edición: 2391 , Miércoles, 24 enero 2018
05/02/2013
Se enfría la inversión extranjera

Los `papeles´ rompen el `tiempo muerto´ para el rescate

La crisis política convierte en temporales los escasos datos positivos de la economía
Mariano Rajoy, presidente del Gobierno
Juan José González

Esa vuelta a la normalidad de los mercados financieros de las últimas semanas, visible en una prima de riesgo estabilizada en el entorno de los 350 puntos básicos, la fuerte demanda del papel del Estado en las primeras subastas del Tesoro Público en enero, y las entradas netas de capital por tercer mes consecutivo después de un largo e intenso período de `huidas´ de dinero, parece haberse enfriado o evaporado. Es, en todo caso, un frenazo en seco de la confianza de los inversores extranjeros, que habían valorado que el mercado español se había convertido en una buena opción, rentable y estable para el presente ejercicio. Una opinión basada, fundamentalmente, en la estabilidad política de un Gobierno, no sólo comprometido con las reformas económicas, sino también respaldado por una amplia y cómoda mayoría en el Congreso. Las incertidumbres regresan por la vía de los escándalos políticos y convierten algunas mejoras económicas en temporales, en flor de un día.

Regreso de la tensión especulativa. El Gobierno, agobiado y un tanto desconcertado ante el acoso mediático y la reacción social a los últimos acontecimientos, intentaba ayer lunes, sin éxito, evitar que el contagio político alcanzara el plano económico. De nuevo la financiación pública reflejará en la próxima subasta el repunte de los precios, con una prima de riesgo al alza, el bono a diez años por encima del 5,2% y el termómetro del corto plazo, la Bolsa, haciéndose eco de la escena general. Curiosamente, el fin de semana servía para mostrar el despiste de algún miembro del Ejecutivo que en respuesta a un influyente medio extranjero echaba la culpa de los descensos de la Bolsa así como la subida de la prima de riesgo al retorno de las posiciones cortas y a los resultados de la banca.

Lo cierto es que la inestabilidad en la vida política del país y su contagio a la actividad económica, guarda cierta similitud con algunos efectos climatológicos del invierno. El primero de ellos, el enfriamiento de la confianza de los inversores extranjeros, que en los últimos meses habían logrado superar la desconfianza creada sobre los países periféricos y que, una vez recuperada, comenzaban a tomar posiciones en valores del Ibex, Mercado Continuo, fondos y deuda. Como también es cierto que el regreso de la desconfianza del dinero y la incertidumbre en la salida del nuevo episodio político creado, va a suponer un desgaste en la posición mantenida por el presidente del Gobierno de no solicitar el rescate al Mecanismo de Estabilidad Europeo. Es probable que el tiempo ganado en los dos últimos meses por el responsable del Ejecutivo para avanzar camino de los 250 puntos de la prima de riesgo, se hayan visto truncados como consecuencia del fiasco político causado por la al parecer contabilidad irregular del partido en el Gobierno. Por tanto, la delicada situación de éste estaría acelerando, sin remedio, la solicitud de asistencia del BCE.

Llama la atención, sin embargo, la capacidad de sorpresa en manos del destino. Porque seguramente la deriva de la crisis económica no contaba con un capítulo de crisis política en la parte semifinal de la crisis económica. Destino que tras haber superado el Rubicón sobre la desaparición de la moneda única (aunque nunca se sabe) fue capaz de recuperar el ánimo y vencer el pesimismo que logró apartar del mercado europeo (y del español) más de medio billón de euros.

Pues bien, ahora el destino (o sus caprichos) ha querido depositar el futuro en manos de un Gobierno con todos los síntomas de desconcierto, en la peor de la situaciones para reflexionar, en medio de una tormenta que previsiblemente no será capaz de gestionar con diligencia y que terminará por llevarse por delante algunos de los avances tímidos de las reformas en marcha. Bancos y empresa serán los primeros en detectar el frenazo de la desconfianza y las dudas de los inversores y de los acreedores extranjeros. El mercado español será de nuevo terreno abonado para los especuladores, atentos a cualquier situación de pánico y de otros movimientos que puedan propiciar la gestión política de la crisis, también política.

Como también es posible que las condiciones (y opiniones) ayer tan favorables a `enfriar´ la necesidad de un rescate soberano, se hayan tornado desfavorables por el efecto de la crisis política. Recordar que una crisis de estas características acaba por minar la confianza de los prestamistas, por encarecer la financiación empresarial, cuyos precios había bloqueado la liquidez del sistema, desbloqueada en el último año por el BCE.

De ahí que, ahora, la prioridad del Gobierno deba centrarse en la gestión inteligente de la crisis política, una vez que el contagio ha sido inevitable; una vez que el sector bancario está a punto de concluir su reestructuración; una vez que Bruselas parece haber flexibilizado los objetivos de déficit para España…Una gestión que nada tiene que ver con los resultados de la banca y, por supuesto, del retorno de las posiciones cortas a la Bolsa, como quería hacer creer un responsable ministerial, hoy dedicado a labores del sector primario.

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