edición: 2411 , Miércoles, 21 febrero 2018
26/10/2012
Dejan de comprar pisos y deuda pública

Los inversores internacionales juegan a la deflación inmobiliaria en España

Inmobiliario y financiero estudian acercar posturas ante la previsible avalancha de embargos
Juan José González

Es una lástima que el sector financiero, como el inmobiliario, no cuente con su propio Meeting Point. Serían unas jornadas tan productivas como inolvidables, en las que bancos y cajas, con sus banqueros y bancarios, ofrecerían conferencias, debates y diálogo alrededor de lo que realmente preocupa al sector: la crisis, la ausencia de demanda de crédito sólida y fiable por parte de empresas y familias. Incluso, por qué no, en esa "Financial Meeting Point" que se imagina quien escribe, contaría con sus stands para la compra y venta de participaciones en, por ejemplo, las entidades intervenidas ¿Acaso no están Novagalicia, Banco de Valencia y Catalunyacaixa buscando inversores? Sí, con los brazos abiertos. Como abiertos los tienen Liberbank, Unicaja, Ibercaja e, incluso alguna entidad en trance de ampliación de capital. Difícilmente se volverá a producir ocasión tan bien pintada, con entidades tan solícitas y receptivas a accionistas interesados. Por eso la recién celebrada reunión del inmobiliario ha dejado algunas conclusiones -y realidades- que implican de lleno al sector financiero, de ahí que otra Meeting Point se justifique por sí sola. Y dadas las implicaciones de lo inmobiliario y lo financiero ¿por qué la del próximo año no la hacen a la limón?

La relación de los problemas sectoriales del inmobiliario y del financiero, vienen a propósito del comportamiento de los inversores, nacionales e internacionales. En ambos casos el movimiento demostrado por el dinero hacia ambos sectores ha sido escaso, ramplón y tímido por parte de los inversores internacionales. Asegura un experto financiero que asistió al evento, que España ahora mismo "no es detectada por los radares del dinero" y que es probable que siga sin dar señales en mucho tiempo. Los inversores, fondos internacionales oportunistas, merodean los mercados donde huele a activos a la baja; es cuestión de oportunidad. Y oportunidades hay muchas desde la explosión de la "burbuja bancaria" -Bankia- y la nacionalización de varias entidades en quiebra técnica.

Los fondos de inversión, nacionales y extranjeros, saben que todo juega a su favor: los números rojos aprietan en los balances más que nunca, la fórmula de banco malo esta en camino, hay expectativas a la baja en los precios de la vivienda, como a la baja tienden las rentas familiares y el crédito se hace más selectivo y exigente con el riesgo. Inversores que juegan a que los precios del inmobiliario se desplomen de una vez por todas y si puede ser a lo bestia mejor que mejor porque así se entiende en economía que sería la mejor forma para que la demanda reaccionase.

Pero esos mismos inversores tienen muchas dudas. Han vivido situaciones de impago incluso en mercados considerados por tradición, seguros. En crisis, no hay buen pagador: se van pagando las deudas que se pagan y el resto o se renegocia o directamente aparece el fallido. Y se sabe que los fallidos asoman la cabeza cuando hay deflación en el precio de suelo y vivienda, como es el caso. Deflación porque, a pesar de que algunos pisos se pongan a tiro para algunas familias, los bancos no hacen hipotecas porque el riesgo es demasiado alto: obedecen órdenes de la central. Algo similar, por no decir lo mismo, sucede con la deuda pública: ante las dudas de cobro, los inversores dejan de comprar de todo, incluso bonos del Estado.

Ahora parece haber comenzado a brotar con algo más de fuerza el embargo hipotecario, fenómero que sucede al impago de las deudas hipotecarias. Es un problema cuya evolución al alza era esperada por la banca. Ya están aquí los embargos en cantidad, vienen con más fuerza que nunca porque el alargamiento de la crisis se lleva por delante todo tipo de prevenciones. Estos asuntos suelen llegar en el peor de los momentos, cuando se consolida la recesión y el desempleo comienza a moverse por zonas inexploradas, tal vez conocidas en etapas postbélicas. Los embargos funcionan mejor en las empresas que en las familias: en las primeras y ante el riesgo de bloqueo de naves, máquinas o vehículos, se suele producir una negociación que acaba con una quita aceptable para ambas partes. Pero en el segundo sólo se produce una quita: la de la casa.

Las asociaciones que han surgido en los últimos años para defender los intereses de los embargados familiares, están proponiendo varias alternativas para el caso en que el embargo llame a la puerta de casa. Negociar con el banco para reestructurar la deuda de la familia. Se pueden encontrar intereses comunes en fechas nuevas de pago, períodos de carencia, fraccionamientos, pagar intereses dejando la amortización de capital para otro momento. Salen ganando todos; la familia, que no pierde el techo ni la propiedad del hogar ni el banco, el cual sumaría el inmueble a un bloque de impagados que posteriormente acabarían depreciados en un, por ejemplo, banco malo.

Seguramente, y fruto de una conversación, debate o conferencia en ese Meeting Point imaginario inmobiliario-financiero que se propone, se llegaría a un punto de equilibrio entre oferta y demanda que dejaría satisfechos a ambas partes. Al final, una parte de la solución al problema se reduce a un problema de comunicación.

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