edición: 2700 , Miércoles, 17 abril 2019
21/11/2011
EL DEDO DE MADOZ

Los mercados centran la mirada en España tras la mayoría absoluta del PP

Las declaraciones de Draghi no disipan las crecientes tensiones en el seno del BCE
Rajoy celebra su triunfo
Carlos Schwartz

La mayoría absoluta del Partido Popular enfrenta al Gobierno que se debe formar en los próximos 30 días con tareas cuyo éxito no dependerán del nuevo ejecutivo sino en gran medida de la situación económica internacional. La ilusión de que una reforma laboral con mayores ajustes salariales, un alivio fiscal a las pequeñas y medianas empresas y una reducción del déficit fiscal detonen un ciclo de crecimiento choca frontalmente con las perspectivas internacionales. Es posible que los grandes inversores en función del cuadro macroeconómico europeo y las tensiones dentro de la Unión Europea (UE) no se replieguen de sus ataques a la deuda soberana de la región. Habrá que ver si en cuanto a España abren un compás de espera.

Es en este contexto que Mario Draghi ha lanzado una diatriba al Consejo Europeo por su incapacidad para poner en marcha el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) en respuesta a los llamados de los políticos europeos para una mayor intervención del Banco Central Europeo (BCE) en apoyo de la deuda soberana de los países de la periferia del euro. La reacción del nuevo presidente del BCE no disipa las tensiones en el seno del organismo donde las reclamaciones de mayor intervención son trasladadas dentro del Consejo de Gobierno por representantes de algunos de los 17 países de la zona euro, como los de España, Portugal, Irlanda, Grecia o Francia.

La creciente presión en este sentido no sobrepasa los límites del comentario, ni tiene perspectivas de imponer un cambio de política, pero sí refleja la divergencia creciente sobre una estrategia de transición. El Consejo Ejecutivo del banco, mientras, ha quedado en manos de Draghi tan opuesto a un cambio de estrategia como su antecesor, Jean Claude Trichet. En el Ejecutivo las fisuras en todo caso fueron zanjadas con la dimisión de Jurgen Stark, representante alemán, opuesto desde que se aprobó al Programa de compras de Activos en el Mercado (SMP por sus siglas en inglés) el año pasado. Ha sido por la aplicación de este programa que el BCE viene interviniendo en el mercado secundario de deuda pública para sostener a las emisiones soberanas más castigadas por los inversores. Se supone al sustituto de Stark, Jorg Asmussen vinculado al Partido Socialista, proclive a la táctica de regulación de la presión en los mercados mediante la SMP. La salida en enero del miembro italiano del Ejecutivo, Lorenzo Bini Smaghi, quien ha dimitido el pasado 10 de noviembre, en principio sería cubierta por otro representante alemán cuya orientación está aun por ver. Pero cualquiera que sean las representaciones y las presiones, el BCE y sus cuerpos de gobierno carecen de autonomía para cambiar los preceptos fundacionales del banco que son los que determinan su estrategia.

Las presiones en definitiva tanto externas como internas en el BCE no son más que el reflejo de los ritmos que cada uno de los países de la periferia aspiran a lograr para realizar los ajustes necesarios para incrementar la competitividad de un lado y equilibrar los presupuestos del otro. España hasta ahora no ha tenido mucha suerte en obtener ese respiro, pero habrá que ver cómo reciben los inversores internacionales la elección ayer por una holgada mayoría absoluta del Partido Popular. El drama de España es que el incremento de la competitividad deberá hacerse a expensas de una reducción salarial a falta de una moneda que se pueda devaluar y de una infraestructura técnica cuya renovación como alternativa para incrementar la competitividad está bloqueada por falta de capitales dispuestos a hacerlo. Pero aun con un ajuste salarial sin precedentes a través de reformas laborales, que habrá que ver si el PP es capaz de llevar a cabo, no hay en el horizonte una demanda interior capaz de reactivar la economía.

La apuesta del nuevo Gobierno será desde luego el sector exterior, pero en ello en nada le va a ayudar la perspectiva de la economía internacional. El escenario de hoy nada tiene que ver con el de 1996. España había logrado salir de la crisis en 1993, y en 1994 y 1995 crecía al 2,5% con una demanda externa razonablemente fuerte. El ajuste del PP de 1996 permitió el despegue. El que el PP intentará en el 2012 puede incrementar el estancamiento interno sin lograr una mejoría del sector exterior que no depende tanto de los esfuerzos de España como de la realidad del mercado internacional. En este contexto se debe leer el mensaje austero del candidato popular Mariano Rajoy. Por delante sólo tiene una gran incertidumbre.

Rajoy ya ha recibido las nutridas peticiones de los sectores y grupos empresariales que esperan decisiones de Gobierno que les asistan en este trance. Lo tendrá difícil el futuro ejecutivo para contentar a tan variopintas demandas. Dentro de ese bombo de la lotería hay números para algunos. Pero no para todos. En lo esencial el gran problema que se presenta es que no hay sectores muy intensivos en mano de obra que puedan tener a corto plazo la posibilidad de una mejoría sustancial y que contribuyan por lo tanto a reducir las tasas de desocupación. Tampoco existe la posibilidad de incentivar el empleo por la vía de la inversión pública puesto que los presupuestos serán sumamente contractivos. Estas circunstancias determinan que el sector de la construcción que ha jugado tan ejemplar papel en pasados gobiernos del PP estará ausente en este ciclo. En todo caso si aparece es porque hará acto de presencia en la necesidad de dar una salida al problema de los activos inmobiliarios en las carteras de los bancos. Lo que no está tan claro es que esos bancos acepten vender esos activos a precios de mercado y se hagan cargo de las pérdidas que esa operación puede ocasionar.

Estamos por lo tanto ante un escenario crítico porque las restricciones presupuestarias no van a mejorar el entorno económico y la reforma laboral no va a generar la demanda necesaria para que se recupere empleo. Esto es algo que los inversores internacionales saben desde hace tiempo. El 2012 es un año de significativos vencimientos de deuda, pero los principales vencimientos son de deuda privada, no pública. La deuda externa de España es del 170% del Producto Interior Bruto. De este total 800.000 millones corresponden a “otras instituciones financieras monetarias”, es decir banca en todas sus acepciones. Unos 300.000 millones a la administración pública y otros 430.000 millones a “otros sectores residentes”. El resto son partidas diversas. Es decir que la deuda de la banca con el sector exterior es del 80% del PIB. El futuro presidente confía en que los países que determinan los criterios de la UE, Francia y Alemania, le den un respiro. Rajoy tiene previsto entrevistarse con Merkel y Sarkozy en vísperas de una crucial reunión del Consejo Europeo el 9 de diciembre. Esa será su oportunidad de pedir, otra cosa es que le den.

Noticias Relacionadas

Director
Alfonso Pajuelo ( director@icnr.es )

Redacción (redaccion@icnr.es)

  • Juan José González
  • Javier Ardalán
  • Carlos Schwartz
  • Rafael Vidal

Intelligence and Capital News Report ®
es una publicación de Capital News Ediciones S.L.
Editor: Alfonso Pajuelo
C/ Joaquín María López, 30. 28015 Madrid
Teléfono: 92 118 33 20
© 2019 Todos los derechos reservados.
Prohibida la reproducción sin permiso expreso de la empresa editora.

Optimizado para Chrome, Firefox e IE9+

loading
Cargando...