edición: 2616 , Viernes, 14 diciembre 2018
14/03/2013
La alemana EON se une al coro que exige cambios en la legislación europea del sector energético

Los problemas de regulación y de costes de combustible ahogan los márgenes de las eléctricas en toda Europa

Carlos Schwartz

La caída de la demanda de electricidad en Europa, la reducción de los precios mayoristas por la generación renovable fuertemente subsidiada, y los altos costes de los combustibles han erosionado los márgenes de las empresas eléctricas. El consejero delegado de EON, Johannes Teyssen, afirmó ayer que los gobiernos en la Unión Europea (UE) debían actuar con celeridad si querían evitar el creciente cierre de centrales térmicas a gas. EON ya advirtió recientemente que dejará inactiva una de sus centrales a gas mientras deriva generación a centrales térmicas que queman carbón por sus menores costes. Mientras, el precio de las acciones de las compañías eléctricas se ha deslizado a la baja en la CE en su conjunto desde 2008, y no hay señales de que repunten.

La reacción del sector ha sido vender activos. En enero EON y GDF Suez anunciaron la venta de su participación de un 25% cada una en su filial eslovaca SPP. Ambas decidieron salir después de 10 años de presencia desde que la sociedad fue privatizada en 2002. La decisión tiene sentido. En un mercado con exceso de capacidad en generación, de bajos márgenes, atados por el precio de los combustibles lo racional era hacer caja. GDF Suez ha anunciado la venta de su participación en Medgaz, de donde ya se han marchado Iberdrola y Endesa con el consiguiente malestar del Gobierno. RWE ha anunciado que vende su negocio de gas y petróleo y su participación en el consorcio del gasoducto Nabuco.

El asunto es que todas las eléctricas europeas están dedicadas a hacer caja. EON ha anunciado que su plan de desinversiones se ha adelantado y que ha generado 17.000 millones de euros antes de lo previsto, es decir antes de finales de 2013, para cuando espera vender otros 2.000 millones. Ha adelantado su objetivo en casi un año. No está sola, las eléctricas españolas marchan sobre la misma huella. El problema que se les ha sumado es la hasta ahora inamovible decisión europea de fomentar y subsidiar la generación renovable y desatender otros frentes energéticos. En mercados como el alemán esto ha llevado a que los subsidios hayan bajado el precio mayorista del KW hora.

En otros mercados como el español, la consecuencia ha sido que los subsidios hayan disparado el déficit de tarifa que se “aplica” a prorrata sobre los consumidores, pero lo cargan sobre sus balances las eléctricas convencionales. Las empresas eléctricas europeas se salen del negocio del gas, retoman la generación con carbón, hacen caja vendiendo los activos que no consideran estratégicos, pero no está claro hacia dónde van a dirigir su artillería. Es decir, su tesorería. EON ha anunciado que su beneficio neto en 2012 ha sido de 4.200 millones de euros. Sus ingresos antes de impuestos, intereses y amortizaciones fueron de 10.800 millones de euros, con un incremento del 16% sobre 2011. Sin embargo la empresa advirtió que el beneficio esperado para 2013 es del orden de los 2.200 millones de euros, bastante por debajo de lo esperado por el mercado. Los analistas consideran probable que EON se dirija hacia una adquisición significativa con un canje de acciones, más que con dinero.

Las cosas no están para tirar cohetes. Hasta ahora la eléctrica ha definido como estrategia los mercados emergentes. De momento Brasil, Chile y Turquía. Mientras RWE se queda en casa, al menos eso parece.

En España los rumores son que el recientemente cooptado al Ministerio de Industria, Álvaro Nadal, tiene a su cargo diseñar una salida al problema que el primer Gobierno del PP con José María Aznar creó al inventar el sistema de ajuste lento de precios energéticos acumulando el desfase en el denominado déficit de tarifa. El hombre, que viene del gabinete económico de Moncloa, goza de la confianza del presidente del Gobierno. Se ignora si en traslado se han conservado directivas impartidas por la presidencia o si el periplo es sin mapa. También se afirma que Nadal no tiene compromisos establecidos con las renovables. Es decir no se sabe hasta donde estará dispuesto a pasar por encima de la seguridad jurídica de los inversores extranjeros que se avalanzaron sobre el negocio financiero de las renovables españolas al que contribuyó no poco el anterior Gobierno.

La realidad es que analizado en perspectiva el problema no es estrictamente español. Es bueno tener en cuenta que estamos ante un problema común europeo. También es cierto que la CE no va a actuar a escala global, porque está en su estilo dejar los problemas a cada Estado. Sobre todo cuando el viento sopla en contra. Las empresas activas en el sector del gas y petróleo esperan que se adopten resoluciones que favorezcan la extracción de gas y petróleo no convencional mediante el sistema de fractura hidráulica. Las eléctricas con generación convencional quieren atajar la caída de precios que se debe fundamentalmente al exceso de capacidad instalada, o visto desde el otro lado por la caída de la demanda y por tanto de los precios mayoristas. Culpan también por esta última a la generación por renovables puesto que sus costes reales están ocultos por los subsidios. Está claro que de este atolladero Europa no saldrá sin directivas claras.

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