Los Kirchner templan gaitas con España para despistar la
edición: 2532 , Miércoles, 15 agosto 2018
05/02/2009

Los Kirchner templan gaitas con España para despistar la sombra del 'default'

Le han mareado la diplomacia a Moncloa al ritmo de cada visita suspendida. Y van tres. Cristina Fernández lo hizo con la privatización de las pensiones y la coreografiada expropiación de Aerolíneas Argentinas. Ni el golpe al BBVA con la tenaza de las AFJP ni la pinza a Telefónica en las espaldas de Telecom Italia se lo ponen fácil a la sonrisa de Zapatero. Por eso los Kirchner llegan este fin de semana con ofrendas de paz para las inversiones de Repsol YPF, con el traspaso del leasing para Marsans, promesas para Alierta y las tarifas energéticas y del transporte revisadas, pero con el lastre del impago de los 6.700 millones de dólares a los acreedores del Club de París (entre ellos España). Y del brazo del líder sindicalista Hugo Moyano, el mismo que capitanea la campaña los ‘gallegos’. Con la guerra del campo de nuevo al rojo vivo, el tarifazo eléctrico en plena ebullición y la sombra del default sobrevolando otra vez Buenos Aires, el paseillo por la Zarzuela será para el gobierno argentino mucho más que la escenografía de la reconciliación con sus segundos inversores. Por si acaso, de momento, a la CEOE y las Cámaras de Comercio las verán sólo de lejos.

La Casa Rosada y Marsans entonan de parte y parte el acto final de una guerra que la oposición argentina denuncia como amañada. Tocata y fuga por la puerta de la expropiación, pero sin cargas judiciales. Pascual está dispuesto a renunciar a la denuncia por 1.500 millones de dólares ante el Ciadi, a cambio del traspaso del acuerdo de 30 aviones que había firmado con Airbus, de la recuperación del adelanto pagado. Y de la luz verde para Air Comet.

Lo de Zapatero va para largo: cada vez que se acerca a un diálogo con Cristina Fernández, llega Néstor Kirchner y les mueve la pelota. Lo reconocía un diplomático español ante los medios porteños: ya no saben qué hacer. Ni siquiera los interlocutores están claros. Moncloa fue la última en enterarse de la nacionalización de los fondos de pensiones y con Aerolíneas Argentinas aún escribe capítulos ya agotados: esperaba un acuerdo y que se cumpliera el compromiso de una tercera mediación del 17 de julio con Marsans, pero fue nacionalización, sí o sí. Del canciller Jorge Taiana no ha habido noticias durante los conflictos en el Palacio de Santa Cruz. Las empresas españolas se hna defendido solitas. Antonio Brufau lo hizo en persona. Y César Alierta promete repetir la peregrinación.

La Casa Rosada ha decidido hacer de la presencia de Telefónica en Telecom Argentina parte del peaje, o al menos de la munición para intentar que Telecom Italia renuncie a la mayoría accionarial de TA, que pague más caro su desembarco, o que lo deje en manos de los ‘amigos’ de los Kirchner. Telefónica mira desde la barrera. Soltar sus aspiraciones en Telecom Argentina sería un mal menor para los planes de la operadora, que sostiene el cetro del liderazgo desde 2004 y un tercio de la banda ancha. Ya le ha caído el chaparrón del Merval y el castigo del Ibex. Y no está el patio de las inversiones -6000 millones de dólares entre 2008 y 2010- para más sustos. Cristina Fernández lo sabe. Por si acaso, los Kirchner prometen servirle ya a Alierta una bandeja de compensaciones: para abrir boca, la subida del 15% de las tarifas y la luz verde para la ficha televisiva del ‘triple play’.

Para Gas Natural, la respuesta pasa por la ‘argentinización’ que a Brufau le funcionó con Eskenazi. La venta del 19,6% de Gas Natural BAN le permitirá a Gabarró centrarse en unos resultados animados por la revisión tarifaria y los planes energéticos gubernamentales y hacerse con un tentetieso argentino ahora que el Estado desembarca  en la gasista por la puerta de las pensiones. Gas Natural se conforma con sostener el cetro accionarial del 51%. Y eso, hoy por hoy, no tiene capacidad de erosionarlo ninguno de los planes del Gobierno argentino. Un Ejecutivo al que la compañía presidida por Salvador Gabarró -presente en Argentina desde 1992, con cerca de 1.380.000 clientes y responsable de la distribución de gas natural en la provincia de Buenos Aires Norte- ha sabido encontrarle el ritmo y despejar el camino a revisiones tarifarias en 2007 y septiembre de 2008, convertirse en la única privada con renegociación tarifaria y un contrato prorrogado hasta 2027. Para Gas Natural BAN, la visita de Cristina Fernández llega en plena celebración por la subida de las tarifas, entre el 10% y el 30% para clientes domésticos e industriales y para el gas natural vehicular.
 
El Gobierno argentino ha formalizado el canje de los Préstamos Garantizados -un tercio en manos del BBVA, Santander y Banco Galicia- por nuevos títulos de deuda y reabrió las negociaciones con entidades financieras locales para alcanzar una adhesión del 100%. Pero el “bien gracias” del BBVA ya no se entona tan alto en Argentina. Encajó en silencio el castigo bursátil, el azote del miedo de los depositantes y el látigo de la nacionalización de su aseguradora Consolidar. Porque hasta ahora, el Banco Francés le servía en bandeja el refugio de los resultados y un mercado en auge en consumo y créditos. Pero la fuga de capitales, la desconfianza que frena el proceso de bancarización, las zozobras del consumo y el crédito -en los que el banco es uno de los primeros del país- le oxidan la corona al BBVA.

En Argentina, los planes de inversión de Repsol-YPF permanecen inalterados: 1.800 millones para 2009. Antonio Brufau no hará las maletas, sino las trincheras, desde las que cobrarle los daños a los Kirchner, por la nacionalización de las pensiones y las facturas del Merval. Brufau protege sus almenas argentinas: pero sólo lo justo para hacer de ellas un invernadero de resultados (un incremento interanual del 13%) y un granero para la diversificación regional. ‘Argentiniza’ YPF y ‘desargentiniza’ el resto.  Se aferra a los resultados y pone a cubierto los nuevos contratos con las provincias petroleras.  A la vista de los vecinos, puede aguantar. Los Kirchner tendrán la última palabra: las provincias quieren invertir en el 20% en Bolsa y puede ser con los pesos de la Casa Rosada, a lo peor con los de las AFPJ.

ARGENTINA HUELE A 2001

Empeñados en darle cuerda a un titanic sin música, se han bebido a borbotones en menos de tres meses el oxígeno de las pensiones de la Anses, convertida en Cenicienta de su embriaguez. Ni aun así. Siguen atrapados entre el corazón y el bolsillo. Los analistas advierten: no será quizá en 2009, pero la sombra del impago pende aún sobre la Casa Rosada. Y los Kirchner han puesto a Argentina a caminar por el sendero de una “doble D” ya conocido -el del default y el de la devaluación- esta vez con el bastón de las expropiaciones en ristre. Quizá el Gobierno consiga evitar el default en 2009, gracias al cóctel de las AFJP y las reservas del Banco Central. Pero los próximos meses  seguirá la restricción de liquidez, la ‘resaca’ de una posible recesión y la erosión creciente de la confianza. Más aún cuando la recaudación caerá en línea con la contracción económica del país, que pasará de crecer al 6,4% este año a sólo 1,6% en 2009 si se cumplen las previsiones de Credit Suisse y Fitch Ratings.

Con el flujo adicional que recaudará la Anses más los intereses (5.000 millones de pesos) el fisco exhibirá un superávit primario de 12.000 millones de dólares. Le seguirán faltando 6.500 millones de dólares para cubrir los vencimientos. Se podrán reprogramar los 2.500 millones en papeles en poder de las AFJP y de bancos locales. Pero todavía faltarían 4.000 millones de dólares. El gobierno de los Kirchner, el que más  ha pagado en la historia a los organismos internacionales -a pesar de la enseña combativa del ex presidente- es también el que más debe: se ha deslizado de los 144.000 millones de dólares de 2001 hasta los 170.000 de deuda global, 14.000 de ellos de vencimiento inminente. Además, a Cristina Fernández le esperan aún sobre la mesa los acuerdos con los bonistas que no entraron en la negociación en 2004 -unos 30.000 millones más-. Y casi un 40% de la deuda se ajusta por la inflación, el principal indicador (el del Indec) que genera sospechas.

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