Los ministros de Economía de la UE intentan concretar el
edición: 2533 , Jueves, 16 agosto 2018
19/12/2011
EL DEDO DE MADOZ

Los ministros de Economía de la UE intentan concretar el precario acuerdo de la cumbre

A poco de echar a andar el nuevo Gobierno español, sean quienes sean sus ministros, puede convertirse con mucha facilidad en un Gobierno de crisis
Carlos Schwartz

Mientras Mariano Rajoy desgrane sus propuestas inmediatas de gobierno a lo largo del día hoy, los ministros de Economía de la Unión Europea tienen prevista una conferencia telefónica a partir de las 14.30 hora del meridiano de Greenwich cuyo temario prevé que se traten algunos puntos cruciales relacionados con lo acordado en Bruselas el pasado 9 de diciembre. Puntos sobre los que no se alcanzó un acuerdo en esa cumbre. Es de suponer que en esa conferencia represente a España la ministra de Economía en funciones, Elena Salgado, y lo más probable es que el guión de la posición española se haya pactado el pasado viernes en la reunión que sostuvieron en la Moncloa el presidente del gobierno en funciones, José Luis Rodríguez Zapatero, y Rajoy. En cualquier caso el cúmulo de asuntos de primer orden que se deberían pactar es tal que la conferencia pone al desnudo el más que escaso progreso que se alcanzó en Bruselas.

Algunos temas destacados son, por un orden arbitrario en la medida que son todos trascendentes, los siguientes. El adelanto del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEE) en un año a julio de 2012 no especifica si los fondos con los que contará serán los 500.000 millones aprobados inicialmente y de los cuales se ha gasta un 50% ya en la asistencia a Grecia, Irlanda y Portugal, o si se reforzarán con una cifra igual a las ayudas comprometidas por la vía del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera FEEF) dotado a su turno con 440.000 millones de euros. Este asunto, aun en la nebulosa, debería quedar despejado en la conferencia de hoy. Sin embargo, no parece que vaya a ser así porque no hay unidad de criterio y la posibilidad de reforzar las cantidades cuenta de momento con reparos de Alemania.

Otro de los temas en discusión es la magnitud de los créditos bilaterales entre los estados miembros de la UE y el Fondo Monetario Internacional (FMI) con el fin de reforzar la capacidad de intervención del FMI en situaciones de crisis de pagos de los estados miembros. El acuerdo de la UE es contribuir con 150.000 millones de euros, a los que se podrían añadir otros 50.000 millones suplementarios por parte de otros países europeos fuera de la zona del euro. Sin embargo, el Bundesbank ya advirtió la pasada semana que su punto de vista sobre este tema es que Alemania no debería contribuir al reforzamiento de la capacidad de intervención del FMI a menos que los aportes sean generalizados por parte de todos los países socios del FMI. La posición germana puede bloquear el acuerdo sobre este asunto y postergarlo una vez más.

El tercer punto del temario es la aprobación del mecanismo de voto para el MEE que en un principio se había acordado que no requeriría unanimidad de tal forma que no se viera bloqueado por la oposición de una minoría. Sin embargo, hay países que no pueden apoyar esta solución sin contar con el sí de su parlamento. Uno de los casos es el de Finlandia, cuyo Gobierno requiere para modificar el mecanismo de voto en un organismo de la UE que esa propuesta se apruebe en la sede parlamentaria con una mayoría de dos tercios con la que el Gobierno no cuenta.

Mientras, el progreso de un pacto fiscal requerirá un laborioso mecanismo de acuerdos bilaterales entre cada país y la UE, que sólo tendrán validez cuando cada constitución nacional incorpore la cláusula de límite de déficit. No todos los países podrán hacer esa modificación con la celeridad que se hizo en España. No sorprende entonces la reacción de los inversores la pasada semana que dieron poca tregua a los mercados de acciones y de deuda pública, y en cierta medida explica el raid de buitres de las agencias de calificación la semana pasada con sus amenazas de degradación y sus degradaciones. Más allá de la contingencia británica, la lentitud exasperante del proceso contribuye sin cesar al deterioro de la deuda soberana, del tipo de cambio del euro y del valor en bolsa de las sociedades.

Lo más lamentable es, al mismo tiempo, la generalizada adopción de la fantasía según la cual las reformas preconizadas por la UE y el Consejo Europeo generarán una recuperación económica. Como no podrá ser de otra forma el fracaso de esa medicina segará la hierba de debajo de los pies del nuevo Gobierno español que deberá ser anunciado en la segunda jornada del debate de investidura. Con este telón de fondo es muy probable que a poco de andar el nuevo Gobierno, sean quienes sean sus ministros, pueda convertirse con mucha facilidad en un Gobierno de crisis. De allí el persistente mensaje del futuro presidente Rajoy: cuenta con uncir al carro de sus medidas al conjunto del arco parlamentario. Ya veremos cuál es su grado de éxito en ese esfuerzo.

Ciertamente que la filtración sobre el contenido de la carta que el Banco Central Europeo (BCE) envió a comienzos de agosto al presidente Rodriguez Zapatero condicionando el apoyo a la deuda soberana española a ciertas decisiones de política económica interna, como las reducciones salariales y un sistema de contratación por debajo del salario mínimo interprofesional para jóvenes, ha vuelto a poner de relieve la falta de neutralidad del BCE. Esto es algo con lo que previsiblemente el nuevo Gobierno jugará. Por un lado, argumentando que no va a esperar a que se lo pidan en medio de la tormenta, sino que lo va a acometer ahora. De otra parte, en el caso de resistencia y dilaciones, no cabe la menor duda que la mano del BCE ayudará con la simple decisión de retacear la ayuda a la deuda soberana española, algo que tiene verificado que actúa como un verdadero catalizador.

El problema es que junto con estas medidas hay una verdadera ambición depredadora por parte de los capitales europeos más concentrados respecto del mercado interno español. Esto hace que la falta de neutralidad sea una pieza más de un mecanismo que restará de forma creciente espacio a las propias empresas españolas. Desde que se inició la crisis en el 2008 muchos grandes fondos de inversión y algunas grandes multinacionales esperan un ajuste de precios interiores en España, no sólo de los costes laborales, sino también de los activos porque uno de los objetivos que los alienta es poder hacerse con algunos sectores de la vida económica del país que no controlan y en los que aspiran a estar presentes. Es probable que en el contexto de una agudización de la crisis económica asistamos a un intento de reordenamiento de los sectores industriales y de la distribución en nuestro país.

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