edición: 2615 , Jueves, 13 diciembre 2018
27/05/2009
OBSERVATORIO LATINOAMERICANO

Los Kirchner se ahogan con la fuga de capitales y aumentan la presión sobre el Santander

Le amargan los resultados, le levantan los muros del mercado uruguayo y tratan de arañar información sobre los grandes inversores argentinos en el exterior
Cristina Fernández de Kirchner
Javier Aldecoa

Salen de cacería. Ya hacen sonar las tubas de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP). Ni la caja de las pensiones estatalizadas de la Anses puede disimular que a Argentina le duele el flanco fiscal. Tanto que Cristina Fernández no tiene más remedio que tratar de ponerle puertas a la fuga que se ha llevado del país 23.000 millones de dólares este año, tantos como en el colapso de 2001. Cierra las compuertas de las operaciones bancarias y financieras con Uruguay. Entona el canto de sirenas: desde ahora el capital podrá regresar sin depositar los fondos en el sistema bancario y acogerse a un menú más amplio de inversiones. Pero con el otro puño, la Casa Rosada sacude la amenaza a los bancos, los fondos de inversión y cualquiera que coincida, a sus ojos, con el perfil de inversor en latitudes ajenas. A Emilio Botín le agita las dos. Los Kirchner enarbolan las varas del escarmiento y buscan otra vez que el Santander Río tapone alguna de las fugas, al menos las del populismo peronista. Se han intentado montar en las dudas de los estafados por Madoff. Dan por hecho -advierte Echegaray- que entre ellos hay fuertes inversores, no todos ‘en blanco’ y asusta el miedo tras cualquier información que le ponga apellidos a la fuga de capital.

A Botín ya hace más de tres meses que los Kirchner le cobran sus galones de primer banco comercial en el país vecino, su liderazgo en créditos y la sombra de Madoff sobre Optimal. Con cada vuelta de tuerca resucitan las tentaciones de huida que los de Boadilla se pensaron hace ya tres años.

En la bisagra de sus recelos hacia el país vecino, el Gobierno intenta pillarle los dedos de la colaboración al Santander. En los muros uruguayos choca de frente contra la mano de Botin la prohibición de transacciones financieras. Al Banco Santander Río, la Casa Rosada le amarga los resultados de este trimestre, le presiona las tasas y los tipos de crédito -como a todos- y le baila los fondos prometidos de las pensiones estatalizadas -como al resto- pero aprovecha el tren de los 500 millones de fondos argentinos atrapados en la telaraña de Bernard L. Madoff -que en Buenos Aires sigue descarrilado- y los bríos de la campaña de la AFIP, a la caza del retorno de capitales. Echegaray prometió 'soto voce' hacer del banco el paradigma del látigo de la AFIP. La Administración pone la mira en  los inversores locales de apellido Madoff - por cierto, unos de los menos proclives a negociar con Santander- que han buscado acuerdos extrajudiciales y propone ayudarles en EE UU, Suiza y Madrid -los del Optimal- a cambio de información.

Ya trató -con inspectores en ristre y desembarco en las oficinas del banco hace dos meses- que el equipo de Botín desvelara los nombres de sus grandes inversores, o al menos de que el miedo de sus clientes -para empezar los del Optimal y sus más de 400 millones de dólares argentinos- se destapara solo. Ahora vuelve por sus predios. Ni el acuerdo con el administrador legal de los bienes y activos de la firma de Madoff, Irving Picard, ni los muros de la protección del Santander hacia sus inversores y su entorno se lo han puesto fácil hasta ahora al zigurat de rumores y delaciones que los Kirchner han querido tejer. Pero la AFIP huele al capital con vocación exterior y les tiene ganas a sus 120.000 millones de dólares de apellidos argentinos. Consuela, al menos a los ojos de los Kirchner, el hasta ahora débil plan de blanqueo husmeando en cualquier hilo suelto para los ovillos de liquidez que necesita destapar.

Argentina busca torniquetes bancarios y los tapones del miedo para cerrar -por las buenas o por las malas- las vías de agua que desaguan el barco de las cuentas públicas argentinas y se tragan cada dos meses la misma cantidad que las pensiones estatalizadas pensaban aportarle a las arcas argentinas. Trata de atraer de nuevo a los capitales espantados con el señuelo del perdón legal para el ‘blanqueo’ y el aliciente fiscal, del 8% al 2% en impuestos. La Casa Rosada quiere traer de vuelta a las clases altas, los inversores más intensos, los que sacaron del país 5.000 millones de dólares desde enero, un 150% más que en el mismo periodo del año pasado. Lo hace por la puerta de la seducción con la misma intensidad que por la de la presión.

UNA CACERÍA QUE ESPANTA

Echegaray hace saber que tiene nombres y que más allá del 31 de agosto hará caer sobre ellos el peso de la AFIP. Ya ha enviado dos rondas de notificaciones a  personajes de entorno deportivo y del mundo del arte y del espectáculo avisándoles de que podrían haber olvidado ‘blanquear’ sus cuentas. La AFIP buscará apuntalar el IVA con premios semanales. Pero por más que Cristina Fernández se disfrace de ‘Moisés’ del blanqueo de capitales, ni los euros ni los dólares -37.500 millones en dos años- se animan a retornar por sus aguas abiertas. Para disgusto del sistema bancario, los argentinos bailan el tango de ‘coge el dinero y corre’ como nunca. Con cada vuelta de tuerca, la AFIP y la Casa Rosada no sólo espantan los dólares de las reservas del Banco Central, sino que alejan la voluntad de unos capitales que en los planes de los Kirchner debían retornar nada menos que a nutrir inversiones públicas en infraestructuras, energía y el tejido industrial. Por ahora, son más los que se van que los que regresan y el colchón de la balanza de pagos comercial, el que amortiguó hasta ahora el 75% de la fuga, ya no tiene espesor para parar más golpes. En apenas los últimos doce meses, el miedo de los inversores se ha bebido el equivalente a todo lo ingresado desde 2005 en las reservas del Banco Central.

El miedo de los mercados, la peor calificación de deuda del Estado de todo el continente, la desconfianza de analistas, inversores y hasta de los pensionistas le espantan las cuentas Fernández. La retracción de la actividad económica y del comercio exterior argentino ha anclado los recursos tributarios, que concentran el 61% de los ingresos totales, con un crecimiento de tan solo el 0.7% frente el 49% registrado al primer cuatrimestre de 2008. Sólo la digestión de los recursos adicionales de los fondos de pensiones estatalizados -un 56% de los ingresos este trimestre- han permitido a la Casa Rosada eludir un crecimiento real negativo de la recaudación en cada uno de los cuatro primeros meses de este año. Si se incluye el pago de los intereses de la deuda, el resultado fiscal dejó de ser superavitario, pasando de un ahorro de 1.611 millones de dólares en abril de 2008, a un déficit financiero de 1.715 millones, con una caída interanual del 206%. Sin la ayuda de Venezuela (que no tiene el petróleo para seguir con alegrías argentinas), las puertas del sistema internacional cerradas y sin más capacidad de autopréstamos del poder Ejecutivo, la ecuación no sale. Menos aún para alimentar un plan de inversiones de 71.000 millones de pesos (21.000 millones de dólares) con el que trata de darle cuerda al laberinto de su economía y al reloj de las deudas políticas del peronismo ahora que las elecciones legislativas están a la vuelta de la esquina y hay que contentar a las provincias.

El gobierno de Fernández ensaya requiebros en un terreno acotado en el que juega  sólo con tres bazas marcadas y huérfanas de financiación: nuevos créditos a la producción y el consumo, un plan de inversión industrial y su programa estrella para repatriar capitales. Ni los cambios constantes en las reglas de juego, ni las modificaciones retroactivas en los impuestos, la estatización de empresas y del sistema previsional, ni las sombras sobre  las estadísticas públicas ayudan. Se lo recuerdan todos los bancos, a los que ahora la flexibilización del blanqueo los deja aún más lejos de unos capitales que ya no tendrán que recalar en entidades financieras: tras la amenaza de revisar a la fuerza las cajas de seguridad, la nueva oleada de presiones sólo reaviva sus recelos. La ley penal cambiaria y el miedo a represalias no es la única norma que desalienta el blanqueo. También el rechazo del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que no se acoge a los planes de retorno de capitales de los Kirchner. Por las regulaciones de combate al lavado de dinero, los bancos están obligados a alertar al Central y a la Unidad de Información Financiera ante cualquier operación que parezca sospechosa, sin necesidad siquiera de avisarle al cliente que la realiza. En cambio, por la ley de blanqueo, las entidades financieras deben darse por satisfechas con la sola explicación de que los fondos provienen de actividades lícitas, aunque no hayan sido declarados ante la AFIP. Esta falta de coordinación normativa comenzó a crear problemas operativos entre las filiales de algunos bancos internacionales y sus casas matrices.

La Casa Rosada trata ahora de echarle doble llave al blindaje de sus capitales con Uruguay, Suiza y las Islas Caimán. Se piensa aún cómo articular los cortafuegos con Montevideo para taponar una vía de agua que acumula más de 10.000 millones de dólares argentinos y que sólo en el año pasado se ha llevado un tercio de la desbandada. Ni la diplomacia, ni la decisión de la OCDE y las promesas uruguayas de facilitar información bancaria han podido evitar que el Banco Central argentino haya prohibido que las entidades bajo su supervisión como bancos y casas de cambio, entre otros incorporen como contraparte de sus operaciones a personas físicas o jurídicas que acusen domicilio en Uruguay, Suiza o las Islas Caimán. La nueva normativa acotará aún más los márgenes de acción, como si fuera un cerrojo para operaciones con Uruguay, para aquellos que realizan operaciones que permiten a inversores comprar activos financieros con cotización local en pesos y liquidarlos en plazas del exterior en dólares. La contradanza de la fuga financiera le marca nuevas líneas rojas a Emilio Botín, que ha hecho del Santander en Uruguay- ahora que ha consumado la digestión del ABN local- el primer banco comercial privado y una de las autopistas de la inversión, los depósitos y el crédito entre ambos lados del Río de la Plata. Y que no esconde que el año pasado disponía de una fuerte presencia -33 sociedades- en paraísos fiscales como Caimán, con más de 5.000 millones de euros en capital y reservas declarados.

EL TANGO DE LA FUGA FINANCIERA

La Casa Rosada le pone una música al tango del capital y la inversión. Pero los pesos, los dólares y los euros ponen su propia letra. Y no coinciden. Y es que el fantasma del corralito anima  a la fuga. El puño de los Kichner sobre las AFPJ anima a las denuncias y a la congelación de fondos que el juez Griesa ya comenzó hace semanas en EE UU. Los inversores amansan su euforia. Las multinacionales -sólo hay que ver la desinversión del gigante brasileño Gerdau y los recelos de Petrobras- seguirán con sus caballos parados. Si les dejan los Kirchner. Cargarán con ellos. Son los únicos que tienen liquidez a mano, si no surte efecto el aporreo bajo cuerda al FMI y las instituciones de crédito internacional. Sólo el Banco Europeo de Inversiones ha respondido al canto de sirenas, pero su préstamo -el primero tras el default-  está ligado a la Volkswagen y a financiar la tv digital, si Buenos Aires escoge el modelo europeo.

Hasta los cálculos más optimistas no esperan un retorno superior al 10% de los 150.000 millones de dólares que siguen fuera del país. La ecuación se dibuja desde la Casa Rosada lista para favorecer el blanqueo sin retorno y, en todo caso, la inyección de liquidez a sus planes de infraestructura: quienes declaren sus capitales sin traerlos al país, pagarán el 8% de los impuestos que gravan el capital. Quienes traigan los capitales pagarán el 6%, quienes lo inviertan en títulos de deuda del el 3% y quienes lo inviertan en sectores como las infraestructuras, inmobiliario, o la actividad agrícola, el 1%. No es la consultora norteamericana de Kennneth Rijock -un experto en más de 100 operaciones de lavado- el primero en advertir que el plan de retorno de capitales de los Kirchner sólo atraerá a dinero negro de las drogas de toda la región.

Lejos de tranquilizar a los analistas e inversores internacionales, las últimas medidas anunciadas por la Casa Rosada lograron el efecto contrario. Reforzaron sus sospechas sobre cuán vulnerable aparece la Argentina ante la incipiente crisis global, con lo que superó un nuevo umbral: hoy es vista peor que Venezuela y Ecuador, cuyo gobierno acaba de repudiar parte de su deuda. Quizá el Gobierno consiga evitar el default en 2009 si se bebe el cóctel de los fondos de las AFJP y las reservas del Banco Central. Pero la ‘resaca’ de una posible recesión y la erosión creciente de la confianza pueden llevar a una espiral en los costos de la deuda y la liquidez disponible.

HORIZONTE INCÓMODO PARA EL SANTANDER

Es el Servicio de Estudios del BBVA el primero en advertir que algo huele a 2001 en Argentina, en igualar el riesgo con Venezuela y alertar de que los Kirchner y Chávez caminarán juntos de la mano hacia la recesión en 2010. Además, el Gobierno ha formalizado el canje de los Préstamos Garantizados -un tercio en manos del BBVA, Santander y Banco Galicia- por nuevos títulos de deuda y reabrió las negociaciones con entidades financieras locales para alcanzar una adhesión del 100%. Les niegan los créditos de la Anses, nada de obras de compensación de las pensiones. Y del retorno de capitales, ni se ha visto ni se verá. Menos ahora que Cristina Fernández teje sus propias zancadillas y con ley penal cambiaria prevé sanciones para quienes sacaron del país los fondos que ahora se podrían repatriar. Al tomar control de los fondos de las AFJP, el Gobierno anunció con orgullo que destinaría 13.200 millones de dólares para canalizar a través de los bancos y promover el crédito, en lugar de los exitosos fideicomisos privados. Sin embargo, hasta ahora las adjudicaciones son menos de un 18% de ese horizonte.

La Casa Rosada baraja los créditos de la Anses, las compensaciones a la pérdida de los fondos de las AFPJ y las amenazas. Los fondos de la ANSES están siendo colocados a tasas bajas en plazos fijos para financiar operaciones de compra de activos financieros o el otorgamiento de créditos blandos. Deja sus prebendas en manos de los menos beligerantes. La fuga de capitales, la desconfianza que frena el proceso de bancarización, las zozobras del consumo y el crédito -en los que el banco es uno de los primeros del país- le oxidan ya la corona al Santander Río en la tierra del tango. Los impuestos y las provisiones comienzan a restar oxígeno a los beneficios, ya lo han hecho en el primer trimestre con la primera caída en años del banco que más créditos acumula en el país austral, un 37% menos y la exposición al consumo ha elevado su morosidad del 1,4 al 1,9% tan sólo el último trimestre. Con un negocio muy dependiente de su cartera de préstamos al sector privado -es el líder-  y del segmento minorista  el  Santander Río respira ya en los últimos meses por la herida e la disminución del ritmo de crecimiento en su actividad crediticia. Las nuevas condiciones impositivas y el marco legal que cocina ya Cristina Kirchner de espaldas a su marido pueden ser el colofón a su tango ‘cuesta abajo’. Los que le amarguen la sonrisa argentina que Botín congeló ya desde octubre.

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