edición: 2286 , Martes, 22 agosto 2017
27/03/2009
La resistencia de los directivos a ser sustituidos frena las ayudas públicas

Los presidentes de las cajas se niegan a dimitir

“Déme su dinero, pero no me pida cabezas”
Juan José González

Ayer era Caja de Castilla La Mancha, hoy es Caixa Catalunya y mañana, vaya Vd a saber, CAN, Bancaja... La escena se repite con demasiada frecuencia en los últimos meses: presidentes y directores generales de cajas y consejeros delegados de bancos, cruzan el frío y oscuro portalón de entrada del Banco de España para ‘desnudarse’ ante al autoridad. Con unos papeles que da pena verlos, se da lectura a unos guarismos que se transforman en ratios y que indican que todo va mal, muy mal. Así que, la visita no es ni de cortesía, ni de amistad. Es para pedir indulgencia y negociar, sobre todo negociar.

Ninguno de los visitantes se opone a fórmulas (porque saben que lo tienen todo perdido) ni hacen ascos a inyecciones monetarias, a compras de activos (buenos, malos, qué más da). Únicamente reaccionan, y de qué manera, cuando escuchan que “a cambio de lo que Vd me pide, le propongo que cambie el equipo directivo y el consejo”. Los responsables de las entidades financieras, especialmente de las cajas, lanza su órdago con la sentencia “déme su dinero, pero no me pida dimisiones”.

No se trata de una escena producto de la imaginación de quien escribe, es real como la vida misma. CCM y Caixa Catalunya, o la de Manresa, por ejemplo, tienen problemas de gestión para los que estos días se preparan las cantidades que será preciso desembolsar y evitar la quiebra. Pero los actuales gestores, los que decidieron las inversiones y el volumen de créditos al sector inmobiliario, no quieren ceder el control ni el mando. Solicitan de las autoridades, del supervisor, que les proporcionen los instrumentos necesarios para salvar a la entidad, dando por descontado que el equipo directivo no se va a tocar porque, dicen, los problemas vienen del mercado inmobiliario, pero del norteamericano, que es el auténtico causante de los estragos en sus cuentas de resultados.

Los casos de la quebrada banca de negocios norteamericana, o la banca inglesa, la alemana, la francesa, la belga o la holandesa, son eso, ejemplos. Que sirven para mostrar cómo se resuelven los problemas financieros a base de inyecciones de capital, pero donde no falta la sustitución del equipo directivo y del consejo por otros más capaces y eficaces. A las cajas españolas no les parece mal aceptar la primera parte, sin embargo, se resisten a la segunda, más importante, incluso, que la primera. La posibilidad de que Juan Pedro Hernández Moltó, en la Caja de Castilla La Mancha, o de Narcis Serra en Caixa Catalunya sacrifiquen a sus equipos directivos y cambien sus consejos, antes de recibir ayuda o rescate público, se presenta, a día de hoy, como una ficción. Ningún presidente arriesga su cese.

En distintas fuentes del sector financiero se asegura que el único inconveniente que esta retrasando la aplicación de soluciones de salvamento a las entidades financieras, se encuentra en esa resistencia a la sustitución de directivos. Cambiar un equipo de dirección conlleva ruido y mucho jaleo, y ambos producen alarma, y ésta a su vez, colas, que a su vez obligan a cerrar ventanillas… algo que se quiere evitar a toda costa. Y mientras el Banco de España mide al milímetro la forma para llegar a un acuerdo con los responsables de las entidades en peligro de quiebra, estos demandan dinero y tiempo para resolver los problemas, y evitan cualquier acusación de dejación de responsabilidad.

Se asegura igualmente, que se pretende salvar a la banca de algunos banqueros (en referencia a las cajas) que ejercen de políticos pero sin responsabilidad de banqueros.

Las discrepancias entre el Banco de España y el Gobierno, acerca de la fórmula con la que aquel se propone acometer la reestructuración del sistema financiero, mantienen en punto muerto la solución a aplicar por el impasse de las responsabilidades de los gestores, que no se sienten culpables (responsables) de la situación creada en la entidad y que no renuncian a un espacio en la etapa siguiente, ante una posible fusión con otra entidad.

La historia del sector bancario español nos recuerda que la última gran crisis del sector (no esta tan lejos como parece, en la década de los 80) se llevó nada menos que una de cada tres entidades que diariamente abrían sus puertas al público, y con ellas se fueron la mayoría de sus gestores, quienes pusieron en riesgo el dinero de clientes y de  accionistas.

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