edición: 2614 , Miércoles, 12 diciembre 2018
04/03/2009
Observatorio Latinoamericano

Los Kirchner, sin ‘monederos’ que sacudir para Argentina

Tienden ya la mano al FMI y amenazan con nacionalizar la producción de cereales
Ana Zarzuela

Quieren maquillar la cara de sus finanzas y echarle polvos a su deuda. A la fuerza ahorcan. Se les nublan las cuentas, tanto como para jugar al ‘todo es posible’. Han dado a torcer el brazo del FMI, uno de los que más alto enarboló Néstor Kirchner. Se prepara para ponerle también la mano bajo su grifo. Eso será dentro de unas semanas. Afilan su sonrisa hacia Washington, pero no pueden esconder los colmillos de su avidez. Trasvasan la sequía de su liquidez en el sudoku de vasos comunicantes del Estado, con más de 10.000 millones de deuda intraestatal. Se sacuden todos los bolsillos: los de las instituciones y los de las nacionalizaciones. Sólo los 68.000 millones de fondos de las AFJP han librado ya este mes a las arcas de los Kirchner del color rojo. Pero ahora que se bebió en menos de dos meses las pensiones y que los capitales no retornan con sus cantos de sirena, la Casa Rosada afila la guerra del campo: trasvasa, con una mano, más de 3.000 millones de subsidios al agro para no remover los rescoldos de su peor batalla política y medidas de fomento para el sector rural con las que ha sellado unan tregua. Pero en la mira –lo confiesa- está ya la nacionalización de la producción de grano y derivados. Todo con tal de cazar unos 400 millones de dólares en retenciones a las exportaciones y beber más divisas frescas. Sus urgencias invocan la memoria de 2001, justo el fantasma que pretenden conjurar.

Vampiriza todas las arcas, las propias y las ajenas. Pero se le seca la sangre y no sacia su avidez. Miró a las bóvedas del Banco Central y ha hecho caso a Econometría: antes en brazos del “neoliberalismo” -Cristina Fernández dixit- que del default  y de la asfixia a las provincias, a menos de siete meses de las elecciones regionales. Viste de interés del Fondo Monetario lo que no es más que necesidad de la tierra del tango, pero Néstor Kirchner enfunda las lanzas, ésas mismas que le llevaron a la guerra con Washington y a Cristina Fernández a proclamarse en Madrid mártir del sistema financiero internacional. Vuelven sobre los pasos de su guerra y, por primera vez desde 2001, permitirán que el FMI supervise de nuevo los sótanos de su economía, incluido el Indec, la niña bonita de su arquitectura financiera, el mismo que- paradojas kirchnerianas- ha obligado a pagar 200 millones de dólares extras a los tenedores de bonos por sobrevaluar el crecimiento del PIB.

Ha tenido que deshacer las promesas de otoño con el Club de París,  pero la presidenta argentina trata ahora de regresar al redil de los organismos internacionales. Sabe que sólo así podrá completar el formulario 18-K ante la SEC estadounidense y volver a abrir al menos alguna gatera para reabrir el canje con los tenedores internacionales. En la mira, la posibilidad de pedir el equivalente a la ‘cuota país, unos 3.000 millones, o tratar de subirse a la última línea creada en el contexto de la crisis global, que permite cinco veces esa cuota.  Sólo si admite la mirada del Fondo podrá reeditar las huellas de Hungría, Ucrania o Islandia si lo necesita. Ya hace semanas que el jefe del Gabinete, Sergio Massa, despeja el lobby. Si su salida le costó el pago en efectivo y de golpe de 9.000 millones de dólares, Buenos Aires busca ya de Dominique Strauss Khan ‘incentivos’ para estar de vuelta y un sillón preferente en el nuevo G-20. Si no, al menos señales con las que espantar el miedo de los analistas y la sombra de los rating: buscan canjear préstamos garantizados por 2.360 millones de dólares por otro título en pesos de 2014, pero se conforman ya con cubrir un 50%.

LA SOMBRA DEL DEFAULT

Excusatio non petita, no se cansan de repetir que la Casa Rosada garantiza los pagos de deuda - más de 20.000 millones de dólares- para 2009. Más adelante, ni el optimismo de los Kirchner se atreve a hablar de los otros 25.000 para 2010. Menos aún si la refinanciación de parte de esos 20.000 dólares no llega antes de las elecciones de octubre. Ni los esfuerzos del Banco Central -con un informe que intenta demostrar que Argentina tiene recursos para pagar la deuda pública incluso la de las provincias-, pueden opacar que el Banco no tiene 46.000 millones de dólares de reservas sino 21.000 millones, una vez descontadas sus deudas con los bancos privados locales (15.000 millones), un préstamo con el Banco de Basilea (3.000 millones) y alrededor de 5 a 7.000 millones con el mercado de futuros. Subidos al tren del gasto y el aislamiento en los mercados de crédito, llevan a Argentina por los mismos hitos que en 2001. Ni la nacionalización de las pensiones, ni su plan para taponar la sangría de los capitales serán suficientes para las necesidades de sus planes de rescate y su millonario programa de infraestructuras, ahora que el pulso fiscal ha bajado. Sin el traspaso a la ANSES de los aportes que antes percibían las AFJP (que disparó una subida del 83,5% interanual en los ingresos obtenidos por las Contribuciones a la Seguridad Social) el superávit se habría convertido en déficit, algo que no ocurre en forma sostenida desde la crisis de 2001-2002.

No será suficiente. Menos aún para alimentar un plan de inversiones de 71.000 millones de pesos (21.000 millones de dólares) con el que trata de darle cuerda al laberinto de su economía y al reloj de las deudas políticas del peronismo ahora que las elecciones legislativas están a la vuelta de la esquina de 2009 y hay que contentar a las provincias. No son sólo la oposición y los analistas locales los que advierten que Argentina está abocada a reformular sus vencimientos de crédito. Si los cálculos de Merrill Lynch no fallan, los Kirchner tendrán que seguir levantando el zigurat de sus piruetas en una economía en recesión ya desde este trimestre, en la que -descuenta el banco- sólo el sector público seguirá dándole cuerda para contrarrestar la inversión privada. Pero lo hará- Barclays dixit- con el viento de cara: los próximos meses  seguirá la restricción de liquidez, la ‘resaca’ de una posible recesión y la erosión creciente de la confianza. Más aún cuando la recaudación caerá en línea con la contracción económica del país, que pasará de crecer al 6,4% este año a sólo 1,6% en 2009 si se cumplen las previsiones de Credit Suisse y Fitch Ratings.

Con el flujo adicional que recaudará la Anses más los intereses (5.000 millones de pesos) el fisco exhibirá un superávit primario de 12.000 millones de dólares. Le seguirán faltando 6.500 millones de dólares para cubrir los vencimientos. Se podrán reprogramar los 2.500 millones en papeles en poder de las AFJP y de bancos locales. Pero todavía faltarían 4.000 millones de dólares. El gobierno de los Kirchner, el que más  ha pagado en la historia a los organismos internacionales -a pesar de la enseña combativa del ex presidente- es también el que más debe: se ha deslizado de los 144.000 millones de dólares de 2001 hasta los 170.000 de deuda global, 14.000 de ellos de vencimiento inminente. Además, a Cristina Fernández le esperan aún sobre la mesa los acuerdos con los bonistas que no entraron en la negociación en 2004 -unos 30.000 millones más-. Y casi un 40% de la deuda se ajusta por la inflación, el principal indicador (el del Indec) que genera sospechas. Si en el 2008 tuvieron problemas para enfrentar los vencimientos de menos de la mitad de capital e intereses que este año, el 2009 luce difícil. En el 2010 vencen 12.652 millones de dólares y en el 2011 otros 14.237 millones.

GUERRA AL CAMPO

Sin acceso a los mercados, a la espera del resultado del tramo internacional de los Préstamos Garantizados,  la Casa Rosada se sacude ya todos los bolsillos, los propios y los ajemos. Levanta nuevos niveles del zigurat de sus piruetas. Hurga en las telarañas de las arcas públicas,  con más de 9.900 millones de letras. Sigue haciéndolo en las de Aguas y Saneamientos Argentinos,  ha emitido 700 millones de dólares en letras del Tesoro, a pesar de que el organismo esté en rojos y necesita, a su vez, más de 500 millones de la Anses. Es su último cartucho para encarar sólo en marzo los 2.400 millones de deuda contraída con otras agencias estatales. La Anses ya repartió 68.000 millones de dólares de la nacionalización de las pensiones sin organismos de control.  No ha sido suficiente. La avidez está ya puesta, de nuevo, en el campo.

Con la mira puesta en la soja de la última cosecha que todavía guardan los productores en sus silos bolsa, el Gobierno amenazó con monopolizar las compras de los principales cultivos de exportación y recrear la Junta Nacional de Granos, el organismo que cumplía ese rol hasta la dictadura. La Casa Rosada sangra por las heridas del mayor exportador del mundo de soja: calcula que los productores guardan en sus silos 9 millones de toneladas de cereales  a la espera de mejores tiempos en precio y demanda en los mercados internacionales y promete obligarlos a ponerlas en circulación.  Busca revertir a la fuerza la reducción en un 25% del ingreso por retenciones a las exportaciones.

Pero el fantasma del corralito anima a la fuga. El puño de los Kichner sobre las AFPJ anima a las denuncias. Los inversores amansan su euforia. La Casa Rosada le pone una música al tango del capital y la inversión. Pero los pesos, los dólares y los euros ponen su propia letra. Y no coinciden. Para disgusto del sistema bancario, los argentinos bailan el tango de ‘coge el dinero y corre’ con más velocidad que nunca desde 2001. Sólo en el tercer trimestre escaparon más de 5.800 millones caminito del vecino Uruguay y de las arcas del sistema bancario brasileño, casi el 50% de lo que Cristina Fernández esperaba tocar con la nacionalización de las AFJP. La Casa Rosada busca atraer de nuevo a los capitales espantados con el señuelo del perdón legal para el ‘blanqueo’ y el aliciente fiscal, del 8% al 2% en impuestos. Ni la obligación de que los capitales repatriados se mantengan por dos años depositados en un banco consuela al sistema financiero argentino. Menos aún al parqué bonaerense, que metaboliza el miedo del dinero, sobre todo en las carnes de los valores bancarios.

El efecto ‘AFJP’ pesa ya también sobre los mercados. Juraban los Kirchner que el dinero de las AFJP ya no nutrirá a los mercados de renta variable. La amenaza se ha convertido en maldición. No son los informes del Banco Santander los únicos que rebajan su recomendación e invitan a salir de la Bolsa bonaerense. Si sus presagios no fallan, éste será el trimestre de la desbandada. El riesgo de que el Estado haya pasado a poseer gran parte de sus activos tras la nacionalización de los fondos de pensiones, unido a la exclusión de ocho compañías del Merval este año, está detrás de la desconfianza de los expertos. La caída de sus acciones, además, ha hecho que estas desaparezcan del índice latinoamericano MSCI-Latam.

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