusia ya habían determinado el bloqueo de inversiones a las grandes petroleras en aguas árticas profundas, pero “ahora se trata además de un problema de costes que van a incidir en otras perforaciones en regiones árticas fuera de Rusia”. Exxon, Total, BP y Shell tenían previsiones de desarrollar esas reservas. Esos planes quedan ahora sujetos a revisión. En este contexto hay efectos mediatos difíciles de prever. El Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por sus siglas en inglés) señala que la retirada de liquidez por parte de Estados Unidos no termina de ser compensada por la expansión del balance del Banco Central Europeo, lo cual reduce el flujo de capitales hacia los países emergentes. Esto ocurre al mismo tiempo que las naciones emergentes ingresan mucho menos dinero por sus exportaciones de materias primas. El economista Barry Eichengreen que ha visitado recientemente España para dar una conferencia pronostica una crisis monetaria en los países emergentes a causa de este descuadre de flujos financieros internacionales.

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