edición: 2351 , Viernes, 24 noviembre 2017
14/07/2016
banca 
Momento crítico

Los inversores sólo admitirán mejoras de resultados para regresar a la banca

Castigados en exceso por la Bolsa, ya en la recta final de la concentración, las mejoras de la solvencia y la morosidad no son suficientes para recuperar la confianza de los inversores
Juan José González
El sector bancario espera la formación de Gobierno, un impedimento claro en el inacabado proceso de concentración de la banca. Por otra parte, sigue pendiente también de otros focos de actividad que generan nuevas situaciones; caso del Brexit o de la reciente decisión del Abogado europeo sobre la retroactividad de las cláusulas suelo. Otro frente al que debe atender en breve está en el mercado financiero, lugar donde la banca presentará sus resultados semestrales, será decisivo. Es, por tanto, evidente que el mercado bursátil se muestre tan sensible a tanto movimiento como el que se aprecia en el sector, y que, incluso, podría dar pie a la afirmación de que la banca vive un momento de estrés severo. Los candidatos a fusionarse siguen en el mismo lugar, perdiendo valor en el mercado mientras los grandes bancos, también perjudicados como reflejan sus cotizaciones, parecen haber mejorado en morosidad y solvencia, al tiempo que han corregido la sequía de ingresos. Los inversores esperan buenos resultados.
Se dice que las comparaciones son odiosas, aunque parece haber excepciones. En los últimos días, la banca española está siendo sometida -sin querer- a un ejercicio de confrontación con la banca italiana. Como consecuencia del mismo aparece la española en mejor lugar que aquella y con notables diferencias. Endeudamiento, capitalización, solvencia, morosidad, ingresos y eficiencia dejan en clara evidencia dos mundos muy diferentes: el de una banca postcrisis y el de otra metida de lleno en `su´ crisis, más cerca del rescate. Sin embargo, el termómetro del mercado bursátil se niega a reconocer las diferencias, otorgando unas valoraciones que, en el caso de los bancos españoles, resultan chocantes, toda vez que estos se encuentran a escasa distancia del saneamiento completo, mientras la italiana camina en sentido contrario.

La paradójica situación que surge tras la comparación de la banca española y de la italiana es que la primera se deja en los últimos doce meses más del 50% de su valor mientras la segunda no llega al 35%, con la única excepción del único banco italiano, Unicredit, que cae en capitalización bursátil el 63%. No se cuentan en las valoraciones globales algunos casos singulares como es el Banco Popular, con una ampliación de capital que hundió su cotización en más de un 73%. En todo caso, los inversores no estarían valorando las diferencias entre una fisura en vías de cierre, y un agujero en fase de expansión.

Otros inversores, sin embargo, tienen en cuenta otros focos de posible cambio. El Brexit ha servido para que un amplio grupo de fondos y empresas hicieran otras valoraciones, más positivas, que tienen en cuenta precisamente la mejor salud y posición de la banca española frente a la debilitada salud de la italiana. En otras palabras; Brexit ha corregido en parte la mala valoración de la banca española que ahora, esta semana, ha comenzado a recuperar algunas posiciones perdidas en los últimos meses. En apenas seis sesiones de bolsa, la banca italiana se ha dejado entre un 29% y un 55% de su valoración.

Pero además del agravio comparativo con la banca italiana, la española recibía ayer una buena noticia procedente de Bruselas: la decisión del Tribunal de Justicia de la Unión Europea negando el carácter retroactivo de las cláusulas suelo. En distinta medida, habida cuenta de la muy diferente posición de riesgo de las distintas entidades españolas, estas se verán beneficiadas -liberadas- por las provisiones aplicadas en los últimos meses para reducir el impacto de las posibles devoluciones en sus cuentas de resultados. Alivio que los inversores están valorando tal y como reflejan los avances de las cotizaciones bancarias.

Que las valoraciones bancarias se hayan recuperado en buena medida (aunque todavía a mucha distancia de los niveles de 2014) alentadas por Bruselas y menos perjudicadas por los efectos (previstos) del Brexit, no quiere decir que la huida de los inversores se deba, en buena parte, a las dudas políticas e incertidumbres económicas. Es probable que cuenten con otros elementos de valoración, como por ejemplo, la dificultad de las grandes entidades (en especial Santander y BBVA) en conseguir beneficios, en las dificultades para recuperar los niveles de rentabilidad de antaño, la capacidad de generar excedentes suficientes como para que mantener el dividendo no sea un problema permanentemente sobre la mesa de los consejos. Los inversores que abandonaron el sector bancario no están observando, únicamente, la Bolsa para regresar, sino que están atentos a las cuentas de resultados: las del semestre están a la vuelta de la esquina. 

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