edición: 2580 , Martes, 23 octubre 2018
20/10/2016
Los aliados aumentan la presión

Los inversores ya descuentan un ’brexit light’ para las empresas

Dos velocidades, dos varas de medir y graduar el proceso; una con los ciudadanos y otra con los inversores 
Juan José González
Las cifras avanzan y parecen caminar hacia una suma final que obligará a las autoridades a llevar al Parlamento alguna propuesta de enmienda, marcha atrás, revocación o corrección del brexit. Las ideas quieren adaptarse a la realidad y ven probable que las cifras, grandes magnitudes, por ahora tan sólo económicas, fuercen a la clase política en el poder a graduar la intensidad del proceso de salida de la Unión Europea. Las empresas saben que la decisión responde a la voluntad mayoritaria (por los pelos) otorgada por el pueblo a un Gobierno (no elegido en las urnas) que deberá cumplir a rajatabla, y en todos sus términos, la propuesta a la ciudadanía, la cual votó en referéndum la desconexión de la Unión. Pero ahora, forzado por los inversores y aliados económicos plurinacionales, el Gobierno razona que el proceso bien puede tener dos varas, dos grados o estadios distintos y así, distinguir entre el brexit social, el duro, y el brexit económico, el light. El mercado ya cuenta (descuenta) la idea.
Las cifras, pesadas y contundentes: el 25% de los profesionales que hoy trabajan en el sector financiero en Reino Unido dejarán de trabajar en la isla, es decir, perderán su empleo. Las 400 empresas españolas (grandes y medianas) que tienen intereses en Reino Unido evalúan que en el presente ejercicio sufrirán una caída de los ingresos superior a los 4.500 millones de euros debido, en principio, a la depreciación de la divisa, un 22% desde el 24 de junio pasado, fecha del referéndum. Continúan llegando las cifras a medida que pasan los días y conforme llegan también los mensajes a las autoridades británicas. 

El más reciente corresponde a las empresas norteamericanas: nada menos que un centenar de compañías con sede en EE UU, pero con inversiones y activos inmobiliarios en Reino Unido, han hecho llegar al Gobierno de Theresa May que no tardarán en tomar decisiones si el `brexit duro´ sigue adelante. Aquí la cifra son 600.000 millones de dólares invertidos por los norteamericanos los que estarían en posición de riesgo, riesgo de salir y emigrar a otros mercados. En esta línea se encuentran compañías chinas y niponas.

Si el mercado británico, su plaza, es la base de operaciones para numerosas compañías americanas y financieras de todo el mundo para acceder al mercado único, está claro que un corte, un desenganche, de ese mercado conllevaría la pérdida del acceso, luego, es razonable la preocupación como razonable sería para los inversores tomar una decisión al respecto. Las cifras producen sensaciones opuestas en los inversores; tan pronto se muestran optimistas sobre las posibilidades de un regreso a posiciones anteriores al brexit, como pesimistas tras conocer algunas opiniones de instituciones económicas. El FMI estimó un retroceso del PIB de Reino Unido del 5,5% en 2019. El dato se quedó corto tras conocerse otras estimaciones del propio Gobierno inglés que situaba la contracción del PIB por encima del 9% en quince años.

Nadie se imagina hoy día cómo sería la sociedad si el leit motiv consistiera en ese “Inglaterra para los ingleses”, España para los españoles, EE UU para los norteamericanos. España se quedaría sin el turismo británico, sin sus libras y claro, sin sus residentes habituales, jubilados en su gran mayoría, en fin. Inglaterra perdería los cientos de millones de dólares y cientos de empresas norteamericanas, huirían, como ya lo están haciendo, franceses e italianos, en tanto que alemanes y españoles se lo piensan.

Es difícil, por no afirmar que imposible, pensar en el progreso de una sociedad regida (que no inspirada) en criterios autárquicos en un mundo en el que los Gobiernos nacionales ni siquiera son `dueños´ del cien por cien de la soberanía. Ahora, sólo hace falta que los ciudadanos -a ser posible, por mayoría superior al 51%- entiendan que el "Inglaterra es (sólo) para los ingleses", corresponde a una mentalidad arcaica, contraria a la historia de ese país y, por supuesto, perjudicial para los ingleses de hoy y de mañana. Y aunque sean las cifras las que proporcionan una idea de tamaño o volumen, es el sentido común el que deberá considerar que el brexit no es sólo un asunto económico o financiero, algo que las autoridades británicas ya parecen haber asimilado, aunque todavía no dispongan de todas cifras.

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