edición: 2827 , Jueves, 17 octubre 2019
04/11/2009
OBSERVATORIO DE COYUNTURA

Los primeros síntomas de estabilización plantean la necesidad de planificar el ajuste fiscal

SERVICIO DE ESTUDIOS DE 'LA CAIXA'*
El deterioro del déficit público en periodos de crisis conlleva un aumento de la deuda pública que corre el riesgo de alcanzar niveles insostenibles. Ante los primeros síntomas de estabilización económica se hace pues necesario empezar a planear la corrección fiscal. Cuándo implementarla, hasta qué niveles, y cuáles son las alternativas para reducir el déficit, son tres preguntas clave en todo plan de ajuste.
Parte del ajuste será automático pero, en general, ello no bastará para reducir el déficit suficientemente. El déficit se ha disparado principalmente como consecuencia de los estabilizadores automáticos, los estímulos fiscales discrecionales y, en algunos casos, el declive de actividad en el sector inmobiliario.

Como su nombre indica, los estabilizadores reaccionan automáticamente ante la desaceleración de la economía, ya sea a través de una disminución en los ingresos o un aumento en el gasto público, por ejemplo, en subsidios por desempleo. En principio, la parte del aumento del déficit causado por los estabilizadores automáticos disminuye por sí sola con la vuelta al crecimiento potencial de la economía y, algo más tarde, al pleno empleo. No obstante, este ajuste puede verse comprometido si la crisis daña el crecimiento potencial del país o si el desempleo permanece elevado durante mucho tiempo.

La pérdida de ingresos fruto de la menor actividad en el sector inmobiliario también puede ser muy duradera. En cuanto a los estímulos fiscales discrecionales, algunos tienen carácter temporal, como el gasto extraordinario en infraestructuras, pero otros pueden ser permanentes, como nuevas prestaciones sociales a grupos vulnerables o rebajas de impuestos. Mientras los primeros dejarán de tener un impacto sobre el déficit cuando finalicen los proyectos en cuestión (aunque no podemos ignorar los gastos de mantenimiento) los segundos, no.

El inicio del ajuste fiscal debe venir determinado por las circunstancias de cada país. Así, por ejemplo, aquellas economías que partan con un nivel de deuda más reducido tendrán un mayor margen para retrasar su corrección fiscal. La consolidación fiscal también debe estar ligada al retorno a la normalidad de las economías, ya que empezar el ajuste demasiado pronto, como hizo Japón en los años noventa, podría provocar una recaída. Si hacemos caso de las previsiones de consenso para las economías avanzadas, deberíamos esperar el inicio de una gradual consolidación fiscal en 2010. En buena parte, gracias a la capacidad de los estabilizadores automáticos de reducir el déficit. Además, en la segunda mitad de 2010, las economías más adelantadas en el ciclo podrían empezar a reducir o no renovar algunas de las políticas discrecionales siempre y cuando la recuperación muestre un cierto vigor.

De todas maneras, aun cuando buena parte de la reducción del déficit se posponga hasta que la recuperación se consolide, los gobiernos deberían comenzar a dejar bien claros sus planes de ajuste a medio y largo plazo para reforzar su credibilidad. Alemania ha sido uno de los pioneros al forzar constitucionalmente un techo para su déficit fiscal a medio plazo.

Una parte central de este plan debe ocuparse del tamaño del ajuste y, por tanto, está ligada al nivel al que se desee situar la deuda de las administraciones públicas. La capacidad de crecimiento de cada país y las perspectivas de envejecimiento de su población, entre otras particularidades, determinarán el nivel soportable de deuda. Así, una economía con una alta capacidad de crecimiento, a tasas superiores al tipo de interés que paga por su deuda, puede permitirse mantener niveles más elevados de deuda y, por tanto, no necesitará un ajuste tan fuerte. De la misma manera, las perspectivas de envejecimiento de la población precisan de una mayor corrección fiscal, pues el gasto público aumentará en el futuro. En los países de la eurozona, el ajuste fiscal también vendrá guiado por las condiciones del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, que fija un límite sobre la deuda del 60% del PIB. A modo de ejemplo, en el caso de España, estabilizar la deuda en este nivel en 2015 exigiría un ajuste gradual del déficit hasta alcanzar un saldo fiscal cercano al 0% en 2015, lo que implicaría pasar de un déficit primario (o neto de intereses) algo superior al 9% en 2009 a un superávit primario del 3% en 2015.

Establecido el nivel de deuda objetivo y el horizonte en el que efectuar el ajuste, queda plantear cómo realizar la consolidación fiscal. Las vías son esencialmente dos: aumento en los ingresos públicos o reducción en el gasto. No todas las medidas, sin embargo, tienen el mismo impacto sobre el crecimiento económico. Por ejemplo, una mayor presión impositiva sobre el trabajo o el ahorro o una disminución de gastos en educación o infraestructuras pueden acarrear un empeoramiento en el crecimiento potencial vía desincentivos al ahorro y al trabajo y la disminución del capital humano y físico del país. Por el lado de los ingresos, una alternativa más neutral desde el punto de vista del impacto en el crecimiento potencial, aunque a menudo políticamente más costosa, es la subida de los impuestos indirectos. Una mayor lucha contra el fraude es otra opción que merece ser explorada, por cuestiones tanto de eficiencia como de equidad.

Por la parte del gasto, el ajuste debe realizarse en aquellas partidas no prioritarias. Algunos países, como Irlanda, también se han planteado revisar la universalidad de algunas prestaciones sociales para enfocarlas a los más vulnerables.

En resumen, el inevitable ajuste fiscal debe empezar de forma gradual con la consolidación de la recuperación económica -lo que en muchos casos se producirá ya a finales de 2010-. El tamaño y la forma del ajuste dependerán de las características económicas de cada país y, como casi siempre en economía, de las circunstancias políticas del momento.

* Clàudia Canals

Noticias Relacionadas

Director
Alfonso Pajuelo ( director@icnr.es )

Esta web no utiliza cookies y no incorpora información personal en sus ficheros

Redacción (redaccion@icnr.es)

  • Juan José González
  • Javier Ardalán
  • Carlos Schwartz
  • Rafael Vidal

Intelligence and Capital News Report ®
es una publicación de Capital News Ediciones S.L.
Editor: Alfonso Pajuelo
C/ Joaquín María López, 30. 28015 Madrid
Teléfono: 92 118 33 20
© 2019 Todos los derechos reservados.
Prohibida la reproducción sin permiso expreso de la empresa editora.

Optimizado para Chrome, Firefox e IE9+

loading
Cargando...