edición: 2863 , Miércoles, 11 diciembre 2019
09/12/2008
Miguel Ángel Moratinos, Ministro de Exteriores

Los Kirchner se la pegan a Moratinos con Lukoil

YPF tendrá que batirse con la rusa también en Argentina
Ana Zarzuela

No habrá encuentro moscovita. Ni con luz y taquígrafos, ni furtivo. Los Kirchner esquivan a Moratinos. No dejarán que les lea la cartilla la diplomacia española, aún incrédula por la expropiación de Aerolíneas Argentinas. Tampoco sostienen ya un frente común ante Lukoil. La Casa Rosada busca ‘bailar con Dios y con el diablo’. Ya lo hizo en Libia y repite en Moscú. La sintonía entre Brufau, Moncloa y Buenos Aires ya no pasa por la desconfianza ante Moscú y las intenciones de Lukoil hacia Repsol e YPF. Cristina Fernández prometió pararle los caballos si un nuevo inversor se atrevía a revisar los acuerdos con los Eskenazi para repartirse el control de YPF. Pero ahora la han rendido los encantos petroleros de Medvedev. Lukoil ha forzado un acuerdo a contrareloj que le da luz verde para poner un pie en tierras argentinas por la puerta de la estatal Enarsa, compartir exploración offshore con Repsol, pelearse las licencias regionales y las concesiones industriales de las AFPJ con la española y comprar el beneplácito de la Casa Rosada.

Tranquilizó sus miedos con la promesa de Antonio Brufau de mantener el epicentro hispano-argentino de poder de Repsol YPF. Pero es la propia presidenta Cristina Fernández la que reconoce que no podría hacer mucho en el escenario del ajedrez Lukoil-Repsol. Los principales activos del grupo petrolero están en el país suramericano, en YPF, la empresa en la que Repsol tiene el 85% y el grupo Eskenazi el 15%, mientras el Estado argentino se guardó la propiedad de 1.000 acciones exclusivas. Pero no tiene acción de oro, sólo algunos derechos especiales, un sillón en YPF y las líneas rojas de la desinversión sobre ciertos campos. Eso y la carta blanca para que ZP pusiera su mano en el affaire Repsol. Y el compromiso bajo cuerda de que el Ejecutivo argentino apoyaría el blindaje del actual equipo directivo, con Antoni Brufau a la cabeza, el respeto al plan estratégico en vigor, el doble centro de decisión en España y Argentina y dejar a la petrolera rusa sólo tres representantes en el Consejo de Administración de la compañía española, sobre un total de 16.

EL DESPLIEGUE RUSO EN EL CONO SUR

A Moratinos, con el ‘affaire Lukoil’ bajo el brazo -pero no sobre la mesa- no es el canciller ruso el único que promete marearle su juego de matriuskas en su periplo por Moscú. El Gobierno argentino pisa los atajos energéticos europeos: primero fueron los del Magreb, ahora los rusos. Hugo Chávez le marcó a Repsol las distancias en las espaldas de Gazprom y Argentina no quiere ser menos. El Kremlin se asegura sitio en la región por si no cuaja su desembarco en Repsol. Ya lo hace Gazprom en Brasil, Venezuela, Bolivia y Ecuador. La presidenta Fernández se ha tragado sus palabras, esas que espetaban que Hugo Chávez es tan inexplicable para América como Vladimir Putin para Europa. El petróleo y las promesas de Lukoil ya le han resuelto todas las incógnitas.

Gazprom repudió a Enarsa y pasó de largo por Argentina. Y Cristina Fernández ha demostrado que no esta dispuesta a que Lukoil haga lo mismo, a cambio de un convenio que podría desembocar en la compra de gas y petróleo por parte de la Casa Rosada. No ha dudado en ponerle a tiro a las concesiones más selectas, con el presidente de Enarsa, Exequiel Espinosa, como invitado de lujo de último segundo. Y los gobernadores de las regiones petroleras llamados a la consumación del idilio, listos para abrir sus concesiones. Lukoil compartirá plataforma marina y explotación offshore con Enap y con Repsol YPF. Y si consigue alguna fórmula de desembarco, se convertiría en accionista de referencia de Repsol y al mismo tiempo de YPF.

Conseguir un acuerdo con una de las potencias en este campo serviría para apuntalar esta industria en la Argentina. Maquilla sus debilidades de entusiasmo para convencer a las petroleras rusas que Enarsa sería un socio fiable para arriesgarse y establecer planes en conjunto. La petrolera (sin petróleo) estatal debe lidiar con que Petrobrás descubra todos los meses grandes reservas de crudo, mientras ella sólo se ha congratulado de un mega descubrimiento en Venezuela, un proyecto que parece no prosperar. Por eso la Casa Rosada vende paz y petróleo a cambio de acuerdos eléctricos (uno con la empresa rusa Saturno para la compra directa de 2 turbinas termoeléctricas de ciclo combinado), planes ferroviarios y el paseíllo nuclear con el que Moscú ha desembarcado ya en Venezuela y Brasil.

Rusatom y la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) participarán en la construcción de una cuarta central nuclear en la Argentina. El tango se le prometía feliz a Cristina Fernández, que llegó a la Casa Rosada animada a bailar más cercano y más suave con las empresas extranjeras, tratando de hacer virtud de la necesidad de 4.000 millones de dólares de inversiones energéticas; juraba estar dispuesta a la revisión de las tarifas y enseñó su mejor cara a las petroleras. Pero no se ha resistido al son intervencionista que Néstor Kirchner le enseñó, con el límite de las exportaciones de combustibles líquidos, gasolina y gasóleo y el alza de las retenciones. La presidenta quiere pasarle la factura a las multinacionales por un modelo fallido al que da cuerda a pesar de los nulos resultados del intervencionismo: escasez y precios que crecen más allá de las promesas gubernamentales. Si son las rusas, mejor que mejor.

REPSOL, A CUBIERTO EN ARGENTINA

La relación entre el Gobierno argentino y Repsol ha pasado por serias vicisitudes desde que el grupo español entro en YPF en los noventa. La última se arregló mediante un acuerdo que permitió a la familia Eskenazi hacerse con el 15% de la empresa argentina a través de la firma Petersen. Al frente de YPF se colocó como presidente su patriarca, el octogenario Enrique Eskenazi, un hombre muy cercano a Néstor Kischner, que fue el que hizo el último intento de renacionalización de YPF. Su hijo Sebastián figura como primer ejecutivo, mientras el grupo Repsol confía su representación principal en Buenos Aires a Antonio Gomis, un hombre de entera confianza que guarda muy buenas relaciones con la familia argentina.

Antonio Brufau amasa su paciencia en Argentina. No ha tenido que esperar al ‘affaire Lukoil’. Ni las palabras del ministro de planificación Julio De Vido ni los capotazos de Cristina Fernández son suficientes para compensar el azote bursátil y la desconfianza que mantiene la salida a Bolsa del 20% de YPF en el congelador. Repsol pisa fuerte en una tierra de la que en el primer trimestre de 2008 recibió un el 25% de su beneficio total. Ya hace casi un año que pesca en las aguas de su vis más argentina con los resultados: una subida en sus beneficios netos del 6,62% en el primer semestre. Por eso la petrolera española no renuncia a abrirse camino en Argentina, aunque sea a golpe de inversiones. Pero lo hace desde el burladero de la diversificación. De hecho, aunque anunció a principios de año que pretende destinar al país austral una cuarta parte de las inversiones previstas en su plan estratégico 2008-2012 -unos 7.950 millones de euros de un total de 33.350-, ninguno de los 10 “proyectos clave” para el periodo se ubica allí.

La concesión de YPF y Pluspetrol sellada este lunes en Río Negro y la prorroga por diez años para sus concesiones de explotación de hidrocarburos en la provincia de Neuquén suman y siguen. Repsol hace ondear el primer permiso -recién obtenido- de 30 años para explorar las aguas del Atlántico Sur en busca de hidrocarburos. Invertirá al menos 550 millones de dólares en la sureña provincia de Santa Cruz para reactivar 150 pozos petroleros e instalar –a pesar de su elevado riesgo- plataformas ´off shore´ para la exploración en la cuenca del Golfo San Jorge. Y apunta a asumentar sus inversiones en las provincias de Neuquén (suroeste) y Mendoza (oeste).

No hará las maletas, sino las trincheras, desde las que cobrarle los daños a los Kirchner. Traga dos veces ahora que la nacionalización de las pensiones le condena al tango más arrebatado. Ya le han caído el chaparrón del Merval y el castigo del Ibex. Y no está el patio de las inversiones para más sustos, por mucho que la ‘argentinización’ de YPF le ayude a parar el golpe. Julio De Vido respira por la herida del divorcio de los Kirchner en este tema e intenta canjear la promesa de inversiones por 7.000 millones de dólares en la región, pero no tiene nada a cambio. Los Kirchner no tienen todas las llaves en sus manos: las tarifas ya subieron hace tres meses y quieren hacer pasar por propios los nuevos contratos de las provincias petroleras. Eso es todo. Brufau por sí solo se cubre las espaldas. Paradojas del peronismo, las AFJP pueden ser la ofrenda de paz de la Casa Rosada: hasta ahora, debían destinar un 5% a sectores productivos; si quieren, los Kirchner le pueden poner el apellido de YPF. O, a lo peor, el de Lukoil.

LOS KIRCHNER LE MAREAN LA DIPLOMACIA A ZAPATERO

Lo reconocía un diplomático español ante los medios argentinos: ya no saben qué hacer. Ni siquiera los interlocutores están claros. Los Kirchner  cambian las porterías de sitio y les cuelan los goles por todas las escuadras. Moncloa fue la última en enterarse de la nacionalización de los fondos de pensiones y con Aerolíneas Argentinas aún escribe capítulos ya agotados: espera un acuerdo y que se cumpla el compromiso del 17 de julio con Marsans, pero será nacionalización, sí o sí  y ya la pelota se juega en los tribunales y con las puertas del CIADI selladas por las maniobras legales de Buenos Aires. Del canciller Jorge Taiana no hay noticias en el Palacio de Santa Cruz. Las empresas españolas se defienden solitas. Antonio Brufau lo hizo en persona. Y César Alierta promete repetir la peregrinación en breve. Lo de ZP va para largo: cada vez que se acercan a un diálogo con Cristina Fernández, llega Néstor Kirchner y les mueve la pelota.

Pero la escasa presencia en la Conferencia Mundial de Petróleo de Madrid, los desencuentros con Marsans, los torpedos a la línea de flotación de Telefónica -a través de Telecom Italia- y el repudio nada disimulado durante la Cumbre de MERCOSUR a la Directiva Europea de Retorno son las ‘pruebas del nueve’ de que la sintonía con la que la candidata presidencial visitaba España y era acogida por Zarzuela y Moncloa, esa empatía con la que trataba de pasar página a los desencuentros de Kirchner con las multinacionales, tiene ahora más de una grieta. La presidenta ha preferido ir a Rabat, a Trípoli y a Moscú antes que a Madrid. No será hasta febrero. Y la diplomacia ibérica espera antes más disgustos. Una distancia que no ha podido empañar la “argentinización” de YPF, pero que marca de nuevo las distancias en el terreno de Repsol YPF.

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