edición: 2600 , Miércoles, 21 noviembre 2018
04/10/2013
Compran bonos del Tesoro

Los inversores juegan a la suspensión de pagos de EE UU

El desacuerdo entre republicanos y demócratas, todo un estímulo para los más arriesgados
Juan José González

Uno de esos decálogos que siguen los inversores altamente especulativos, fija que se debe establecer con carácter previo la pérdida máxima que están dispuestos a asumir y que, en función de ello fijará los stops de pérdidas. Algo así es lo que está sucediendo hoy, con empresarios, agentes, intermediarios financieros del mundo, todos ellos con sus ojos fijados en los bonos del Tesoro americano. La coyuntura apunta a que el bloqueo presupuestario impuesto por los republicanos a los demócratas, es el caldo de cultivo ideal, o río revuelto en cantidades industriales, como para obtener ganancias. Porque el célebre `shutdown´ (cierre del Gobierno federal) es un acontecimiento que ya se ha repetido en 17 ocasiones, siendo el actual su versión número 18. Por tanto, nada nuevo, ni el mundo se acabará el 17 de octubre por impago del Tesoro ni seguramente la sangre llegará al río de Wall Street ni al Potomac.

Entre tanto, el termómetro financiero (y el político) sigue al alza en EE UU, con una especie de cierre patronal que augura más movimiento, más inestabilidad en los mercados. Y según parece no es el cierre de algunos servicios públicos ni que cerca de un millón de trabajadores de la Administración se queden en sus casas sin sueldo el mayor motivo de alarma, sino que es el posible impago de los bonos del Tesoro, esa inversión refugio mundial cuyos papeles se encuentran en todas las carteras que se precien del mundo. Un acontecimiento mundial, como bien califican los medios de comunicación del globo, que sacude y pone en guardia a mercados y Estados del mundo entero.

Por tanto, y con el movimiento asegurado, los inversores tienen preparados los trajes de neopreno para sumergirse en la gran marea oceánica que puede provocar el amenazante shutdown desde hoy hasta el próximo día 17, plazo fijado por los republicanos para alcanzar un acuerdo sobre el techo de la deuda. En principio, el mundo financiero tiene preparados los planes de contingencia para una situación de tsunami financiero internacional puesto que, técnicamente, la suspensión de pagos del Gobierno conlleva la del impago -y suspensión- de los bonos del Tesoro al vencimiento, una vez que el instituto financiero haya agotado el fondo de liquidez que, al parecer, es de unos treinta mil millones de dólares, así como sin autorización para solicitar más recursos.

Pero puede suceder lo contrario, que no se produzca el tsunami anunciado por los pesimistas y que el tiempo que media desde hoy hasta unos minutos antes de la declaración de quiebra legal, los inversores aprovechen el tiempo y acudan al mercado de bonos norteamericanos en masa, como en otras ocasiones, pues el mercado en EE UU resulta impredecible. Se sabe que los mercados financieros se mueven generalmente por intereses monetarios y que en esos intereses juega un papel fundamental la psicología de los inversores, los miedos y temores a que la amenaza se prolongue dando lugar a una coyuntura de mayor plazo que el previsto inicialmente. Pero por otro lado, los inversores altamente especulativos sospechan que el impacto directo por un cierre que afectará a una tercera parte del Gobierno no dará mucho más de sí que el revuelo mediático ya armado por demócratas y republicanos.

En condiciones normales, los inversores, bancos, fondos, empresas y compañías de seguros, estarían calculando a toda velocidad los daños que posiblemente causaría la quiebra, es decir, ya contarían con una factura aproximada. Y sin embargo, una gran mayoría de esos inversores no piensa que vaya a producirse el evento, por dos razones básicas: primero porque el descalabro o daño sería irreparable y situaría al país en una posición catastrófica, social y económica, y por otro, significaría la incapacidad política de los representantes elegidos por el pueblo para resolver los problemas del Estado.

Y eso es lo que parecen estar pensando los empresarios de las 400 corporaciones más grandes de EE UU, un grupo que sumado al de la banca representa el poder económico de aquella economía y que este fin de semana se reúnen con el presidente Obama. Un grupo que no permitirá que el bloqueo político suponga una factura económica que situaría, de nuevo, al país en la crisis. Una situación inestable e ideal para los especuladores, aunque más les vale que hayan fijado bien sus stops de pérdidas, por si acaso.

 

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