edición: 2719 , Viernes, 17 mayo 2019
16/10/2017
Estado de riesgo

Los inversores ya trabajan en escenarios de revisión de resultados

El `río revuelto´, óptimo para la especulación, aplaza reformas económicas y nuevas inversiones
Juan José González
Uno de los mejores rendimientos de las Bolsas occidentales está a punto de remitir, no de perder, si no de bajar ganancias. Es lo que le sucede al mercado de renta variable español, hasta ahora con un avance acumulado anual del 11% pero que ahora parece cuestionado por los acontecimientos, por una coyuntura política que amenaza con restar puntos a todos los avances pronosticados para el próximo ejercicio. Incluso los relativos al actual ejercicio podrían verse afectados si la coyuntura citada se tuerce demasiado en esta parte final del año previa al cierre de cuentas. Con todas las reservas, dado el desconocido terreno en el que previsiblemente se desarrollarán las próximas jornadas, habrá que ser realistas en los pronósticos (siempre de muy corto plazo) y contar con que la incertidumbre no se despejará sobre Cataluña en los próximos meses. El conflicto político parece tener el defecto y la virtud (depende de la posición particular) de modificar las expectativas. Se quiera o no las posiciones de los inversores, tanto en deuda pública como en renta variable sufrirán -como en semanas anteriores- modificaciones en las próximas semanas. Y así, lo que puede resultar interesante para los inversores, puede ser letal para las previsiones y los planes del Gobierno.
El Gobierno desvía su foco de la economía hacia la política por el problema doméstico: la crisis con Cataluña, de tal forma que obliga a centrarse en los acontecimientos políticos del día a día. Por fortuna no todo se detiene en este frente. Siguen su camino es resto de variables económicas, las que marcan la pauta de la actividad de los mercados. Sigue en estado de gracia la evolución de la moneda única, fuerte -aunque no al gusto de todos- frente al dólar, si bien pendiente, o a la espera, de las decisiones de los banco centrales europeo y estadounidense. Pero que en cualquier caso, muestra que la economía europea se fortalece a pesar de que la fortaleza de la divisa no sea del agrado de los exportadores.

Entre esas variables exógenas que hay que valorar en cualquier análisis de las inversiones, no hay que olvidar que las espadas de EE UU y Corea del Norte (un pulso personal entre dos líderes necios) continúan en alto, lo que asegura incertidumbre global, imprevisión y sorpresa o sustos inesperados si alguno de las partes no logra controlar sus impulsos. Por tanto, la incertidumbre política se convierte, de forma automática, en económica.

Otras variables -de tipo endógeno- locales afectarán también al mercado bursátil. Son las que se desprenden de las calificaciones o notas de rating que ya han comenzado a conocerse en el mercado como consecuencia de los últimos movimientos empresariales debidos a la incertidumbre política catalana. Son movimientos, inicialmente societarios, pero que afectarán a los ingresos, las ventas y la demanda de bienes y servicios de un puñado muy significativo de compañías españolas cuya aportación al PIB nacional es decisiva. 

También en el mismo terreno local ya se puede advertir una sensación de parada temporal obligatoria para algunas decisiones de inversión empresarial, retraso en otras operaciones corporativas, frenazo en fusiones bancarias y hasta probable aplazamiento en una opa de gran tamaño como la que puede afectar a Abertis y Atlantia. Y se aplazan también otros asuntos no menores como pensiones, reformas del mercado laboral y aprobación de presupuestos, de los Presupuestos Generales del Estado que sirven, entre otros, para contar con una certidumbre de inversiones, ingresos y gastos del principal motor de la economía.

Sobre el terreno, las operaciones en marcha y las decisiones de inversión de las grandes empresas, no deberían influir sobre la marcha de la economía española en tanto que soguen adelante, que no se frenan por motivos políticos, si bien todo indica justo lo contrario. El ambiente político reinante no es el ideal para un escenario en el que deben imperar la estabilidad, la certidumbre y la seguridad, en definitiva, tres de los muchos requisitos que demanda la inversión. El mismo ambiente de `río revuelto´ que desean algunos inversores más especuladores es también el más negativo para la grandes cifras del Estado, precisamente, las que indican el crecimiento económico, el déficit fiscal y, finalmente, el empleo. Y todo en estado de riesgo.

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