edición: 2324 , Martes, 17 octubre 2017
18/02/2010
OBSERVATORIO LATINOAMERICANO

Los Kirchner matan deuda a cañonazos y se atragantan con el ‘botín’ del Banco Central

Argentina tiene los CDS más altos del mundo -triple que Grecia- y Boudou reconoce que si no abre ya el canje de deuda no podrá este año
Los bancos amenazan con rebelión si prospera la Ley Financiera: los privados y los extranjeros se resisten a una letra del Tesoro en pesos, un encaje remunerado o la captura de parte de los depósitos
Ana Zarzuela

Lo sopesan. Tientan la ‘caja’ del Fondo Bicentenario, tienen ya a mano los 6.590 millones de dólares de reservas que le han costado la presidencia del Banco Central a Redrado. Pero con cada paso que consuma el quinto ‘asalto’ a los dólares del BCRA desde los tiempos de Néstor Kirchner, en la Casa Rosada empiezan a entender y a encarnar las ‘maldiciones’ que Martín Redrado les dejó: no tienen cómo pagar las facturas de sus batallas, aunque las ganen. La ‘maldición’ de la crisis con las provincias le mancha el escaparate exterior y alienta la dificultad para conseguir nueva financiación. La salida de Redrado se encadena con el miedo de los mercados y los avisos de los analistas; la fuga de capitales le mete presión al dólar, que -empujado por una demanda cuyo objetivo es enviar divisas al exterior- ha subido casi un 1% desde la salida del ex presidente del Banco Central. El mensaje que Redrado soltó al aire ya ha llegado a los mercados: Argentina está débil y peligran no sólo los 20.000 millones de dólares del canje de deuda. Varios ministros hacen llegar sus temores bajo la mesa del titular de Economía: la liquidez de la Anses y los depósitos públicos en la banca oficial serán sólo un ‘aperitivo’ de la brecha financiera del Gobierno, de más de 20.000 millones de pesos (5.000 millones de dólares) y los otros 6.000 millones de dólares a muy corto plazo.  Se queda sin ‘monederos’ en un año electoral. Pone en peligro la solución a los flecos del 'default' de 2001, deja a la luz el intervencionismo, se arriesga a que los ‘fondos buitres’ paralicen el conjunto de las reservas exteriores del BCRA -tras Griesa ahora es el turno de los italianos- y deja a la vista los problemas para cubrir unas necesidades de crédito que se han duplicado en un año.

El ministro Boudou consuela sus males con un vistazo a Europa: al fin y al cabo -defienden en la Casa Rosada- la deuda pública argentina, de 113.000 millones de dólares sólo representa aún un 40% del PIB, en línea con Brasil o Venezuela y muy lejos del 113% de Grecia. Y las reservas que dejó Redrado representan 15 meses de importaciones. La Casa Rosada sólo tiene ojos para el consuelo de Morgan Stanley, el que descontaba -antes de la crisis institucional- que a pesar del déficit fiscal en 2010, sus ‘juegos de manos’ le permitirían pagar. Pero se le ven las grietas de su blindaje: por más que la Casa Rosada mire a Atenas, ni siquiera en las zozobras griegas encuentra consuelo la nueva presidenta del Banco Central, Marcó del Pont.

En menos de un mes, Argentina redobla su corona como ‘oveja negra’ de los mercados internacionales, su riesgo país se ha disparado un 20% al calor del ‘efecto Redrado’, casi triplica al de Grecia, lidera el mayor porcentaje de riesgo de impago -con una probabilidad del 51,27%, sólo seguida de cerca por Venezuela con el 51,12% y Ucrania (45,92%). Y sobre todo, sus seguros contra impago de crédito CDS duplican los del mercado con más riesgo del Viejo Continente.  El costo de la cobertura contra riesgo de default a 5 años pasó de 890 puntos básicos a principios de enero a 1.080 en los últimos días. Si Argentina saliera a pedir crédito, hoy rondaría el 14%, muy lejos del horizonte de una sola cifra que Boudou se prometía una vez que se hubiera conseguido desbloquear el Fondo Bicentenario. Eso, si pudiera rehabilitarse ante el redil de los mercados. Dado que el país carece de financiación exterior, ya en 2009 incurrió en déficit fiscal por primera vez desde la depresión de 2002. Por si fuera poco, los bancos estatales venezolanos han decidido vender los bonos que el Gobierno argentino colocó oportunamente al gobierno de Hugo Chávez y de los cuales se adquirieron unos  6.500 millones de dólares entre 2006 y 2008, lo que complica aún más la salida al mercado del gobierno argentino, ya que la Casa Rosada tomaba este título como referencia para el retorno a las plazas internacionales de crédito.

Sólo el visto bueno del Senado y el apoyo de los representantes de los gobernadores de varias provincias  separan a la Casa Rosada del 37% de los 18.000 millones de las reservas internacionales de libre disponibilidad. Pero ni la caja del BCRA ni las de los bancos los salvarán del resto de las maldiciones que dejó dictadas Redrado. Si cuando llegó  su cargo el ya ex presidente del BCRA la inflación era del 4% anual hoy es del 15% -más allá del 20% según algunos analistas independientes al Indec-. Si acusaron a Redrado de “preservar las reservas para financiar la fuga de capitales”, ha sido justo su adiós el preludio de una tocata y fuga de dólares que de nuevo iguala este mes la vía de agua en las reservas del país a los niveles de 2001, 2004 y 2008. Después de un año de contención, en el que la fuga de capitales pasó de 20.000 millones en 2008 a 11.200 millones de dólares a principios de 2009, 3.000 millones en el tercer trimestre y a cifras de entradas netas en el cuarto, en sólo los veinte primeros días del año salieron del país 155 millones de dólares; a ellos se agregaron los giros netos al exterior de las casas matrices de las filiales extranjeras por más de 5.000 millones de dólares.

Pese a haberse detenido en el último trimestre de 2009, entre otras cosas por el ingreso del dinero que giró el FMI al país, este indicador de desconfianza le restó  37.200 millones de dólares a la economía argentina, un monto 25% superior al ingreso que el país obtuvo en igual período por su esfuerzo exportador. Y la evidencia de que los argentinos tienen ya ‘debajo del colchón’, fuera del sistema financiero 131.000 millones de dólares. Argentina captó sólo el 5% de las reservas de la región. Es, además, uno de los países con menos préstamos al sector privado: sólo un 10% del PIB, frente al 30% de Brasil y un 7,2% menos que en 2008. Si se cumplen las previsiones de Datariskglobal, la fuga de dólares será sólo el preludio de la salida masiva de divisas a medida que se hagan realidad los temores de insolvencia en las cuentas públicas argentinas.

Las necesidades de fondos fiscales para 2010 son de 40.000 millones de pesos (20.000 millones por déficit del Tesoro, 7000 millones por déficit de los fiscos provinciales más sus vencimientos de deuda menos lo que está acordado refinanciar por la Nación y 13.000 millones por vencimientos de la deuda pública nacional en pesos por capital e intereses netos de lo que se autocobrará el sector público por títulos que tiene tras la toma de las AFJP) y 6500 millones de dólares también por vencimientos de deudas del Estado, pero en dólares. Ni siquiera con algún financiamiento externo -cada vez más difícil- maquilla sus grietas fiscales, ni en monto ni en tipo de moneda: faltan pesos más que dólares. Les pone fecha, alto y claro, Standard and Poors, con la misma letra con la que pronosticó las quiebras de General Mostors y Chrysler: a los Kirchner “les queda poco tiempo”. “Si no corrigen su política económica” la tierra del tango desembocará de nuevo en la cesación de pagos en 2010; ni la emisión de nueva deuda en los próximos trimestres ni el rebaño de las últimas migajas de la Anses serán ya suficientes para contener la vía de agua de la fuga de capitales, la tormenta de la caída de las reservas oficiales y de los flujos de ingresos; si no llueve en latitudes argentinas la financiación externa y  genera un mayor superávit, puede tener problemas para cubrir los servicios de deuda y sobre todo otras necesidades de financiamiento más allá de 2010.  Boudou, mira a las ‘cajas’ hasta ahora intocadas y pasa su mano por las últimas telarañas de las ya exprimidas: la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses) le dio 7.300 millones de dólares a las arcas públicas en 2009 y acaba de suscribir letras del Tesoro por 1.500 millones de dólares, pero al principal financiador de los Kirchner le tiemblan ya las piernas de la liquidez.


URGENCIAS PROVINCIALES

Busca cajas. Propias o ajenas. Quiere triplicar los planes sociales en los doce meses que le quedan en el poder. Y necesita oxígeno para las provincias: con un déficit de 13.500 millones de dólares la mayoría por impagos estatales- sólo las ayudas extraordinarias han permitido a Buenos Aires y Córdoba hacer frente al pago de los salarios. Se lo advertía Redrado en el BCRA: las cuentas provinciales seguirán deteriorándose por la caída de recursos propios y la coparticipación federal de impuestos. Economía y Regiones estima que el déficit de las provincias ascenderá al menos a 10.0000 millones de dólares en 2010, 12.000 si se reabren las paritarias antes de fin de año. La Casa Rosada transita por las líneas rojas de las cuentas públicas: en 2009, el superávit fiscal primario no alcanzó para cubrir ni siquiera los intereses de la deuda. Por eso, por primera vez desde 2002, el Estado cerró con un déficit financiero.

El Gobierno de Cristina Fernández se bebió a borbotones el oxígeno de los fondos de las estatalizadas AFPJ, el ‘affaire Redrado’ ha arrugado el desempeño de los bonos que ‘lucía’ sobre los 135.700 millones de dólares que maneja la Anses (el último de sus balones de oxígeno). De sus recursos adicionales, sólo el 60% se destinó a las prestaciones, el resto fue a financiar el gasto corriente y de capital de la Casa Rosada.  El ministro Boudou llegó a pasarle la mano hasta a 5.200 millones del fondo de garantía de la Anses (el previsto para garantizar el pago de las prestaciones), estatalizó las pensiones y confiscó ahorros en la AFJP.

Ni siquiera cuanto organismo público estuvo a tiro esquinó su avidez: más de 41.000 millones de dólares sólo de instituciones estatales, hasta del PAMI: la obra social de los jubilados tuvo que ceder a finales de año 700 millones al Estado a cambio de la emisión en la última semana del año de una Letra del Tesoro en pesos y otra en dólares a ser suscrita por el Fondo de el Fondo de Garantía de Sustentabilidad del Sistema Integrado Previsional Argentino (FGS). Pero Cristina Fernández sabe, además, que no podrá saciar sus urgencias -un gasto que crece al 30% y sus recursos al 21%-, en las mismas ‘fuentes’ que los últimos doces meses: la recuperación de precios de los títulos públicos y otros activos generaron un aumento del stock de la Anses que los analistas ya advierten que se ‘licuará’ en 2010 y desde finales de 2009 Argentina repliega las alas exteriores de la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES), más de 6.900 millones de dólares que las pensiones tenían en activos fuera del país.

Marcó del Pont apunta ya con el dedo de los Kirchner al sistema bancario argentino para cerrar las vías de agua que se tragan cada dos meses la misma cantidad que las pensiones estatalizadas pensaban aportarle a las arcas argentinas. Se abrazan a ellos con las ofrendas de paz -bonos y dividendos- en una mano y las nuevas ‘digestiones’ -impuesto de cheques y ley- en la otra. Saben que después de tironeo entre Redrado y Cristina Fernández, la Superintendencia de Entidades Financieras quedó en manos de Carlos Sánchez, un ‘kirchnerista’ de pura cepa, dispuesto a cerrar filas desde el supervisor con las propuestas de la Casa Rosada.  Como adelantaba La Nación, en el Gobierno hay planes para reformar la Carta Orgánica del Banco Central, para poder usar las reservas para dar crédito de fomento, por ejemplo. Un proyecto lo hizo la presidenta del Banco Nación, Mercedes Marcó del Pont. Y también una reforma de la ley de entidades financieras, diseñada por Carlos Heller, que podría derivar en la nacionalización lisa y llana del sistema bancario y que para empezar, busca la vía libre del Estado a una parte de los 7.800 millones de dólares de los encajes (los fondos inmovilizados) que las entidades financieras tienen en el Banco Central, a cambio de una tasa anual del 5%.

EL BOTÍN DEL CENTRAL: DE LAS PRISAS AL DESARROLLISMO

Cristina Fernández juraba destinar el Bicentenario a garantizar los vencimientos de deuda durante 2010, desbloquear el pago de deuda con los holdouts pendientes, limpiar las últimas manchas del default de 2011 y consumar el regreso de Argentina a los mercados de crédito internacional. Luego, en la Casa Rosada, prometían utilizar los 6.900 millones de dólares para evitar un recorte fiscal a las provincias y despejar su situación. Sólo así se han hecho con el apoyo de la mayoría de los gobernadores en la Cámara Alta: los que no apoyen la coparticipación del impuesto al cheque tendrán dificultades en el ‘reparto’ del día después. El Ejecutivo nacional sigue aliviando los "urgentes" apremios de las provincias cuyos gobernadores apoyaron públicamente la constitución del Fondo del Bicentenario con adelantos de asistencia financieras,  pero el conjunto de las provincias afrontará este año compromisos por unos u$s 6.810 millones, según la consultora Economía & Regiones (E&R) y terminará 2010 con un déficit financiero consolidado de $ 13.000 millones. A esa cifra hay que sumar otro tanto de amortizaciones de capital, que llevan las necesidades de efectivo a $ 26.000 millones, casi tanto como los 6.569 millones de dólares de reservas que el Gobierno quiere afectar al pago de la deuda externa de la Nación. Para tapar ese rojo, las provincias necesitarán, sobre todo, del Programa de Asistencia Financiera (PAF) del Ejecutivo de casi $ 12.000 millones y créditos con organismos internacionales por $ 2.700 millones, emisión de títulos públicos y préstamos con entidades financieras por $ 5.000 millones y otras fuentes de financiamiento menores.

Pero el endeudamiento externo sólo funcionará si prospere el canje del Gobierno y, en todo caso, la principal fuente de financiamiento de las provincias será el Ejecutivo Nacional: deberá entregarles 32.000 millones de pesos  si las administraciones no logran colocar deuda. Pero ahora, los 6.900 millones de dólares de la ‘caja’ del Fondo serán para el ‘sálvese quien pueda’, el Gobierno podrá utilizar esos depósitos para cualquier tipo de pagos, incluso comprarle al Banco Central los dólares que necesite para los servicios de la deuda pública.

La nueva ‘cancerbera’ de las reservas, la presidenta del Banco Central, Mercedes del Point, ha empezado a encajarlo. Nada será lo mismo. Ni dentro ni fuera de la institución. La Casa Rosada tratará de no acelerar la reforma de la Carta Orgánica del BCRA si no es imprescindible, pero ya le ha marcado una nueva hoja de ruta desarrollista: el uso obligatorio de parte de las reservas para financiar “proyectos industriales”, “obras de infraestructura” y otras promesas del Ejecutivo. Y la presidenta del Central ya sabe que desde ahora no sólo debe lidiar con las reservas, sino con los precios -enero cerró con la mayor inflación desde 1992-, el dólar -bajo riesgo de revaluación frente al peso argentino, como le recuerda Goldman Sachs- y los bancos, que prometen resistirse a la nueva Ley Financiera que del Point (ahora obligada a coordinar su política semanal con el ministerio de Boudou) ha tenido que volver a sacar del armario en la que la dejó Redrado.

La Casa Rosada -lo reconoce hasta el propio ministro- necesita más fondos para atender el déficit de este año y con el acceso a los mercados voluntarios de crédito sellado para Argentina, prepara el mapa de las soluciones bancarias. Le ha pasado ya todas las manos al tejido financiero, sólo un 15% de los depósitos escapa a la avidez del Estado y sus emisiones, o al menos a sus urgencias, pero el nuevo mapa de sus aspiraciones de inversión pública requiere más. Les duele -no lo ocultan- que las entidades privadas hayan pasado casi de largo de los fideicomisos de la obra pública. Más aún que en el último trimestre sus beneficios hayan ascendido a 1.220 millones de dólares, un 51% más. Olvida que, si sólo 15 de cada 100 pesos que entran en los bancos sólo se prestan 15, es porque el sector público absorbe el resto para financiarse, o suscribir letras y notas: más de 6.000 millones de dólares, según el propio Banco Central, fueron a parar a sus arcas, o a financiar al Tesoro Público. En las entidades financieras suponen que, como poco, el Gobierno intentará una colocación ‘voluntaria’ de bonos al 10% en dólares, pero los banqueros prefieren incluso seguir con su dinero en títulos que cotizan ya a precio de default.

No son la Asociación Empresaria Argentina (AEA) y la Unión Industrial Argentina (UIA) las únicas que advierten que la emboscada bancaria es sólo ‘una mancha más para el tigre’. La sensibilidad de los bancos locales crece ante la posibilidad de que se modifique la ley de entidades financieras para aumentar los redescuentos y ampliar la capacidad crediticia. Marcó de Point baraja colocarle una letra del Tesoro en pesos a los bancos locales y con los fondos recaudados comprarle a las reservas del Central los dólares para pagar la deuda. La banca pública no tendrá más remedio, aunque cada vez es más difícil encontrar liquidez ociosa. Los privados podrían aceptar con gran disgusto y los extranjeros se resisitirán todo lo que puedan. Otras alternativas son todavía más peligrosas, como capturar parte de los depósitos en dólares que no pueden prestarse a quienes no tienen ingresos en moneda extranjera. Una letra del Banco Central o un encaje remunerado se han mencionado como posibilidades. Pero la contrapartida puede ser una enorme desconfianza en el sistema financiero, de espaldas a las advertencias de los analistas y a las luces rojas del sector. Por ahora, excusatio non petita, la presidenta del central sólo ha podido tranquilizar a los bancos con la promesa de que “no nacionalizará los depósitos”.

DE NUEVO LA ‘OVEJA NEGRA’ DEL MERCADO INTERNACIONAL

Si Cristina Fernández pretendía limpiar el escaparate del perfil crediticio de Argentina y retornar al redil de las instituciones internacionales, se ha encontrado con la inquietud que ya no esconden ni el Departamento de Estado norteamericano, ni el FMI. Nada de volver por ahora a permitir que la misión del Fondo aterrice a revisar el estado de la economía argentina, como el ministro Amado Boudou esperaba desde su llegada a la cartera de Economía. Y si la Casa Rosada quiso llamar a los inversores con el ‘canto de sirenas’ de su salida de los últimos flecos del default a las espaldas del BCRA, su percepción en los mercados y los analistas no ha hecho más que empeorar, lo ha visto en la evolución de los CDS (credit Default Swaps), del 50%, hoy sólo comparables hoy en la región a los niveles de Venezuela, del 47%. Le marcan la cancha los vaticinios del Citigroup, Credit Suisse y Bank of America: el ruido político no ha hecho más que empezar y el crédito se resentirá a la vista de unas batallas que sólo preludian la guerra final entre el Ejecutivo, el Congreso y la Justicia. Peor aún, los tribunales allende las fronteras argentinas.

Tras el embargo del juez Griesa en los EE UU, ahora es la “Casa del Consumatore” italiana la que tendrá que estudiar durante este mes si llevar ante la justicia a los bancos argentinos que les vendieron bonos en el default. Le pisan los talones a sus calificaciones ya Fittch y Moody´s: su calificación de riesgo está ya en el punto de mira. Sólo lo bajo del suelo de su calificación crediticia –B3, una de las más bajas de todos los Estados que evalúan- la ha salvado de empeorar. El temor también se refleja en el dispar castigo que viene sufriendo la deuda argentina, según la moneda en la que esté nominada: los títulos emitidos en moneda local duplicaron en los últimos días su ritmo de depreciación respecto de los dolarizados. Un horizonte que espanta las posibilidades de la solución al canje de deuda que Amado Boudou tuvo que paralizar -como su gira europea- en enero y febrero.

El ministro prometía un periplo llamado -según sus planes- a pero sobre todo, a ‘regalar’ confianza en el mundo financiero para acceder de nuevo -después de casi una década- a los mercados de crédito voluntario y conseguir financiación por debajo del 10% -lo que hoy estarían dispuestos a ofrecerle, una de las peores tasas mundiales-en un año en el que las cuentas empiezan a no salir en la mesa de Amado Bodou. Su plan era cancelar la deuda con el Club de París en cuotas de 1.000 millones de dólares anuales -y la supervisión del G-20- y para los acreedores privados. Un programa de seducción que incluía cuatro etapas: solucionar el tema de los holdouts; volver al mercado voluntario de deuda para abonar los vencimientos del año próximo; aceptar la revisión del FMI y acordar con el Club de París. Pero se desarticuló por completo ese programa de Boudou y sólo quedó la postergada reapertura del canje.

Los mercados y los analistas le han encendido todas las luces rojas ahora que quiere reactivar cuanto antes el plan de canje por 20.000 dólares con los tenedores de bonos que no aceptaron la reestructuración en 2005. Varios fondos internacionales salieron a vender deuda argentina y no aparecen compradores. En las mesas de los bancos dicen que el retraso en lanzar la oferta conspira contra una recuperación. A pesar de que prometían que la caída de los bonos no iba a retrasar su ‘limpieza’ ante los mercados, los principales activos argentinos han caído un 4,1% desde la salida de Redrado por los temores del mercado. Tanto que el Gobierno podría cancelar el canje si percibe que el país no puede emitir deuda a un dígito, o al menos a una baja tasa de dos dígitos. Nada que ni el shock de Grecia ni la desconfianza de los mercados puede explicar. Brasil está actualmente colocando deuda pública en dichos mercados (a los que la Argentina no puede acceder), pagando una tasa de 5% o 6% anual, y a largo plazo. El problema es argentino. En enero de 2006,  Argentina pagaba 8% en dólares por endeudarse en los mercados, mientras que en agosto de 2008 pagó 15% en dólares.

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