edición: 2943 , Miércoles, 8 abril 2020
29/04/2009
OBSERVATORIO LATINOAMERICANO

Los Kirchner queman sus últimos cartuchos en busca de liquidez

El repudio del FMI y retraso del BID dejan a la Casa Rosada sin recursos para el vencimiento de la deuda del segundo semestre
Ana Zarzuela

Son tiempos de emergencia, lo reconoce Cristina Fernández. A la vista de los más de 28.000 millones de deuda que esperan sobre la mesa antes de fin de año, intenta pasar ‘la gorra’ a Washington. Y al que se deja. Se arrima a Lula, busca sitio en la foto de la reforma y el acceso de las economías emergentes y trata de canjearlas por acceso a la mesa de la emisión de DEG y los más de 50.000 millones de la línea de crédito flexible que están ya a punto para la región. Ha dado a torcer el brazo del FMI, uno de los que más alto enarboló Néstor Kirchner. Se preparaba para ponerle también la mano bajo su grifo.  Pero no sólo la presidenta argentina no está invitada: el FMI vuelve a sacarla por la puerta de atrás de la credibilidad y por la gatera de sus previsiones económicas. Las prisas del Ejecutivo argentino invocan la memoria de 2001, justo el fantasma que pretenden conjurar. La última carta antes del default está  en manos del Fondo y Dominique Strauss Khan ya les ha dejado claro que no quiere jugarla en la mesa argentina, no al menos, si los Kirchner no cambian los ‘cubiertos’ de las estadísticas del Indec y agachan las orejas ante las recetas del Fondo. La rebelión está servida, también a domicilio: el vicepresidente argentino, Cobo, amenaza con negociar por su cuenta para colgarse a solas las medallas del FMI.

Miró a las bóvedas del Banco Central y ha hecho caso a Econometría: antes en brazos del “neoliberalismo” -Cristina Fernández dixit- que del default y de la asfixia a las provincias, justo ahora que faltan menos de dos meses para las elecciones regionales y el peronismo se la juega en sus predios. Buenos Aires quiere maquillar la cara de sus finanzas y echarle polvos a su deuda. A la fuerza ahorcan. Se sacuden todos los bolsillos: los de las instituciones y los de las nacionalizaciones, pero los malabares fiscales no salen. A los Kirchner se les nublan las cuentas, tanto como para jugar al ‘todo es posible’. Viste de interés del Fondo Monetario lo que no es más que necesidad de la tierra del tango, pero Néstor Kirchner enfunda las lanzas, ésas mismas que le llevaron a la guerra con Washington en 2006 y a Cristina Fernández a proclamarse en Madrid “mártir del sistema financiero internacional”. Afila su sonrisa hacia Washington, pero no puede esconder los colmillos de su avidez. Vuelven sobre los pasos de su guerra y, por primera vez desde 2001, estaría dispuesta a permitir que el FMI supervisara de nuevo los sótanos de su economía, incluido el Indec, la niña bonita de su arquitectura financiera, el mismo que -paradojas kirchnerianas- ha obligado a pagar 200 millones de dólares extras a los tenedores de bonos por sobrevaluar el crecimiento del PIB. 

A la fuerza ahorcan: ni la consigna de su propio ministro de Economía, Carlos Fernéndez -que disparaba de nuevo contra el Fondo en su reunión de primavera- ni los taconazos de Dominique Strauss Khan -que ni siquiera ha querido reunirse con la presidenta argentina a solas- evitan que Cristina Fernández tienda de nuevo su mano. La enfunda en el guante de la reforma institucional para tratar de llegar, aunque sea de lejos, a los 500.000 millones de euros que el FMI presume tener antes de finales de año y los 250.000 millones de dólares que repartirá entre los países miembros para fortalecer sus reservas. Buenos Aires se enchufa a la capitalización del FMI, pero hasta el vicepresidente Julio Cobo reconoce que los 3.000 millones de dólares que el país sumará en las reservas del Banco Central –apenas el 1% de lo previsto por el FMI- son poco más que maquillaje. Una mano de pintura gracias a un artilugio contable -nada de dólares contantes y sonantes- que permite la emisión de Derechos Especiales de Giro (DEG), en la práctica la ‘moneda’ interna de la institución, canjeable después por divisasg. Sólo eso. Y muy lejos de las aspiraciones argentinas de que llegue antes de junio. Los Kirchner no cosechan en tierras galas, por más que metan prisa a Barclays, Deutsche y Citi para organizar el canje de bonos. Ni las reticencias del Club de París y los tenedores de bonos ayudan a mitigar los recelos de Strauss Khan. Menos aún el embargo sobre las cuentas de la embajada argentina en Francia -gracias a la intervención de la justicia americana -que ni la intercesión del mismísimo Nicolas Sarkozy ha podido bloquear.

EL RETORNO DE NUNCA JAMÁS 

Ha tenido que deshacer las promesas de otoño con el Club de París,  pero la presidenta argentina trata ahora de regresar al redil de los organismos internacionales. Sabe que sólo así podrá completar el formulario 18-K ante la SEC estadounidense y volver a abrir al menos alguna gatera para reabrir el canje con los tenedores internacionales. En la mira, la posibilidad de pedir el equivalente a la ‘cuota país, unos 3.000 millones, o tratar de subirse a la última línea creada en el contexto de la crisis global, que permite cinco veces esa cuota.  Sólo si admite la mirada del Fondo podrá reeditar las huellas de Hungría, Ucrania o Islandia si lo necesita. Ya hace semanas que el jefe del Gabinete, Sergio Massa, despeja el lobby.

Si su salida le costó el pago en efectivo y de golpe de 9.000 millones de dólares, Buenos Aires busca ya de Dominique Strauss Khan ‘incentivos’ para estar de vuelta y un sillón preferente en el nuevo G-20. Si no, al menos señales con las que espantar el miedo de los analistas y la sombra de los rating: buscan canjear préstamos garantizados por 2.360 millones de dólares por otro título en pesos de 2014, pero se conforman ya con cubrir un 50%. EE UU ha dado su apoyo a Brasil y Argentina para reformar el FMI y otorgar mayores cuotas de poder a los países emergentes. Brasil y el resto de los BRICS (Rusia, China y la India) no incrementarán sus aportaciones hasta que el FMI lleve a cabo una profunda reforma en sus organismos de gobierno. Otra cosa serán los créditos. Argentina no está llamada al ‘festival’ de ayudas de la nueva Línea de Crédito Flexible, a la que ya se plegaron cinco países de América Latina, entre ellos México ( 47.000 millones de dólares) y Colombia ( 10.400 millones), además de Costa Rica, El Salvador y Guatemala.

Strauss Khan golpea la mano tendida de los Kirchner: cuando le preguntan por el horizonte argentino, pronostica la mayor contracción de la región, un 1,5% en 2009, muy lejos del crecimiento del 2,6% que sigue sosteniendo el Indec. Cuando mira a su transparencia, el director del FMI recuerda las manchas del  Instituto Nacional de Estadística y Censos: no sólo las estadísticas como las de la inflación están distorsionadas, ahora también los números fiscales y de la situación financiera están bajo sospecha. Como denuncian fuentes solventes desde dentro de la propia institución, la mano de la Casa Rosada estrecha el cerco judicial contra los funcionarios que ponen en cuestión – en línea con las instituciones internacionales- los métodos del Indec, dos años después de que 38 directores y coordinadores generales rechazaran públicamente los métodos de elaboración del IPC.

Las urgencias apremian en el horizonte de los Kirchner, ya han tenido que pedir prestados 10.000 millones de la lotería nacional para poder cerrar, fuera de fecha, las cuentas del año 2008.Trasvasan la sequía de su liquidez en el sudoku de vasos comunicantes del Estado, con más de 10.000 millones de deuda intraestatal. Ahora que se bebió en menos de dos meses las pensiones y que los capitales no retornan con sus cantos de sirena, la Casa Rosada afila la guerra del campo: trasvasa, con una mano, más de 3.000 millones de subsidios al agro para no remover los rescoldos de su peor batalla política y medidas de fomento para el sector rural con las que ha sellado unan tregua. Sólo los 68.000 millones de fondos de las AFJP libraron a las arcas de los Kirchner del color rojo en el último trimestre del año pasado. Pero lo del segundo semestre del año promete ser otra cosa. La mano del ministro Fernández llama ya a todas las puertas. Los analistas locales ya han encendido todas las luces rojas: ni el swap de monedas con China por 10.000 millones de dólares -que por ahora sólo ha levantado las lanzas de la competencia carioca- ni la línea urgente de crédito comercial con Brasil por 1.500 millones de dólares tapan el sol de su deuda inminente. El préstamo de 1.800 millones de dólares del BID, el que los Kirchner venden como más inmediato -a pesar de las reticencias de Luis Alberto Moreno, que se niega a ponerle fechas- ya está incorporado dentro de los planes de financiamiento estatal y, como el del Banco Mundial o las líneas de crédito del brasileño Banco Nacional de Desarrollo (BANDES), cuando llegue, lo hará vinculado a planes específicos, muy lejos del pago de la deuda pública.

LA SOMBRA DEL DEFAULT

Excusatio non petita, no se cansan de repetir que la Casa Rosada garantiza los pagos de deuda -más de 20.000 millones de dólares- para 2009. Más adelante, ni el optimismo de los Kirchner se atreve a hablar de los otros 25.000 para 2010. Menos aún si la refinanciación de parte de esos 20.000 dólares no llega antes de las elecciones de octubre. Ni los esfuerzos del Banco Central -con un informe que intenta demostrar que Argentina tiene recursos para pagar la deuda pública incluso la de las provincias-, pueden opacar que el Banco no tiene 46.000 millones de dólares de reservas sino 21.000 millones, una vez descontadas sus deudas con los bancos privados locales (15.000 millones), un préstamo con el Banco de Basilea (3.000 millones) y alrededor de 5 a 7.000 millones con el mercado de futuros. Subidos al tren del gasto y el aislamiento en los mercados de crédito, llevan a Argentina por los mismos hitos que en 2001. Ni la nacionalización de las pensiones, ni su plan para taponar la sangría de los capitales serán suficientes para las necesidades de sus planes de rescate y su millonario programa de infraestructuras, ahora que el pulso fiscal ha bajado. Sin el traspaso a la ANSES de los aportes que antes percibían las AFJP (que disparó una subida del 83,5% interanual en los ingresos obtenidos por las Contribuciones a la Seguridad Social) el superávit se habría convertido en déficit, algo que no ocurre en forma sostenida desde la crisis de 2001-2002.

No será suficiente. Menos aún para alimentar un plan de inversiones de 71.000 millones de pesos (21.000 millones de dólares) con el que trata de darle cuerda al laberinto de su economía y al reloj de las deudas políticas del peronismo ahora que las elecciones legislativas están a la vuelta de la esquina  y hay que contentar a las provincias. No son sólo la oposición y los analistas locales los que advierten que Argentina está abocada a reformular sus vencimientos de crédito. Si los cálculos de Merrill Lynch no fallan, los Kirchner tendrán que seguir levantando el zigurat de sus piruetas en una economía en recesión ya desde este trimestre, en la que -descuenta el banco- sólo el sector público seguirá dándole cuerda para contrarrestar la inversión privada. Pero lo hará -Barclays dixit- con el viento de cara: los próximos meses  seguirá la restricción de liquidez, la ‘resaca’ de una posible recesión y la erosión creciente de la confianza. Más aún cuando la recaudación caerá en línea con la contracción económica del país, que pasará de crecer al 6,4%  a sólo 1,6% en 2009 si se cumplen las previsiones de Credit Suisse y Fitch Ratings.

Con el flujo adicional que recaudará la Anses más los intereses (5.000 millones de pesos) el fisco exhibirá un superávit primario de 12.000 millones de dólares. Le seguirán faltando 6.500 millones de dólares para cubrir los vencimientos. Se podrán reprogramar los 2.500 millones en papeles en poder de las AFJP y de bancos locales. Pero todavía faltarían 4.000 millones de dólares. El gobierno de los Kirchner, el que más  ha pagado en la historia a los organismos internacionales -a pesar de la enseña combativa del ex presidente- es también el que más debe: se ha deslizado de los 144.000 millones de dólares de 2001 hasta los 170.000 de deuda global, 14.000 de ellos de vencimiento inminente. Además, a Cristina Fernández le esperan aún sobre la mesa los acuerdos con los bonistas que no entraron en la negociación en 2004 -unos 30.000 millones más-. Y casi un 40% de la deuda se ajusta por la inflación, el principal indicador (el del Indec) que genera sospechas. Si en el 2008 tuvieron problemas para enfrentar los vencimientos de menos de la mitad de capital e intereses que este año, el 2009 luce difícil. En el 2010 vencen 12.652 millones de dólares y en el 2011 otros 14.237 millones.

Noticias Relacionadas

Director
Juan José González ( director@icnr.es )

Esta web no utiliza cookies y no incorpora información personal en sus ficheros

Redacción (redaccion@icnr.es)

Intelligence and Capital News Report ®
es una publicación de Capital News Ediciones S.L.
Editor: Alfonso Pajuelo
c/ Real, 3. 40400 El Espinar (Segovia)
Teléfono: 92 118 33 20
© 2020 Todos los derechos reservados.
Prohibida la reproducción sin permiso expreso de la empresa editora.

Optimizado para Chrome, Firefox e IE9+

loading
Cargando...