edición: 2808 , Viernes, 20 septiembre 2019
22/01/2009
OBSERVATORIO LATINOAMERICANO

Los Kirchner se ‘comen’ las pensiones en dos meses

Ana Zarzuela

Empeñados en darle cuerda a un titanic sin música, se han bebido a borbotones en menos de dos meses el oxígeno de la Anses, convertida en Cenicienta de su embriaguez. Ni aun así. Siguen atrapados entre el corazón y el bolsillo. Los analistas advierten: no será quizá en 2009, pero la sombra del impago pende aún sobre la Casa Rosada. Y los Kirchner han puesto a Argentina a caminar por el sendero de una “doble D” ya conocido -el del default y el de la devaluación- esta vez con el bastón de las expropiaciones en ristre. Quizá el Gobierno consiga evitar el default en 2009, gracias al cóctel de las AFJP y las reservas del Banco Central. Pero los próximos meses  seguirá la restricción de liquidez, la ‘resaca’ de una posible recesión y la erosión creciente de la confianza. Más aún cuando la recaudación caerá en línea con la contracción económica del país, que pasará de crecer al 6,4% este año a sólo 1,6% en 2009 si se cumplen las previsiones de Credit Suisse y Fitch Ratings.

Vampirizan todas las arcas, las propias y las ajenas. Pero se les seca la sangre y no sacian su avidez. Subidos al tren del gasto y el aislamiento en los mercados de crédito, llevan a Argentina por los mismos hitos que en 2001. Ni la nacionalización de las pensiones, ni su plan para taponar la sangría de los capitales serán suficientes para las necesidades de sus planes de rescate y su millonario programa de infraestructuras, ahora que el pulso fiscal ha bajado. No son sólo la oposición y los analistas locales los que advierten que Argentina está abocada a reformular sus vencimientos de crédito. Si los cálculos de Merrill Lynch no fallan, los Kirchner tendrán que seguir levantando el zigurat de sus piruetas en una economía en recesión ya desde este trimestre, en la que -descuenta el banco- sólo el sector público seguirá dándole cuerda para contrarrestar la inversión privada. Pero lo hará- Barclays dixit- con el viento de cara. Ni los esfuerzos del Banco Central – con un informe que intenta demostrar que Argentina tiene recursos para pagar la deuda pública incluso la de las provincias, pueden opacar que el Banco no tiene 46.000 millones de dólares de reservas sino 21.000 millones, una vez descontadas sus deudas con los bancos privados locales (15.000 millones), un préstamo con el Banco de Basilea (3.000 millones) y alrededor de 5 a 7.000 millones con el mercado de futuros.

Con el flujo adicional que recaudará la Anses más los intereses (5.000 millones de pesos) el fisco exhibirá un superávit primario de 12.000 millones de dólares. Le seguirán faltando 6.500 millones de dólares para cubrir los vencimientos. Se podrán reprogramar los 2.500 millones en papeles en poder de las AFJP y de bancos locales. Pero todavía faltarían 4.000 millones de dólares. Además, en el pecado, la Casa Rosada lleva la penitencia. El Estado se ha hecho con un flujo mensual de unos 1.000 millones de pesos y del fondo que administran las AFJP por unos 97.000 millones. Pero se ha perdido parte de las colocaciones: el 55% de las carteras está invertido en títulos públicos. Las promesas de cancelación de la deuda con el Club de París, lejos de mostrar la superación de los límites argentinos, han puesto en un nivel superior los condicionamientos con el capital financiero. El gobierno de los Kirchner, el que más  ha pagado en la historia a los organismos internacionales -a pesar de la enseña combativa del ex presidente- es también el que más debe: se ha deslizado de los 144.000 millones de dólares de 2001 hasta los 170.000 de deuda global, 14.000 de ellos de vencimiento inminente. Además, a Cristina Fernández le esperan aún sobre la mesa los acuerdos con los bonistas que no entraron en la negociación en 2004 -unos 30.000 millones más-. Y casi un 40% de la deuda se ajusta por la inflación, el principal indicador (el del Indec) que genera sospechas.

PENSIONES PARA TODO

Nada suficiente para aplacar las pretensiones de la Casa Rosada: Néstor Kirchner ha comenzado a hacer realidad su sueño de su propio Banco de Desarrollo, aunque las facturas las pague la Anses: en los próximos días extenderá sus licitaciones de fondos públicos a nuevas áreas de créditos para financiar exportaciones, con los 600 millones de dólares que tenían las AFJP invertidos en activos brasileños y que el Estado obligó a repatriar a las administradoras privadas desde noviembre de 2008.

El manto protector de Néstor Kirchner sobre el ministro de Planificación De Vido también puede más a pesar de que Argentina perdió en cinco años más reservas de petróleo y gas que nunca en medio siglo. Todo sea a mayor gloria del plan de obras públicas más ambicioso de la historia gaucha y al bautismo del nuevo Ministerio de Producción. La Casa Rosada juega a la magnificencia fiscal –con una moratoria de deudas impositivas y “blanqueo de trabajadores”- a pesar de que el superávit financiero ya de desliza en caída libre –tocó el suelo de 1.080 millones de pesos- y que, en el mejor de los casos, le faltan ya 2.000 millones. Y desenfunda multimillonarios planes de rescate a pesar de que en 2008 el Ministerio de Economía sólo empleó un 7% del dinero previsto para pymes y de que sólo se aplicó un 10% del presupuesto para integración energética.

El jugo de las pensiones aplaca la crisis del campo con créditos para calmar el enfado del sector agropecuario y financia el plan para impulsar el consumo de coches a cero kilómetros. Los ‘jubilados’ pagarán 700 millones de pesos para el consumo, a través de fideicomisos: 400 millones  de dólares para consumo, 160 millones para capital de trabajo de pymes y 140 millones  de dólares para empresas de cualquier tamaño. A ese fondo, se suman otros 300 millones adicionales para obligaciones negociables. La caja de las pensiones pagará un plan de recambio de electrodomésticos, por separado de los fideicomisos para  consumo; el soterramiento del Ferrocarril Sarmiento, por 1.000 millones de dólares y hasta el plan de prefinanciación para la pesca pasa por los fondos de la Anses.

La Anses se está convirtiendo en acreedora de empresas y corporaciones que se encuentran en default o que irán a él como consecuencia de la crisis. Lo sabe TGN (Transportadora de Gas del Norte), que ha visto cómo el Estado intervenía la empresa, una senda con la que coquetean Mastellone en el mercado lechero y SanCor. En un país en el que la deuda privada ha crecido en un 20% en relación con 2007, cuando se juntan los vencimientos de la deuda pública para 2009, por encima de 20.000 millones de dólares, con los vencimientos de la deuda privada de este mismo año, la suma que resulta es de nada menos que 64.0000 millones de dólares. A fines de 2008 esa deuda externa privada era superior a los 60.000 millones de dólares, un 15% menor de la que había en 2001, pero mucho más importante que la de entonces si se la mide en pesos. O sea que en el año en que se denunció una salida de capitales de 20.000 millones de dólares hubo un endeudamiento de 10.000 millones.

El Gobierno necesitaba bajar el gasto en dólares en un año electoral o conseguir una entrada de divisas, pero se ha echado en brazos de la estatalización de las pensiones, del plan de choque al blanqueo y de las promesas de más de 40.000 millones de dólares,  en lugar de devaluar o ir al FMI. Ha sido el viaje a ninguna parte. Argentina tiene cerrado el acceso al mercado voluntario de crédito, la recaudación viene en baja y el superávit fiscal no alcanza para pagar 4.359 millones de dólares de intereses y 15.585 millones de capital. En el 2008 vencieron 6.448 millones de dólares entre capital e intereses y el matrimonio de los Kirchner tuvo que llegar al extremo de pedirle prestado a Chávez a tasas de default, encarar un interminable conflicto con el campo por la 125 para obtener más fondos para las arcas del Estado y confiscar los ahorros de la gente en las AFJP.

Sin la ayuda de Venezuela (que no tiene el petróleo para seguir con alegrías argentinas), las puertas del sistema internacional cerradas y sin más capacidad de autopréstamos del poder Ejecutivo, la ecuación no le sale a la Casa Rosada. Mientras la economía se desacelera, el Gobierno no tiene la opción de ser deficitario, lo que complica la aplicación de un plan de estímulo a la demanda. Se enreda con los requiebros: se bebe las pensiones y no ha tenido más remedio que claudicar con los subsidios, después de una década pagando la luz, el transporte y el agua. Se tropieza con la crisis energética que ha echado el cierre de más de 3.000 gasolineras y mantiene a los consumidores expuestos al desabastecimiento y a las empresas del sector al ‘quiero y no puedo’ de las condiciones del sistema argentino. No será suficiente. Menos aún para alimentar un plan de inversiones de 71.000 millones de pesos (21.000 millones de dólares) con el que trata de darle cuerda al laberinto de su economía y al reloj de las deudas políticas del peronismo ahora que las elecciones legislativas están a la vuelta de la esquina de 2009 y hay que contentar a las provincias. Un plan listo para alimentarse de recursos estatizados del sistema previsional, fondos del Banco Nación y capital propio del Banco Industrial. Y, si prospera la iniciativa de Guillermo Moreno, la oferta de dinero saldrá también de redescuentos que el Banco Central les provea a los bancos.

Si en el 2008 tuvieron problemas para enfrentar los vencimientos de menos de la mitad de capital e intereses que este año, el 2009 luce difícil. En el 2010 vencen 12.652 millones de dólares y en el 2011 otros 14.237 millones. La pretensión del gobierno de canjear por nuevos bonos los llamados préstamos garantizados de la era Cavallo puede costar un incremento sustancial en la deuda por intereses (de los nuevos títulos). Sin crédito, el Gobierno tuvo que endeudarse fuerte con el Estado, hasta tal punto que en 2008, las acreencias de organismos como la Anses y la AFIP subieron 48%; hasta los 9130 millones de dólares. No descansa la máquina de los bonos. El Ministerio de Economía dispuso la emisión de cuatro Letras del Tesoro en pesos y dólares que juntas suman 342.835.000 millones de pesos, a ser suscriptas no ya por la Anses o por la AFIP sino por el Fondo Fiduciario para la Reconstrucción de Empresas (FFRE), administrado por el Banco de la Nación Argentina (BNA).


EL ‘EFECTO AFJP’

Ni la demora sin fecha del canje parcial de los 6.400 millones de deuda prometido por los Kirchner en septiembre, ni el fallo del juez Thomas Griesa, que obliga al país a pagar a los tenedores de bonos incumplidos 2.232 millones de dólares ayudan a unos bonos soberanos en caída libre. Un dato resume el divorcio del gobierno de Cristina Kirchner con el mercado: la única emisión de deuda que realizó a través de una operación abierta fue la colocación del Bonar 2013 en abril de 2008, cuando Martín Lousteau era ministro de Economía. En ese momento se convalidó una tasa, en pesos, del 13,3% anual. Después todas fueron colocaciones directas a Venezuela o a organismos públicos. 
Y es que el fantasma del corralito anima  a la fuga. El puño de los Kichner sobre las AFPJ anima a las denuncias. Los inversores amansan su euforia. La Casa Rosada le pone una música al tango del capital y la inversión. Pero los pesos, los dólares y los euros ponen su propia letra. Y no coinciden. Para disgusto del sistema bancario, los argentinos bailan el tango de ‘coge el dinero y corre’ con más velocidad que nunca desde 2001. Sólo en el tercer trimestre escaparon más de 5.800 millones caminito del vecino Uruguay y de las arcas del sistema bancario brasileño, casi el 50% de lo que Cristina Fernández esperaba tocar con la nacionalización de las AFJP. La Casa Rosada busca atraer de nuevo a los capitales espantados con el señuelo del perdón legal para el ‘blanqueo’ y el aliciente fiscal, del 8% al 2% en impuestos. Ni la obligación de que los capitales repatriados se mantengan por dos años depositados en un banco consuela al sistema financiero argentino. Menos aún al parqué bonaerense, que metaboliza el miedo del dinero, sobre todo en las carnes de los valores bancarios.

El efecto ‘AFJP’ pesa ya también sobre los mercados. Juraban los Kirchner que el dinero de las AFJP ya no nutrirá a los mercados de renta variable. La amenaza se ha convertido en maldición. No son los informes del Banco Santander los únicos que rebajan su recomendación e invitan a salir de la Bolsa bonaerense. Si sus presagios no fallan, éste será el trimestre de la desbandada. El riesgo de que el Estado haya pasado a poseer gran parte de sus activos tras la nacionalización de los fondos de pensiones, unido a la exclusión de ocho compañías del Merval este año, está detrás de la desconfianza de los expertos. La caída de sus acciones, además, ha hecho que estas desaparezcan del índice latinoamericano MSCI-Latam.

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