edición: 2287 , Miércoles, 23 agosto 2017
12/07/2012
Acreedores del norte contra deudores del sur

Los mercados ya trabajan con la división de Europa y, por tanto, del euro

Alemania y sus "seguidores" (Finlandia y Holanda) dan por hecho que el rescate bancario español va para largo
Juan José González

Algunas consecuencias positivas parecen desprenderse de las últimas decisiones de Bruselas que afectan a la economía española. La primera de ellas es el hecho en sí mismo de haber logrado el establecimiento de un nuevo programa de trabajo para superar el asunto delicado de la moneda única, levemente situado en un segundo orden de prioridades por la extremada urgencia de los problemas diarios. Los responsables políticos europeos (incluidos los españoles) se han dispuesto de tal forma que en las últimas reuniones tan sólo se han tocado a fondo aspectos de financiación a corto, donde la crisis bancaria española parecía ser –y así fue- la estrella de los debates. La segunda de esas consecuencias positivas (para España) es que a partir de ahora, el modelo de rescate habitual, de urgencia en los tres casos ya conocidos, deja de ser una especie de barra libre donde el acreedor, en función de las garantías exigidas al deudor, acaba por ejercer sobre este un “dominio” pleno, puesto que los plazos de devolución de las ayudas son demasiado cortos.

Es este segundo punto, el que se puede presentar como logro, por cuanto supone una clara diferenciación en el tipo y características del rescate español (presentado como una ayuda financiera a la banca) con el resto de los anteriores, caso de Irlanda, Grecia y Portugal. Si hasta la semana pasada el modelo al uso utilizado por Bruselas y/o el Banco Central Europeo consistía en exigir a los deudores todo tipo de garantías, pero sin establecer un final a los tres años para devolver la deuda, a partir de ahora, con la utilización de los fondos europeos para el rescate bancario, el Memorandum of Understanding (MoU) impuesto por Bruselas fija las etapas y el recorrido de esa nueva relación entre deudor y acreedor, y en la que no todo consiste en lograr el máximo sacrificio del deudor en pagar, única y prioritariamente, el crédito, dejando en un segundo plano el resto de las variables. En este caso, Bruselas parece haber entendido que con un plazo más amplio, aumenta la seguridad en el cobro de la deuda.

Quizás habría que recordar en este punto, que el rescate solicitado en su día por las autoridades irlandesas para sus bancos (salvando las distancias respecto a volumen y tamaño de su banca y del país) concluyó con un rescate en toda regla, no sólo a su banca sino también a su deuda soberana, lo que implicó ceder la soberanía económica, por no decir también la política, a los inspectores de la UE. Sirva de paso como consuelo que la situación de Irlanda puede ser un acicate para comprobar que, efectivamente, existe un más allá; vamos, que hay vida después del rescate. Otra cosa es qué tipo de vida.

A propósito de la reunión de la semana pasada del Eurogrupo, todo indica un cambio en el pensamiento de los responsables políticos, al reconocer que la crisis actual no es una crisis de deuda de los socios del sur, sino que se trata de algo más complejo y genérico, como es un desajuste en la circulación continental de fondos. Algo es algo, pues hace apenas un mes el mal de todos los males eral los desbocados déficits presupuestarios los cuales deberían ser aplacados por todos los medios.

En todo caso, otra lectura, y no positiva, se desprende de las últimas reuniones del Eurogrupo. Es la que corresponde a los cada vez más numerosos detalles y síntomas, destellos o lances que señalan directamente a que el futuro depara peligrosos enfrentamientos políticos entre los acreedores del norte y los deudores del sur. Son los dos nuevos bloques que la coyuntura, reunión tras reunión, se esta cargando de delimitar con mayor claridad, reflejo a su vez de las posturas encontradas de ambos. Alemania y sus satélites del norte, más dueños de los fondos también por sus mayores contribuciones a los presupuestos de la Unión, y por otro Francia, Italia, España, Portugal y demás, en otros tiempos compradores y demandantes de productos al norte, y hoy deudores.

Decía Felipe González hace unos días, al ser preguntado sobre si echaba en falta a aquéllos líderes como Delors, Natali, Kohl, Mitterrand… que sí, que le preocupaba mucho que se estuviese cambiando, en parte, la idea inicial que se quiso imprimir a Europa tras la Segunda Guerra Mundial de que Alemania, a partir de ese momento, debería ser más Europa y no Europa debería ser más Alemania. Y parece que estamos en lo último.

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