edición: 2594 , Martes, 13 noviembre 2018
25/05/2016
Agresivo reclamo

Los políticos agitan el miedo de la quiebra de las pensiones

Subir impuestos para salvar las presentes mientras se buscan soluciones para hacer frente a las futuras
Juan José González
Regresa un clásico a los platós electorales: las pensiones y sus posibles fórmulas de financiación. Si se tiene en cuenta que las aportaciones de los cotizantes al sistema de la seguridad social, continúan siendo insuficientes para cubrir sus prestaciones económicas, y que esta diferencia o déficit es un problema en constante crecimiento, el regreso del clásico está justificado con creces. Teniendo en cuenta que en 2015 salieron 13.600 millones de euros del Fondo de Reserva para cubrir la insuficiente de liquidez para el pago de pensiones, y que en la actualidad quedan poco menos de 30.800 millones, el próximo Gobierno estará obligado a lograr una nueva formar de aumentar los ingresos, puesto que el Fondo tiene los años contados y habrá más pensionistas. Ante esta adversa y preocupante coyuntura, y con las elecciones a la vuelta de la esquina, las formaciones políticas comienzan a explicar cómo cubrirían el desfase de ingresos en caso de alcanzar el Gobierno. Y la primera idea pasa por una subida de impuestos a las rentas y patrimonios más altos, siempre a los tramos más elevados evitando que la medida suponga una mayor carga fiscal para las clases trabajadoras.
Regresa con fuerza la idea de financiar una parte de las pensiones por la vía impositiva, si bien, al mismo tiempo, se quiere completar la `solución´ con un sistema de bonificaciones empresariales para contratar trabajadores en paro de larga duración. Esta última parte, conlleva exenciones de cotizaciones para nuevos contratos y bonificaciones en las cuotas sociales para incentivar el empleo, en ambos casos de probada ineficiencia en el aumento de los ingresos de la Seguridad Social. La idea resuena como un viejo tópico que se mostraba dispuesto a terminar con el problema desde el mismo día en que se tuviera capacidad para llevar al Boletín Oficial del Estado. 

No hay nada nuevo en señalar, subrayar o recordar que los pagos mensuales -con sus extras y todo- de las pensiones, han subido como la misma espuma. Para expresarlo con transparencia y frialdad, de la caja del Estado deben salir 8.500 millones de euros cada 30 días para costear las pensiones de los españoles. Es una cantidad considerable en cualquier lugar y tiempo, y más del doble de la que salía hace diez años y 2.000 millones más que hace seis.

Explica este déficit el desequilibrio entre ingresos y gastos del sistema de la seguridad social: los primeros no han podido aguantar el ritmo de los segundos porque la edad de los pensionistas ha producido un aumento del número de beneficiarios, a los que se han ido sumando, año a año, un mayor número también de nuevos pensionistas. Es decir, un fenómeno social de naturaleza demográfica que ha conseguido impactar en la contabilidad estatal creando un agujero o déficit creciente y callejón sin salida del que tan sólo se puede salir con un aumento de los ingresos. Pero esto es sólo una parte de la solución, ya que de lo que se trata es de convenir la forma de aumentar esos ingresos.

Y si el problema se centra en los ingresos habrá que cambiar la forma en que se viene financiando el sistema que atiende el pago de las pensiones. Hasta ahora, la vía de ingresos del sistema se nutre de las cotizaciones de los trabajadores, pero resulta una cantidad insuficiente para cubrir los pagos. Esta insuficiencia viene de lejos, y fue la razón que justificó la puesta en marcha (idea del Pacto de Toledo) del Fondo de Reserva, creado en 1997 pero cuya primera aportación no llegaría hasta el año 2000. 

No es la primera ocasión en que los políticos introducen en campaña tan delicado asunto como el de las pensiones, de interés general y con tan buen tirón electoral. Tampoco es la primera donde la idea de un recargo de `solidaridad´ se propone bajo la forma de un nuevo impuesto, orientado en particular a pagar las pensiones. En todo caso, no parece que resulte una propuesta más atractiva para un electorado que debe hacer frente al creciente pago de impuestos y que, seguramente, interpretaría una nueva carga fiscal (o recargo) como un freno para el consumo.

En todo caso, la fórmula para evitar cualquier riesgo, presente y futuro, en el pago de las pensiones demanda más carga imaginativa que ideológica y, sobre todo, más pragmatismo y velocidad en la ejecución porque en esto último el Fondo de Reserva lleva la delantera. Deberán pensar quienes promueven una nueva carga fiscal para paliar el creciente déficit que el mayor índice de esperanza de vida de la población, seguirá al alza en los próximos años: cabe pensar que también los impuestos seguirán la misma dinámica para cubrir el desfase entre ingresos y gastos. No parece la solución a medio y largo plazo. Habrá que entender que se trata de un parche, una ocurrencia electoral para conseguir mayor número de votos. Aunque esto también es dudoso.

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