edición: 2973 , Lunes, 25 mayo 2020
27/12/2011

Los islamistas de Boko Haram quieren la guerra civil en Nigeria

Pedro González
No es la primera carnicería que desata la secta islamista Boko Haram en Nigeria, el país más poblado de África con 160 millones de personas, y el primer productor de petróleo de ese continente. Pero, la última y sangrienta oleada de atentados desencadenada el día de Navidad contra varios templos católicos parece tener un objetivo más drástico que el de empujar al exilio a las minorías cristianas del norte del país. Los cientos de muertos y heridos causados por la explosión de varios coches-bomba en Madala y Abuja pretenden marcar el punto de partida de una guerra civil, destinada a dividir Nigeria y a implantar en la mitad norte la sharía, la ley islámica, como única fuente legislativa.

Boko Haram es una expresión de lengua hausa que significa literalmente “la educación occidental es pecado”.  Como secta radical islámica hizo su aparición en 2004, reclamándose como una extensión del movimiento taliban afgano. Como en tantos otros casos, los primeros miembros de la secta Boko Haram eran intelectuales de clase media o alta, con títulos universitarios en la mayoría de los casos, y que habían decidido romper con su medio social. Dos centenares de ellos se instalaron en un campamento, al que bautizaron simbólicamente como “Afganistán”, en un pueblito llamado Kanamma, cercano a la frontera con Níger.

Desde entonces, estrechó lazos y objetivos con la rama magrebí de Al Qaeda (AQMI), y posteriormente estableció su base de lanzamiento de atentados en Maiduguri, la capital de la región de Borno, un enclave estratégico por situarse cercano a las fronteras con Camerún, Níger y Chad. En 2009 fueron desalojados de la zona, después de que Boko Haram desencadenara una insurrección al mando de su líder Mohammed Yusuf. El ejército nigeriano respondió arrasando la mezquita de Maiduguri, donde Yusuf y sus secuaces se habían hecho fuertes. Más de 800 personas murieron en el asalto, entre ellos el propio Yusuf.

La secta se reagruparía después en diversos enclaves secretos, y emprendería una cadena de atentados selectivos contra policías, diputados regionales y líderes religiosos cristianos e incluso musulmanes moderados. En 2010 comenzó a atentar en Abuja, la capital administrativa de Nigeria, primero contra el cuartel general de la policía, luego contra la Oficina de Naciones Unidas, saldados con 26 muertos. Era el punto de partida para una lucha a muerte contra todos los que discutieran el radicalismo de su ideología.

En un comunicado de junio de este mismo año Boko Haram anunciaba el lanzamiento de la yihad, como sinónimo de guerra santa. “Queremos hacer saber que numerosos yihadistas han llegado a Nigeria procedentes de Somalia, en donde han recibido intensa formación militar por parte de nuestros hermanos, los mismos que han hecho de Somalia un país ingobernable para los intereses contrarios a la sharía”. Los servicios secretos nigerianos, en colaboración con sus homólogos europeos y americanos, consideran desde entonces que Boko Haram ha establecido relaciones intensas con Al Shebab, los combatientes islamistas somalíes ligados a Al Qaeda, y que han lanzado diversos raids contra campos de refugiados y resorts turísticos en Kenia. Es el grupo en cuyo poder seguirían estando las dos cooperantes españolas secuestradas hace más de dos meses. 

Todos los indicios llevan a considerar que la red de Al Qaeda va a intensificar la búsqueda de sus objetivos mediante estas organizaciones radicales, sin atender a la división de fronteras actual del continente africano. Los distintos grupos, al igual que Boko Haram, interactúan en muchas de sus acciones, especialmente el secuestro de extranjeros, pero también en la planificación y ejecución de todo tipo de atentados.

Lo que acontezca en Nigeria puede servir de pauta para otros casos. Una hipotética partición de tan populoso país, entre un norte mayoritariamente musulmán y un sur de predominancia cristiana, es de momento el primer objetivo evidente de los islamistas radicales. Si lo consiguen, parece obvio que no se quedarán ahí y proseguirán su escalada reivindicativa. No parece que el problema vaya a solucionarse mediante el mero diálogo pacífico. Al Qaeda y la amplia panoplia de grupos que la integran no contemplan otro horizonte que el de la implantación de un islamismo estricto, es decir en todos los territorios que alguna vez en la historia fueron del Islam. 

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