edición: 2349 , Miércoles, 22 noviembre 2017
07/11/2008
Geithner, Rubin, Summers y Sperling, aspirantes con opciones
Barack Obama

Los ‘keynesianos’ invadirán la Casa Blanca y el Tesoro

Juan José González

¿Próxima estación? la Casa Blanca, la famosa ala Oeste, en el 1.600 de la tranquila avenida de Pennsylvania, Washington. El nuevo inquilino, a partir del 20 de enero, Barack Obama, 44º presidente electo de los EE UU, demócrata. Con tres problemas de grueso calibre sobre la mesa para resolver inmediatamente.

Desde el 12 de enero, lunes, un equipo de 50 colaboradores tomarán de forma ordenada los despachos del poder, con sus cajas llenas de informes y proyectos, direcciones electrónicas, claves de acceso y plazas de aparcamiento. De ese equipo, 21 se ocuparán de los temas económicos. Alguno de estos colaboradores ya conocen la Casa, en época de Bill Clinton pasaron miles de horas trabajado para él: son señalados con el sobrenombre de “clintonianos”, y “keynesianos”, hombres con experiencia, liberales, progresistas la mayoría -alguno no tan “progre”-, colaboradores en diferentes etapas con Obama en los últimos tres años y agrupados o reunidos en el Center for American Progress, un ´think tank´ de la capital norteamericana que tiene fama de eso, de “progre”. Ese centro de ideas lo dirige John Podesta, mano derecha de Clinton, su antiguo jefe de gabinete.

La primera preocupación será la crisis económica, citada en las encuestas por el 51% de la gente frente al 9% de Irak. El gobierno de la crisis se lleva desde la Casa Blanca, desde la secretaría de Estado, pero la ejecuta la secretaría del Tesoro, con sede también en la avenida de Pennsylvania, así que éste parece ser el nombramiento más esperado y trascendente. Y para ello se busca a un economista capaz de reflotar el sistema bancario, pactar con China y la UE las nuevas reglas del juego internacional, levantando de paso, el prestigio de EE UU.

Hablando del Tesoro, el actual titular del departamento, Henry Paulson, un repúblicano considerado pragmático, puso a disposición del equipo de Obama varias oficinas en la sede del Tesoro, desde donde los demócratas planean lanzar el paquete de medidas de estímulo económico, que el Congreso puede aprobar antes, incluso, de que termine el presente mes. Si hace unas semanas se barajaba la posibilidad de mantener a Paulson, por aquello de la continuidad responsable y del bipartidismo democrático. Pero también porque no estaría mal terminar de quemarlo en una etapa complicada como esta. Pero no. También será sustituído.

Y es aquí donde comienza el baile de nombres, perfiles, etiquetas… En principio debe ser una persona de prestigio intelectual y de indiscutible autoridad, y que además tenga química para trabajar con Ben Bernanke. La primera opción considerada por el equipo de Obama fue Paul Volker, demócrata nombrado por Carter que sirvió también a Reagan. Pero Volker es un anciano de 82 años. En su tarjeta tiene haber sido el mejor presidente de la FED: provocó una crisis bancaria inolvidable pero terminó con la inflación aplicando una política monetaria rígida como el mármol. Se dice que quien logró derrotar la inflación puede tener mucha autoridad para batir la recesión.

Pero en el equipo económico del presidente electo figuran Robert Rubin y Larry Summers, ambos ex secretarios del Tesoro con Bill Clinton. Los comentaristas de Washington y Nueva York, creen más segura la opción de Summers, prestigioso profesor que brilló a gran altura en el Tesoro. En su contra se le imputa un cierto olor a Clinton y a Greenspan, y esto último resta mérito. Respecto a Rubin, se considera un obstáculo su compromiso actual en la dirección de Citigroup. No hay que olvidarse de Gene Sperling, prestigioso economista que junto a Rubin y la ayuda de Volker han redactado las medidas que Obama comunicará en las próximas semanas, antes de su juramento.

Algunos columnistas políticos señalan a uno de los hombres de Obama en la recámara; Timothy Geithner, presidente de la Reserva de Nueva York, ha trabajado codo con codo con Bernanke en la actual crisis y además fue subsecretario del Tesoro con Summers y Rubin. De 50 años de edad, es demócrata y tiene fama de eficaz. Si se mantiene el criterio del presidente electo de apostar por el pragmatismo, la moderación, eliminar los tics ultraliberales, y por las caras nuevas, éste es, sin duda, el hombre para el Tesoro.

La opción más arriesgada y que rompería con todo, es la de Paul Krugman, reciente Nobel, enemigo crítico de los republicanos que ha sufrido Bush en los últimos años. Liberal progresista, joven y muy influyente como columnista en The New York Times. En su contra esta el haber apostado por Hillary, más a la izquierda, y eso se considera una opción peligrosa.

En la Casa Blanca estará el todopoderoso equipo de economistas reunido en torno al Consejo de Asesores Económicos del presidente. Para este órgano de influencia inmensa pueden formar parte todos los colaboradores de la campaña demócrata y algún nuevo fichaje. La posibilidad de que Warren Buffet pudiera ser miembro del equipo económico, se considera como una ocurrencia más de la esfera folclórica que del mundo real. Este órgano deberá contar con un presidente, que saldrá del descarte de la secretaría del Tesoro, al igual que en anteriores ocasiones. Si Larry Summers estaba en las quinielas para el Tesoro, también figura para el Consejo de Asesores, donde ya estuvo con Clinton.

DECISIONES DE GRAN CALADO

Entre las numerosas decisiones que van a poder definir la línea del nuevo Ejecutivo esta la de resolver la importante disquisición sobre rebajar la deuda pública –se prevé que no supere el 70% del PIB- o aumentar el gasto con inversiones en infraestructuras, y las prometidas en la campaña en educación, sanidad, paro, energías renovables...

Pero lo que puede marcar de verdad la fuerza y cohesión del equipo económico son decisiones que conllevan tener claro el camino elegido, como por ejemplo, ¿es conveniente subir los impuestos sobre los beneficios en plena recesión? Esta fue una de las promesas durante la campaña. Y otras decisiones como la de si ¿es necesario y cómo regular el mercado? También, y nada más comenzar a trabajar, el nuevo equipo de gobierno se tendrá que remangar y a fondo para elaborar los nuevos presupuestos del Estado, que deben estar listos en febrero.

El nuevo equipo económico deberá poner asimismo, en marcha un fuerte cambio en política fiscal, que seguirá siendo expansiva, como con Bush, pero con algún matíz. En política monetaria, donde manda el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, los demócratas no creen que se salga de la crisis sólo a base de políticas monetaristas, por eso se contemplan estímulos fiscales y gasto público en grandes equipamientos.

La nueva regulación del sector financiero será la estrella para los economistas, y en comercio internacional se producirán fuertes tensiones proteccionistas, a las que los economistas demócratas son contrarios. En otro orden de asuntos, se habló de acabar con el Fondo Monetario Internacional.

Pero Obama no tiene tiempo, ni un minuto. La urgencia de los temas que resolver, sobre todo los económicos, es tan elevada que no puede permitírselo. Por eso ha montado el mejor y más disciplinado equipo que se recuerda en Washington para organizar el traspaso de poderes.

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